
La expresidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, está presa por razones políticas. Ricardo Aronskind sostiene que es un error impulsar una campaña por la libertad de Cristina alejada de las necesidades urgentes del pueblo y de espaldas a las formas políticas concretas que va a ir asumiendo su canalización en los próximos tiempos.
Por Ricardo Aronskind*
(para La Tecl@ Eñe)
La expresidenta de la Nación Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, está presa por razones políticas.
No hay demasiada discusión sobre esa realidad. Todo es irregular en el sistema judicial argentino, tanto por condenar a quienes no deben estar condenados, como por proteger con impunidad a quienes deberían ser sometidos a los castigos previstos por las leyes. La partidización del poder judicial es un hecho antidemocrático innegable, un dato imposible de soslayar si se habla de República.
Por lo tanto, es absolutamente legítimo el pedido de libertad a Cristina Kirchner.
No se puede ignorar que no se trata de una figura cualquiera, sino que reviste un valor político fundamental: ha sido protagonista de un período de gobierno en donde mejoraron las condiciones de vida de las mayorías, se comenzaron a sentar las bases para un desarrollo cualitativamente diferente del país, y en términos internacionales Argentina se integró políticamente a un bloque de naciones latinoamericanas que aspiraban a un mayor grado de autonomía internacional en relación a los poderes occidentales centrales.
Las acciones reformistas de su gobierno, y el importante grado de adhesión y apoyo popular que recibió, generaron un profundo encono en sectores influyentes de la sociedad local – elites económicas, sectores de la iglesia y de las capas medias acomodadas, los principales medios de comunicación -, y fueron mal vistas por los Estados Unidos y sus países europeos aliados.
Cristina Kirchner pasó a encarnar el “mal” para los sectores más reaccionarios de la sociedad, que supieron irradiar hacia otros sectores sociales su odio por las prácticas políticas, económicas y culturales del kirchnerismo. En el futuro, la estrategia de demonización comunicacional de la derecha local contra Cristina y el kirchnerismo será objeto de estudio como campaña prolongada – y eficaz- de fidelización negativa de masas.
Si bien durante la propia gestión kirchnerista comenzó a armarse un bloque de poder dedicado a obstruir y boicotear la acción de gobierno, al final de la gestión, en 2015, se profundizó un régimen de dominación que incluyó a parte del espectro político, los medios de comunicación, los servicios de inteligencia y parte del sistema judicial, altamente influidos por embajadas extranjeras hostiles a la presencia de lo nacional y popular en la política argentina.
Ese régimen actuó mancomunadamente con el objetivo explícito de 1) aislar al kirchnerismo del sistema político argentino (Rodríguez Larreta dixit) o 2) erradicar al kirchnerismo de la política argentina (Bullrich) y castigar judicialmente algunas de sus figuras emblemáticas (Milagro Sala, Amado Boudou, Julio de Vido, entre otros). Es un régimen que opera en varios niveles, y que fue capaz de generar un grado de incitación pública tal que creó las precondiciones para en el intento de asesinato de Cristina Kirchner.
Finalmente, lograron un fallo judicial que la puso en prisión, mientras existen otras causas pendientes para que continúe indefinidamente su detención. Además, el acoso judicial se extendió a su situación patrimonial, intentando despojarla de todo resguardo frente a la persecución a la que la someten. No cabe duda de que, además de encarnizamiento con su persona, se busca amedrentar, con este ejemplo extremo de injusticia, a todos quienes intenten sacar a la Argentina del oscuro pozo de atraso en la que la están arrojando.
Las opciones
Se habló largamente de diversas medidas que se podrían adoptar desde el Poder Ejecutivo para lograr su liberación, pero que dependen de un drástico cambio precisamente en la cima del gobierno. También se especuló con que otra composición de la Corte podría favorecer una revisión del caso CFK. En el actual contexto argentino es impensable una Corte apegada a la Ley y a la República, porque sería disfuncional a los planes de reformateo social de los poderes fácticos.
La anulación de un juicio vergonzoso resulta improbable en el contexto de un régimen de dominación social como el que se ha construido. Es claro que el mileísmo es una excrecencia incontrolada de ese régimen de dominación, que no tiene por objetivo simplemente la prisión de Cristina, o la eliminación de lo que representa el kirchnerismo, sino la sumisión de la Argentina a los intereses particulares de las elites, a su vez sometidas al capital concentrado occidental, especialmente norteamericano.
Cuando desde diversos voceros del kirchnerismo se insiste con que la prioridad de la acción política del espacio nacional y popular debe estar centrada en la libertad de Cristina, y que la democracia y las elecciones estarían viciadas por un proceso en el cual ella esté privada de sus libertades democráticas elementales, se genera una situación sumamente compleja.
1- Por una parte, se hace ese planteo sin denunciar la existencia de un régimen de dominación social, cuya profundidad pretende desconocerse.
No se va a lograr la libertad de Cristina por un proceso de negociación entre cúpulas políticas. La mayoría de las cúpulas políticas han sido más o menos cómplices del macrismo y luego de Milei, simplemente porque están sometidas al poder fáctico local (nacional o provincial) y extranjero.
El régimen de dominación, que es el verdadero responsable de la prisión de Cristina, la puso presa con plena consciencia de lo que está haciendo, ya que la considera a ella, a su fuerza política, y a su incidencia política y cultural en la sociedad, como un estorbo para la completa dominación y subordinación social de la Argentina. Pero no es exclusivamente con ella el problema, sino con la mera posibilidad de que el progreso económico y social de la Argentina pueda ser encarnado por ella o por cualquier otro político o política que pretenda autonomizarse de los dictados autoritarios del capital.
La pregunta es porqué, si el kirchnerismo como importante espacio político ha sido la víctima clara de esta situación de persecución y proscripción, no lee la historia reciente en todas sus implicancias, no saca las conclusiones políticas que corresponden, y no llama realmente a las cosas por su nombre.
Nuestra hipótesis es que no se considera en condiciones de enfrentar a los poderes fácticos que están manipulando al sistema político y a la sociedad argentina en su conjunto. Es una fuerza política que no está preparada para sostener un conflicto de esas características, asumiendo una esforzada tarea de construcción y organización popular, aun cuando en el bando contrario la traten como “enemigo” y hablen sin problemas ni tapujos de su destrucción.
2- Por otra parte, se pasa por alto un dato fundamental. Como resultado de la acción de un amplio aparato comunicacional de incitación y demonización – que ya tiene 18 años de existencia ininterrumpida -, Cristina Fernández y el kirchnerismo han sido transformados en un objeto fóbico para un sector no despreciable numéricamente de la población argentina.
Cualquier pedido que tenga que ver con Cristina es inmediatamente rechazado y transformado en un motivo de sospecha y repudio.
Presentar la demanda por la libertad de Cristina como un punto único y excluyente ante la vasta opinión pública, condena a que esa demanda sea tomada solamente por una minoría de la población, al tiempo que reciba el rechazo tajante del poder económico y el aparato comunicacional de la derecha, que continúa teniendo poder de apelación social.
Dado que el kirchnerismo hace ya unos cuantos años exhibe un nivel alto de desmovilización y de falta de presencia activa en el escenario público, cuesta pensar cómo se podría revertir la situación de desinformación o manipulación de la opinión pública para que pueda generarse una masa crítica de ciudadanos con capacidad de presionar con efectividad sobre el sistema político.
Milei puede hacer lo que hace no sólo porque cuenta con el fuerte apoyo del capital concentrado y de Trump, sino porque fue capaz de mantener un alto nivel de adhesión popular a pesar de sus brutales políticas antipopulares. En la medida que esa adhesión está decreciendo, se fragiliza su situación política.
Resultan difíciles de entender los razonamientos políticos de sectores del kirchnerismo, que parecen no tomarse en serio lo que significa una campaña nacional por la liberación de una presa política, que apunte -en serio, no declamativamente – a lograr su cometido. El encierro de esa fuerza política en el parlamentarismo y en los calendarios electorales parece discordar totalmente con la posibilidad de generar un escenario político propicio para el fin de ese aprisionamiento infame. Ni que hablar sobre el internismo auto-destructivo, que debilita por igual a todo el espacio frente al resto del país.
3- Además, el pueblo argentino está siendo sometido a un conjunto de penurias en su vida cotidiana, que crecen cada día y que son apremiantes, por parte del actual gobierno neocolonial.
Eso significa que, incluso sin tener ningún prejuicio anti-kirchnerista, sus prioridades básicas están en relación a la supervivencia personal y familiar, a la alimentación, a la salud, a la vivienda, a la preservación de los magros ingresos, al resguardo frente a la violencia institucional y la delincuencia.
Comprender esto es relevante, no para enfrentar estas reivindicaciones básicas de crecientes mayorías con el pedido de libertad a Cristina, sino para ubicarse en qué es, en este momento, lo que debe ocupar el centro de la problemática popular, y trabajar políticamente para que se entienda la relación que existe entre las penurias colectivas y la dinámica anti-democrática que está ocurriendo en nuestro país.
La debilidad de la comprensión popular de esos problemas explica la propia posibilidad de la existencia del proceso judicial amañado: ¿cómo puede convivir la gente común con un poder judicial tan corrupto como el actual?, ¿cómo los que desendeudaron y construyeron una Argentina más inclusiva terminan presos, y los que reendeudaron y empobrecieron al país pasan por líderes de la República y andan por la calle?
En el fondo, que un gobierno tan antinacional y tan antipopular como el actual pueda existir tiene que ver con que una parte mayoritaria del pueblo puede ser engañada y manipulada mediante técnicas modernas de desinformación y apelación a sentimientos tan básicos como confusos. Es decir, por defecciones políticas del propio espacio nacional y popular previas al encarcelamiento de Cristina.
No va a ser magia que Cristina salga en libertad. No va a ser por declaraciones radiales, tweets, ni pintadas esporádicas. Rendirse, plegarse al proyecto de un empresariado local vencido y entregado, podría ser una forma de lograr que el régimen la libere.
Cristina, por su parte, ha dejado claro que no piensa convertirse en mascota de nadie. Ese ejemplo ya la vuelve inaceptable para un régimen político basado en un personal partidario vacuo, acomodaticio, oportunista y amoral, ideal para que el poder corporativo y las principales embajadas extranjeras modelen un país subdesarrollado a su imagen y semejanza.
Hoy parece ser que la lucha por los derechos sociales y políticos de las mayorías, lucha que recién comienza a despertarse, es el mejor camino para cambiar drásticamente el clima político en nuestro país y poner en minoría social al discurso individualista y reaccionario vigente. Esa es la verdadera precondición para la libertad de Cristina.
Requiere trabajo político serio, permanente, sistemático, en las bases populares. No por el destino de una persona, sino por un proyecto de país antagónico a esta catástrofe que estamos viviendo.
Sería un error muy grave impulsar una campaña por la libertad de Cristina alejada, separada, divorciada, de las necesidades urgentes del pueblo, y de espaldas a las formas políticas concretas que va a ir asumiendo su canalización en los próximos tiempos.
Miércoles, 29 de abril de 2026.
*Economista y magister en Relaciones Internacionales, investigador docente en la Universidad Nacional de General Sarmiento.

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