
Olla a presión – Por Hernán P. Herrera
25 octubre, 2026Marcelo Brignoni sostiene que el reciente ballotage de Brasil, con la reelección de Luis Inácio «Lula» da Silva, impone una serie de reflexiones en relación con lo que pasó y pasa en la dirigencia política del llamado «campo popular» de nuestro país.
Por Marcelo Brignoni*
(para La Tecl@ Eñe)
«La mayoría de los poderosos derrotados, que extrajeron su aura de la posición que ocuparon, a partir del momento en que la pierden, es como si los hubieran desenchufado de la corriente. Se desinflan como esos muñecos que hay en la entrada de los parques de atracciones. Nos cruzamos con ellos por la calle y no logramos comprender cómo tipos así pudieron suscitar tantas pasiones, que a pesar de todo ellos creen seguir suscitando».
Giuliano da Empoli
El reciente ballotage de Brasil y la reelección de Luis Ignacio Lula Da Silva, uno de los dos máximos dirigentes políticos populares de la historia sudamericana, impone una serie de reflexiones, en algún sentido comparativas, con las diferencias lógicas entre nuestros países, en relación con lo que pasó y pasa en la República Argentina.
La primera reflexión es la certificación de algo que venimos señalando hace bastante tiempo: la pretensión de ubicar lo sucedido en Argentina con el triunfo y el avance de Javier Milei, como parte de una supuesta y gigantesca ola global indetenible de ultraderecha, es cuanto menos insuficiente para explicar lo que sucede en nuestro país. Nada menos que México y Brasil lo desmienten de modo taxativo.
Entonces, ¿por dónde empezar? sería la pregunta de rigor, y tal vez los logros de los gobiernos de AMLO y de Lula, en comparación con el fracaso del gobierno de Alberto Fernández, CFK y Sergio Massa, sea un buen punto de partida.
En Brasil, el Movimiento Popular le ofreció a su ciudadanía la candidatura de Lula en cumplimento de su contrato electoral, los logros de su gobierno y su coherencia de décadas que incluyó su injusta persecución y cárcel, donde no recibió ninguna visita de CFK, como sí lo hiciera el propio Lula con ella a su paso por Buenos Aires.
En México, Morena y AMLO plantearon una renovación de liderazgo y gestión con Claudia Sheimbaun como candidata y luego Presidenta del país.
En Argentina, mientras tanto, luego de «los grandes aciertos» de las candidaturas de Daniel Scioli y Alberto Fernádez, se les dijo a nuestros compatriotas que Sergio Massa, pésimo Ministro de Economía y confiable contertulio de la Embajada de Estados Unidos en Buenos Aires, era «el representante del campo popular».
¿Qué podía salir mal?
¿Quién se hace cargo de esas pésimas decisiones?
¿Quién aún hoy defiende aquellas estrategias?
¿Quién aún cree que la absoluta falta de ejemplaridad y austeridad personal de buena parte de la dirigencia del Movimiento Popular Argentino, no trae consecuencias políticas?
¿Quién aún cree que la absoluta falta de democracia interna para la toma de decisiones, es un mecanismo que atraerá ciudadanos y ciudadanas desencantados?
Ante todas estas preguntas, si hacía falta una nueva verificación de la falacia de esa «ola indetenible de ultraderecha», las elecciones de este domingo en Brasil desestiman fácilmente aquella caracterización errónea que sólo ha sido una excusa de ocasión para esconder el estrepitoso fracaso de la conducción del Movimiento Popular de Argentina en los últimos 12 años, que cree no haber tenido «ninguna responsabilidad» en todas y cada una de las derrotas de estos años y que por ende cree merecer «una nueva oportunidad», sin la renovación imprescindible que pueden ofrecer «los traidores», y con los mismos generales de todas de nuestras derrotas al mando de un ejército que nuestra sociedad ya desecho por inútil.
Por otro lado, y mientras escribo estas líneas, leo que algunos analistas adjudican buena parte del triunfo de Lula a que el Poder Judicial de Brasil «no se corrompió tanto» como el argentino. Lo que ese análisis omite señalar es que todos y cada uno de los jueces corruptos de Argentina en el fuero federal, no ocuparían sus despachos si el peronismo oficial no los hubiese votado, incluidos los tres cortesanos que no estarían allí sin el apoyo del Partido Justicialista.
Construir una alternativa de gobierno razonable y sensata a la ignominia de Milei y sus payasos, lo que debiera ser un compromiso irrenunciable, debe partir de la base de renovar prácticas y dirigentes de este Partido Injusticialista que hoy esta más cerca de formar parte de los problemas de Argentina que de las soluciones que necesita.
Nadie llega a la Presidencia «por default», y aquella vieja consigna de que el peronismo volverá a ganar sin hacer nada porque «los otros son peores», es una estupidez tan falsa como dañina.
La famosa frase «es una locura hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes«, incluida por Rita Mae Brown en su novela «Muerte Súbita», tal vez sea el mejor consejo para la dirigencia supuestamente popular de nuestro país que mientras tanto finge demencia y transita los anillos de Saturno.
O tal vez esa muerte súbita esté acechando a este peronismo de outlet sin que siquiera se dé cuenta.
26 de octubre de 2026.
*Analista político.

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