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Un ejercicio de apercepción – Por Martín Kohan

(Nicolás Stulberg)

Catorce toneladas de piedras o cómo vaciar una plaza e invisibilizar la represión policial.

Por Martín Kohan*

(para La [email protected] Eñe)

Habiendo sido, como según parece han sido, tan escrupulosamente precisos en la tarea del pesaje de las piedras, es raro que se muestren luego tan ostensiblemente inexactos para establecer cuál fue la trayectoria original de su lanzamiento, el destino final de sus parábolas. En la mensura discernieron una cifra que repiten de manera incesante: catorce toneladas. Pero al referir cómo fue que se tiraron, mienten o se equivocan. Insisten en que esas piedras, las catorce toneladas enteras, fueron tiradas hacia al Congreso Nacional: piedra a la piedra. En una entrevista reciente concedida al diario Perfil, el ex presidente Macri dijo incluso, interpreto que de manera figurada, que se las habían tirado a él.

La única manera de entender (de suponer, de pretender) que aquellas tantas piedras se tiraron al Congreso, es pasar absolutamente por alto que, de por medio, estaba la policía. Porque la escena en realidad se disponía así: en la cámara, los representantes; en la plaza, los representados. Y entre una cosa y la otra, la policía. Decenas de policías en aprestos evidentes para una inminente represión. Porque la idea era que la ley en cuestión se debatiera y se votara frente a una plaza vacía. Y dado que estaba llena, frente a una plaza vaciada.

Los palos, los gases, las balas se dispusieron visiblemente para proceder a reprimir. En respuesta a ese hostigamiento se recurrió, como se pudo, a las piedras consabidas. Parece que, reunidas, marcaron en el fiel catorce toneladas. Del peso de la represión no se brindaron guarismos.

Hay que no ver a la policía (no verla, invisibilizarla) para entender que todas aquellas piedras se tiraron contra el Congreso. Es como si muchos de los que acostumbran invocar la “mano invisible” del mercado, se propusieran invisibilizar también una mano del Estado; esta mano, la represiva.

Acaso porque, como se suele decir, una mano lava a la otra. A veces la lava, a veces la ensucia.

Buenos Aires, 29 de octubre de 2022.

*Escritor. Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires.

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