
Diego y Leo. Entre lo sagrado y lo profano – Por Gabriel Martínez Picco
27 junio, 2026El mundo del fútbol todavía tiene algunos antídotos contra los Infantino. «El Negro» Enrique, campeón del mundo en 1986 con Argentina, es uno de ellos.
Por Alberto Félix Fernández*
(para La Tecl@ Eñe)
Giovanni Infantino, entre sus funciones como presidente de la FIFA, se hace tiempo para sacarle la última pelusa a la solapa del traje de Donald Trump. Es tan ferviente admirador suyo como el presidente de la Argentina, Javier Milei.
Ambos no tienen pudor de arrastrarse ante el hombre que tiene en vilo a la humanidad con las guerras, su entretenimiento esencial.
Los tres son insensibles hacia los habitantes del planeta tierra.
Infantino va en camino de terminar con el juego del fútbol tal como lo conocemos. Es un mandante de los grandes poderes y su principal objetivo es satisfacer a las corporaciones que ponen el dinero para los eventos, pero que también son el sostén de la vida lujosa que disfrutan los dirigentes, con todos sus gastos pagos en hoteles donde la abundancia de cosas materiales es una obscenidad frente a los millones que sufren por falta de comida, asistencia social y tener acceso a una salud pública que les haga más amable la vida.
Giovanni Vincenzo Infantino tiene 56 años, de nacionalidad suizo-italiana, habla siete idiomas con fluidez, tiene estudios universitarios y la sagacidad de quedarse con la FIFA en febrero de 2016 acompañando a la figura de Michel Platini, que aspiraba al cargo que ocupa hoy Gianni pero al que no pudo acceder por estar acusado de corrupción y favorecer a que Qatar organizara el Mundial de 2022.
La cara opuesta de Infantino es Héctor Adolfo «El Negro» Enrique, campeón del mundo en 1986 con Argentina.
Enrique nació en Burzaco, ciudad del conurbano bonaerense, tiene cinco hijos y tres hermanos.
Un jugador de categoría. Con su amabilidad y buen humor inmortalizó la frase «yo le di el último pase a Diego antes del segundo gol a los ingleses».
Viéndolo actuar en estos tiempos uno comprende porqué Diego lo eligió como ayudante para dirigir la Selección en el Mundial de Sudáfrica de 2010. Tienen el mismo origen, la misma rebeldía, su amor por el fútbol, fuertes convicciones en la vida para reclamar por lo que creen justo. No les importa en absoluto decir lo que piensan y enfrentan al Poder con valentía.
Pedro Rosemblat, conductor del programa de streaming Gelatina, le preguntó al Negro Enrique qué diría Diego del gobierno de Milei. La respuesta llegó directa y rotunda: «Se te escapó la tortuga hermano. Pará de matar de hambre a la gente, pará de sacarle remedios a los jubilados, pará de seguir persiguiendo a la gente y no dejés tirada más gente en la calle. Soy hincha de Argentina. Quiero que gane otro título y me pone muy contento si la Selección se trae la Copa. Pero estamos en un momento como sociedad que no hay nada para salir a festejar. La gente se caga de hambre y no puede comprar comida ni remedios, no tiene laburo. Basta. Reaccionemos. No, no tenemos nada para festejar».
El mundo del fútbol todavía tiene algunos antídotos contra los Infantino. Aunque el final sigue abierto, ojalá se multipliquen las voces de los futbolistas acoplándose al Negro Enrique y a Diego, que levantó las banderas de las reivindicaciones de los futbolistas porque, en definitiva, los verdaderos protagonistas siguen siendo los jugadores.
Domingo, 28 de junio de 2026.
*Periodista. Trabajó en el diario Clarín desde 1968 hasta el 2000.

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