

Un hipotético tercer Prólogo al «Nunca Más» debiera contemplar éticas y políticas que se sostengan en cada suceso histórico y político ocurrido desde 1983 a la actualidad, y en una ética humanista que dé cuenta de este tiempo donde todo lo actuado con relación a las políticas de Derechos Humanos se pretende borrar para reemplazarlas por un Mercado totalitario que asegure privilegios para quienes se sitúan como cómplices desde lo judicial y legislativo.
Por Angelina Uzín Olleros*
(para La Tecl@ Eñe)
«¿No sería mejor dejar las cosas donde están? Es decir: ¿no sería mejor aceptar el vacío, allí donde existe la vida y la muerte? ¿No sería mejor dejar de pensar? Dejar de hurgar en la memoria de un pasado maldito. ¿No sería mejor resignarse, aceptar, cómplices, el vacío por el que sus seres queridos se esfumaron como humanos y consolidar así, de una buena vez, con el poder de un Estado sin fallas, que desea su muerte? La propuesta “dejar las cosas como están”, sugiere un pacto, un acuerdo, una complicidad. Pacto entre las partes: una, acorralada por la ausencia. Otra: dueña de la vida y la muerte. Pacto que intenta ocultar los crímenes cometidos por los militares o, si acaso, atribuirles a las víctimas la intención agresiva y violenta que soportan.».
Juan Carlos Volnovich
La cita de Volnovich escrita en 1997 bien podría sintetizar lo que en el presente se denomina “fingir demencia” que significa: no pensar, no recordar, no cuestionar, vivir un tiempo actual suspendido sin pasado ni futuro. Hoy ¿cuál es el desafío frente a generaciones jóvenes de hacer memoria sobre lo acontecido en la dictadura del ’76? Ante qué prejuicios, olvidos, malentendidos, estamos siendo desafiados para mostrar y enseñar lo que significa un Estado que protege derechos y garantías constitucionales, frente a la promesa del poder ejecutivo actual de su destrucción junto al exterminio de los que representan un modelo político diferente. Bajo la premisa de la palabra “cambio” con presunta ingenuidad se sostiene que era necesario cambiar, sin advertir que el cambio viene de la mano de quienes quieren borrar de la memoria colectiva la dictadura porque son su continuidad por otros medios.
Sin lecturas ni análisis, ante la retirada del pensamiento crítico, no sólo los jóvenes sino también los adultos han optado por creer que el pasado es tan lejano que ya nada puede aportarnos su recuerdo y la búsqueda de lo que aconteció hace cincuenta años. Sin embargo, la sociedad no es un todo homogéneo; la pertenencia a un conjunto, cualquiera fuera este, tampoco es la pertenencia inclusiva “absoluta” a un conjunto coherente, sin matices, sin fracturas, sin grietas… Admitirlo nos conduce a admitir también que en la necesidad ética del discernimiento no podemos incluir a todos los particulares a un conjunto cerrado de individuos; tampoco pueden equipararse dos conjuntos diferentes bajo una misma lógica. Existen mundos en plural, el sujeto adviene a uno o algunos de esos mundos, pero cada mundo está sujeto a una lógica y esas lógicas no pueden ser equiparables entre sí.
La denominada «Teoría de los dos demonios” hizo esta operación que se objeta: equipara dos mundos, dos lógicas que no pueden estar como subconjuntos de un conjunto más amplio que intenta dar cuenta de la violencia ejercida/experimentada en los ’70. Ernesto Sábato, autor del Prólogo del informe de la CONADEP (1984), Nunca Más, admite esta teoría: “Durante la década del ’70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda, fenómeno que ha ocurrido en muchos otros países. Así aconteció en Italia, que durante largos años debió sufrir la despiadada acción de las formaciones fascistas, de las Brigadas Rojas y de grupos similares. (…) en nuestro país: a los delitos de los terroristas, las Fuerzas Armadas respondieron con un terrorismo infinitamente peor que el combatido, porque desde el 24 de marzo de 1976 contaron con el poderío y la impunidad del Estado absoluto, secuestrando, torturando y asesinando a miles de seres humanos.”
Sábato en el Prólogo equipara bajo la definición de “terrorismo” a dos violencias que se distinguen por venir de diferentes sectores, pero que en “esencia” son lo mismo: son producto del terror. La comparación con lo ocurrido en Italia (también algunos comparan con España y la ETA) pierde de vista la complejidad propia del caso argentino, fundamentalmente porque los que fueron víctimas de la desaparición forzada no provenían de la extrema izquierda, ni mucho menos pertenecían -todos y todas- a grupos armados guerrilleros o terroristas, no fue una guerra. Sábato continúa diciendo: “Nuestra Comisión no fue instituida para juzgar, pues para eso están los jueces constitucionales, sino para indagar la suerte de los desaparecidos en el curso de estos años aciagos de la vida nacional. Pero, después de haber recibido varios miles de declaraciones y testimonios, de haber verificado o determinado la existencia de cientos de lugares clandestinos de detención y de acumular más de cincuenta mil páginas documentales, tenemos la certidumbre de que la dictadura militar produjo la más grande tragedia de nuestra historia, y la más salvaje.”
A continuación, afirma: “De la enorme documentación recogida por nosotros se infiere que los derechos humanos fueron violados en forma orgánica y estatal por la represión de las Fuerzas Armadas. Y no violados de manera esporádica sino sistemática, de manera siempre la misma, con similares secuestros e idénticos tormentos en toda la extensión del territorio. ¿Cómo no atribuirlo a una metodología del terror planificada por los altos mandos? ¿Cómo podrían haber sido cometidos por perversos que actuaban por su sola cuenta bajo un régimen rigurosamente militar, con todos los poderes y medios de información que esto supone? ¿Cómo puede hablarse de ‘excesos individuales’? De nuestra información surge que esta tecnología del infierno fue llevada a cabo por sádicos pero regimentados ejecutores.”
El escritor insiste en pensar a los verdugos como sádicos y perversos, ya Hannah Arendt advertía que no se trataba de monstruos; el discurso que se alimenta de los giros literarios tales como “el infierno”, “los demonios” “la perversión o el sadismo”, desvían el análisis necesario sobre la imputabilidad de lo cometido. Incluso en el último párrafo de este fragmento Sábato se anticipa a los argumentos de la futura, por entonces, Ley de obediencia debida: Así, cuando ante el clamor universal por los horrores perpetrados, miembros de la Junta Militar deploraban los “excesos de la represión, inevitables en una guerra sucia”, revelaban una hipócrita tentativa de descargar sobre subalternos independientes los espantos planificados.
Los subalternos como víctimas de las órdenes impartidas por los altos mandos, es otra discusión ética y jurídica que se desprende de las responsabilidades ante los actos o acciones cometidos. Junto al débil argumento sobre las víctimas “algo habrán hecho” otro argumento responde a la misma lógica sobre los victimarios, “ellos no podían dejar de obedecer órdenes de sus superiores”. Sábato hace referencia también al posible número de víctimas y nuevamente sus palabras se orientan hacia lo que denomina “las fuerzas del mal”: “(…) tenemos todas las razones para suponer una cifra más alta, porque muchas familias vacilaron en denunciar los secuestros por temor a represalias. Y aun vacilan, por temor a un resurgimiento de estas fuerzas del mal.”
En el año 2006 a treinta años del Golpe se reedita el informe Nunca Más con un nuevo Prólogo, esta circunstancia también ha sido fuente de debates y discusiones, el reemplazo del Prólogo de Ernesto Sábato ha reavivado la disputa, a mi modo de ver imaginaria, por el patrimonio de los derechos humanos en Argentina. El segundo Prólogo, mucho más breve que el de Sábato, firmado por un organismo: Secretaría de Derechos Humanos de la Nación, del que transcribo algunos párrafos a continuación: “Nuestro país está viviendo un momento histórico en el ámbito de los derechos humanos, treinta años después del golpe de Estado que instauró la más sangrienta dictadura militar de nuestra historia. Esta circunstancia excepcional es el resultado de la confluencia entre la decisión política del gobierno nacional que ha hecho de los derechos humanos el pilar fundamental de las políticas públicas y las inclaudicables exigencias de verdad, justicia y memoria mantenidas por nuestro pueblo a lo largo de las últimas tres décadas.”
Las leyes de Obediencia Debida y Punto Final, junto a los Indultos formaron parte de una decisión política y legislativa que fueron derogadas para reabrir los Juicios y condenar a los genocidas, represores, responsables del denominado “Terrorismo de Estado”. En el segundo Prólogo se expone la siguiente situación: “A partir del restablecimiento de las instituciones constitucionales el 10 de diciembre de 1983 hubo grandes hitos como el informe de la CONADEP que hoy vuelve a reeditarse y el juicio a los integrantes de las tres primeras juntas militares, entre otros procesos judiciales. Hubo también pronunciados retrocesos como las llamadas leyes de ‘punto final’ y de ‘obediencia debida’ y los indultos presidenciales a condenados y procesados por la justicia federal. Las exigencias de verdad, justicia y memoria están hoy instaladas como demandas centrales de vastos sectores sociales. Como lo afirmaban las Madres de Plaza de Mayo ya bajo la dictadura militar, cuando planteaban los dilemas de la verdadera reconciliación nacional, ‘el silencio no será una respuesta ni el tiempo cerrará las heridas’.”
A continuación, el texto presenta una política de Estado que se afianza en tres pilares: Memoria, Verdad y Justicia amparadas en la categoría excepcional de Reparación: “Por ello recordar el pasado reciente con la reedición del NUNCA MÁS este año del 30 Aniversario del golpe de Estado de 1976, tiene un significado particular cuando a instancias del Poder Ejecutivo, el Congreso ha anulado las leyes de impunidad y una Corte Suprema renovada las ha declarado inconstitucionales y ha confirmado el carácter imprescriptible de los crímenes de lesa humanidad. Reafirmar el valor de la ética y de los derechos humanos en la profunda crisis heredada de la dictadura militar y de las políticas neoliberales no es una retórica declaración de principios en la Argentina posterior a los estallidos sociales de diciembre de 2001. Se trata de afianzar la ética de la responsabilidad en todos los órdenes de la actividad pública y la única manera de otorgar a las políticas públicas un contenido de justicia real y concreta.”
Pasaron veintiún años entre un Prólogo y otro, las diferencias son notables; en el de 2006 existe una clara referencia a los sucesos sociales y políticos ocurridos en esos años: las leyes de impunidad, los indultos, la política neoliberal de los ’90 (que daba continuidad al proyecto de la dictadura en términos económicos), la crisis del 2001… No sin valorar el aporte y la vigencia de este informe de la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas tan cercano al fin de la última dictadura, el prólogo del 2006 remarca las políticas públicas y sociales en los términos de una “ética de la responsabilidad” y los “derechos humanos”. Remarcando también que en el año 2004 la ESMA se transformó en un espacio de memoria, espacio que reemplaza una “pedagogía del terror” por una “pedagogía orientada a la búsqueda de verdad y justicia” a través de la memoria colectiva.
Por último, quiero destacar el sentido que le otorgaba el Poder Ejecutivo en aquel momento: “El NUNCA MÁS del Estado y de la sociedad argentina debe dirigirse tanto a los crímenes del terrorismo de Estado -la desaparición forzada, la apropiación de niños, los asesinatos y la tortura- como a las injusticias sociales que son una afrenta a la dignidad humana. El NUNCA MÁS es un vasto programa a realizar por el Estado nacional, por las provincias y municipios y por la sociedad argentina en su conjunto, si queremos construir una Nación realmente integrada y un país más justo y más humano para todos.”
El informe de CONADEP significa para nuestra historia un “documento de la barbarie” en los términos que lo definía Walter Benjamin; una muestra de la injusticia y de los crímenes de lesa humanidad; al paso de los años, la distancia empírica con lo acontecido conspira contra el recuerdo, con la premisa de recordar, rememorar para que sea un recorrido por los logros y las luchas durante los momentos posteriores al ’83; la verdad que aparece en sus múltiples facetas, en los testigos y los protagonistas, en las éticas que se ponen en juego en cada suceso, en cada organismo, significado que se la ha dado a ese período del horror.
Max Weber fue quien realizó la distinción entre una ética de la convicción y una ética de la responsabilidad en su conocida conferencia La política como profesión[1] Para Weber una ética de la convicción (Gesinnungsethik) está animada por la obligación moral y la intransigencia absoluta al resguardo de los principios; la ética de la responsabilidad (Verantwortungsethik) valora las consecuencias de sus actos y confronta los medios con los fines, las consecuencias y las diversas opciones o posibilidades ante una determinada situación.
Es una expresión de racionalidad instrumental, en el sentido que no sólo valora los fines sino los instrumentos para alcanzar determinados fines. Esta racionalidad instrumental, es la que conduce al éxito político luego de una profunda reflexión, no es fruto de la casualidad ni de la suerte. Sería un error de la acción política plantearse exclusivamente una “racionalidad de los valores” para prescindir de lo fundamental: la racionalidad en las herramientas que han de conducir a la realización de estos valores. Hay, pues, en la política una ética implícita que no conocen los partidarios de la pureza, de la ingenuidad religiosa o del doctrinarismo dogmático de cualquier signo.
Un hipotético tercer Prólogo al Nunca Más debiera contemplar estas éticas y las políticas que se sostienen en ellas, en un tiempo donde todo lo actuado se quiere borrar y. más grave aún, se pretende reemplazar por un Mercado totalitario frente a un Estado mínimo que sólo pretende conservar privilegios para quienes se sitúan como cómplices desde lo judicial y legislativo. Un claro ejemplo es ver a quienes eran los defensores de la República y que hoy aceptan órdenes de otro poder sin ruborizarse siquiera. Escribir un texto como la continuidad de un debate amparado en los vaivenes de estos 50 años, teniendo en cuenta la necesidad de transmitir lo acontecido no solamente durante los años ’76 al ’83 sino también todo este tiempo que ha transcurrido desde aquel 24 de marzo.
Una transmisión[2], como afirma George Steiner (2003): “¿Qué significa transmitir (tradentere)? ¿De quién a quién es legítima esta transmisión? Las relaciones entre traditio, ‘lo que se ha entregado’y lo que los griegos denominan paradidomena ‘lo que se está entregando ahora’, no son nunca transparentes. Tal vez no sea accidental que la semántica de ‘traición’ y ‘traducción’ no esté enteramente ausente de la de ‘tradición’. A su vez estas vibraciones de sentido y de intención actúan poderosamente en el concepto, siempre desafiante él mismo, de ‘translación’ (translatio).”
Transmitir un legado, en lo heredado y en lo que se entrega pone en juego la fidelidad y la traición a lo que se recibe. Actualmente es oportuno reflexionar sobre estas cuestiones: cuándo la traición es moral y cuándo es consecuencia de una actualización de lo dado, lo recibido y lo que se entrega; reflexionar por otra parte sobre el vínculo entre “ética” y “deontología”. En principio, la ética intenta resolver el problema del acto moral; mientras que la deontología, que se traduce como ética profesional, es un conjunto de normas (la ética no puede reducirse a una normativa). La ética exige examinar críticamente nuestras acciones; estas acciones tienen consecuencias, repercusiones, alcances. Por tratarse de sujetos sociales, somos “alguien” en la medida que tramitamos y transitamos la existencia con “otros”.
La tarea de la transmisión de un pasado, de un legado, de un patrimonio cultural y simbólico, en definitiva, es una actividad ética que se traduce en una fuerte decisión política, reemplazando una pedagogía del terror y de la crueldad por una pedagogía de la convivencia, de la igualdad ante la ley, del amor a la humanidad que habita en cada uno de nosotros y nosotras.
Referencias:
[1] Las diferentes traducciones del título varían entre profesión y vocación, esto se debe a la traducción del término “Beruf” que en alemán significa tanto una como otra.
[2] Esto se vincula también con la formación de “cuadros políticos”.
*Dra. Ciencias Sociales. Coordinadora Académica Maestría en Género y Derechos UNGS/UADER.

La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000 ó $10.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Alias de CBU: Lateclaenerevista