

Carlos Rozanski advierte que nos encontramos ante una situación social en la que se conjugan dos universos criminales: los perversos abusadores de infancias y quienes se enriquecen con el asesoramiento y defensa de imputados por abusos. De esa confluencia, sostiene Rozanski, nace el mito de las falsas denuncias como disparador para la demonización de madres protectoras y profesionales, y para beneficios económicos a tono con el retroceso civilizatorio que vivimos con el gobierno de Javier Milei.
Por Carlos Rozanski*
(para La Tecl@ Eñe)
El abuso sexual contra las infancias es una escena criminal límite. Es el delito más impune de la tierra y a la vez el que más daño psíquico genera. Acompaña la vida entera de las víctimas y el contexto más frecuente de su ocurrencia es dentro del grupo familiar o conviviente, y en segundo lugar, en el interior de diversas instituciones.
En ese sentido, el develamiento de un abuso opera como un detonante atronador dentro del sistema donde se manifiesta. En el ámbito familiar, en particular, interpela nada menos que la primera regla social en la historia de la humanidad que es la prohibición del incesto. A partir de ese momento, la explosión se irradia como círculos concéntricos a los espacios que rodean a la central relación “victimario-víctima”.
Así, a partir del develamiento en cada caso de abuso, familiares no abusadores, instituciones educativas, servicios sociales y por supuesto el poder judicial, se verán sometidos a un desafío que deberán enfrentar. Y lo harán de acuerdo con los recursos emocionales, intelectuales y materiales con que cuenten.
Del resultado de cada intervención, dependerá la supervivencia misma de la niña, niño o adolescente agredido así como la calidad de esa perduración.
A través del tiempo
Si bien los abusos contra las niñeces tuvieron lugar a lo largo de la historia, nunca fueron problemáticos para los agresores. Así, si algún niñx relataba esa clase de hechos, rápidamente se cerraba el tema con la universal afirmación: “los chicos mienten”. En las últimas décadas, a raíz de los avances notables, fundamentalmente de parte de la psicología, el trabajo social y el derecho, esa perversa muletilla dejó de tener mayor efecto. Ello por cuanto si bien las características de los abusos se reiteraban en cada uno de los casos así como las principales consecuencias, ya no alcanzaba con atribuirle mendacidad a las/os agredidas/os.
Se desencadenó entonces una violenta reacción (backlash) por parte de los abusadores y sus mercenarios asesores, desplazando la responsabilidad ya no a los niños mentirosos, sino a las madres que les lavan el cerebro para que crean que fueron abusados (inexistente síndrome de alienación parental – SAP-). De ese modo, con las denominaciones más variadas a partir del descrédito del argumentado SAP, se comenzaron a identificar como “co-construcción” o “implantación de memoria” o cualquier otra ocurrencia que sirviera para descalificar a las madres que denunciaban.
Nace así en nuestro país el mito de las falsas denuncias mediante el cual, y mendazmente, se atribuye a madres acusar maliciosamente a los progenitores de abusar de sus hijas/os. Con frecuencia, consiste en atribuirle a esas mujeres la intención de dañar a los hombres o también de querer obtener dinero de manera extorsiva.
Cuando algunos buenos fallos judiciales comenzaron a rechazar esos abyectos argumentos, ya desenmascarados por organizaciones internacionales como la propia Naciones Unidas, las agresiones se direccionaron a las profesionales de la psicología y la salud en general que osaran informar la posibilidad de abuso. Entonces, ya no se argumentará la mentira del niño o su madre, sino la de profesionales -mayormente psicólogas-, que en su afán de enriquecerse elaboran “informes falsos” para que las madres denuncien y los progenitores sean castigados por hechos que no cometieron.
La situación hoy
Como se sabe, nuestro país atraviesa hoy una situación sociopolítica muy grave originada en el accionar de un gobierno de extrema derecha. El poder ejecutivo está en manos de Javier Milei, quien sostiene ser el bíblico Aarón, intérprete de la sabiduría de su hermana Karina a quien atribuye ser Moisés, enviada de Dios. Milei es un personaje que además se autodefine públicamente como “rubio, de ojos celestes y con pene” (SIC) (1). Es fácil deducir que estamos ante un escenario muy proclive a la instalación de los más delirantes mitos.
A su vez, y con vinculación a la pedofilia, es el mismo presidente que envió a Nueva York a su ministro de justicia (Mariano Cuneo Libarona) a ofrecer negocios a un depredador sexual (Timothy Ballard) con causas en Argentina. Entre otros servicios le ofreció “reuniones con jueces” para favorecer su situación judicial en nuestro país.
Así, el ahora exministro, además le ofreció a Ballard la sanción de leyes relacionadas con la trata de personas y abusos sexuales contra las infancias. Esa oferta no se puede desvincular de los proyectos de Carolina Losada y Lilia Lemoine presentados por cada una de ellas en el Congreso” (2) .
Sucede que hay una sintonía, muy visible hoy, entre el régimen del presidente Milei y aquellos graves delitos sexuales de la más variada factura. La maniobra abarca la pedofilia, la trata de personas con fines sexuales, la difusión y comercio de materiales de representación sexual de niñas, niños y adolescentes y la explotación sexual infantil.
En ese sentido, desde el primer día del gobierno de LLA, se comenzó a difundir una inédita exaltación de la masculinidad como sinónimo de “lo bueno” y la femineidad como sinónimo de “lo malo”. Así, se disolvió el Ministerio de la Mujer con el argumento de que no sólo que no era necesario, sino que las verdaderas víctimas de violencia son los hombres.
Surgieron incluso organizaciones como “Varones Unidos” liderada por Pablo Laurta, quien hoy se encuentra preso por los femicidios de su esposa y suegra y el secuestro de su pequeño hijo. Además, está imputado por tenencia de material de abuso sexual infantil (MASI). Al respecto, no es un dato menor que el nombrado Laurta tenga vinculación con altos personajes del gobierno de Milei y muy cercanos a él, como Nicolás Márquez, denunciado en 2008 por abuso sexual contra su hija de tres años y medio, y Agustin Laje, Director de la Fundación Faro vinculada a Javier Milei.
En ese contexto, se conocieron distintas iniciativas elaboradas para perseguir y sancionar severamente a madres protectoras y profesionales que auxilien a niñes víctimas de distintos crímenes y abusos sexuales. La finalidad es aterrorizar y disuadir tanto a quienes detectan agresiones sexuales a sus hijas e hijos como a psicólogas, médicas, abogadas y demás profesionales, y también a las entidades defensoras de los derechos de los niños que asistan o intenten dar protección a las víctimas.
Para ello utilizan como engañoso argumento que los proyectos se refieren a “falsas denuncias” (SIC) cuando es universalmente conocido que en esta temática (agresiones sexuales contra las infancias), esas llamadas “falsas denuncias” en el exterior son estadísticamente insignificantes y no se registra ni una sola en nuestro país. (3). Al respecto, es útil recordar que en España, por ejemplo, sobre 1.055.912 de denuncias investigadas por la Fiscalía General del Estado de ese país, el porcentaje de falsas denuncias fue de 0,008 y se refiere a violencia de género. Sobre abuso sexual contra las infancias, al igual que en Argentina, no hay.
Proyecto Losada
Si bien Lilia Bolukalo Lemoine presentó un proyecto similar en la cámara de diputados, el de mayor repercusión es el que por tercera vez intenta imponer la senadora nacional Carolina Losada.
Para promocionar su proyecto, Losada llevó a cabo un nuevo evento en el Senado de la Nación (tercer acto) en el cual dio exposición pública a violadores de sus hijas/os que la justicia no llegó a condenar por el “beneficio de la duda” (SIC). En un intento similar del año 2024, había llevado a una joven brutalmente abusada por su padre para que se “retracte” públicamente arrepintiéndose, en llanto, de haberlo denunciado.
Meses después de ese incalificable espectáculo, la sentencia a 15 años de prisión por esos horribles crímenes contra la joven, cuando tenía entre 6 y 10 años, fue confirmada por un tribunal superior en doble conforme. El pedófilo está preso y la senadora, que finge desmemoria, sigue exhibiendo obscenamente otros casos de pedofilia por ahora impunes.
Lo reseñado obliga a reflexionar acerca del significado de que en nuestro Congreso Nacional se pretenda sancionar una ley sobre un fenómeno que no existe y que fue generado para beneficiar a los autores de los crímenes más graves que pueden sufrir nuestras niñeces.
En síntesis, estamos ante una conjunción de dos universos de criminales. Por un lado, los perversos abusadores de infancias, y por el otro, quienes se enriquecen con las defensas de los imputados, así como con el asesoramiento a los delincuentes que comercian con esos incalificables abusos.
De esa confluencia, nace el mito de las falsas denuncias como disparador para la demonización de madres protectoras y profesionales respetuosos y para beneficios económicos incalculables, todo en época de retroceso civilizatorio como el que vivimos con Milei en el país.
También resulta ilustrativo recordar que para la instalación de ese mito -en una porción de la sociedad-, se llegaron a crear organizaciones de “padres separados de sus hijos” y otras denominaciones para aquellos que, por beneficio de raras dudas, continúan en libertad.
Ese universo ficticio en el que los violadores son héroes y a la vez víctimas del “hembrismo” que los persigue, como suele decir la legisladora Losada, es parte del distópico funcionamiento institucional que generó Javier Milei en el país.
Frenarlo es una necesidad imperiosa de la gran mayoría de los integrantes de nuestra sociedad.
Después, siempre es tarde.
Referencias:
(1)14/5/2022 Feria del Libro de CABA.
(2) Página 12, 6 de agosto de 2025. Carlos Rozanski, “Un ministro suelto en Nueva York”.
(3) Ídem Página 12 6/8/2025.
Martes, 15 de abril de 2026.
*Ex Juez de Cámara Federal y ex presidente del Tribunal Oral en lo Criminal Federal N.º 1 de La Plata.

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2 Comments
Estimado Carlos. Me da gusto leerte y replicar algunas de tus ideas. Aprovecho para repudiar enfáticamente la injusticia de la que fuiste objeto durante el macriato. Hoy sos atacado por los mismos grupos que denunciás en tu nota y que te destituyeron en 2016. Respecto de la nota, debo decir que no estoy de acuerdo con tu tratamiento del problema en varios respectos. En primer lugar, hablar de «mujeres protectoras» ya implica de suyo una serie de estereotipos sobre la mujer que no debemos admitir. Las tareas de cuidado y protección en el siglo XXI las puede realizar cualquier persona, aunque estadísticamente sean las mujeres las que más cuidan. Esta figura es una forma de sacralización de la mujer e implica una determinación acrítica de roles: la mujer cuidadora, el hombre proveedor. Estos roles decimonónicos nada tienen que ver con una perspectiva feminista, y son los mismos roles que sostienen los grupos reaccionarios que vos hacés objeto de tus críticas (estos grupos de la extrema derecha católica, como el Opus Dei, están ausentes en el texto, pero son los que nuclean a buena parte de los jueces de Familia).
En segundo lugar, afirmar que el niñx debe ser oído en su dictum, en su sintaxis superficial, sin una perspectiva profesional, y negar la existencia de cuidadores que usan a sus hijxs como instrumento para dañar a la contraparte, ambas cuestiones deben ser analizadas con mucha profundidad, y no pueden, simplemente, ser tomadas como verdades de perogrullo. Lxs niñxs mienten de muchas maneras y también es cierto, en otro sentido, que son veraces para su cuidadorx cuando son pequeñxs, aunque esto requiere de una lectura oblicua. Las mujeres son seres que hacen todo lo que hacemos las personas: también mienten y engañan, instrumentalizan a otrxs, también hacen denuncias falsas y ejercen violencia. Y no hay ningún dato estadístico, por el momento, que sirva para desestimar esta cuestión, salvo el hecho de que las violencias físicas y los femicidios son, mayormente, cometidos por varones. Estamos de acuerdo en que una medida protectoria debe ser de aplicación inmediata sobre bases estadísticas, pero no aceptamos que una jueza civil nos diga que en su fuero no se investiga, porque eso es precisamente lo que tiene que hacer en el mismo momento en que resuelve la cautelar. No hay espacio aquí para explicar cuál es la capacidad destructiva de una cautelar que debería haber sido levantada a las 48 hs pero que, en su lugar, dura meses o años. Y esto es la regla. Es lo que hacen los jueces de Familia en nuestro país, muchxs de ellxs del Opus Dei, reproduciendo los roles de la mamá cuidadora y el papá ausente y proveedor. No tienen perspectiva de género ni tampoco investigan la capacidad económica de las partes en el momento de emitir sus resoluciones. El PJN es el peor servicio del Estado en la actualidad, por lo que una crítica del problema que plantea la nota debería empezar por acá y no por una trama de pedófilos transnacionales.
Hay que prestar atención a una serie de comportamientos sociales que se vienen dando entre lxs más jóvenes desde hace una década. Quizá es un problema civilizatorio, es posible, y en tal caso deberá ser abordado por sociólogos, mas no por jueces. La cuestión del estatus de cientificidad del SAP es un asunto de expertos (expertos que, según sabemos, no funcionan en el ámbito de las ciencias sociales del mismo modo que en las ciencias naturales). Mientras tanto, así como se reconoce en el CPA el tipo penal del impedimento de contacto, también debería reconocerse la conducta de uno de lxs progenitores cuando instrumentaliza a sus hijxs, lo cual está bien estudiado y ocurre con mucha frecuencia en divorcios conflictivos. Eso nada tiene que ver con un diagnóstico psicopatológico.
En tercer lugar, es atendible hablar de una red-Epstein de multimillonarios abusadores. No obstante, aunque debe ser investigado, se trata de un problema diferente del que estadísticamente afecta a la mayor parte de la población y pone en manos de jueces criminales el destino de familias, niñxs y adolescentes. Puede haber un negocio allí y puede haber un mecanismo de impunidad, pero esos casos del poder no son representativos. Por eso no se debe confundir el uso artero del SAP en el contexto de un abuso sexual, con la capacidad que tienen algunxs cuidadores para obstruir vínculos en casos menos graves, sin denuncia de abuso, en el ámbito Civil, pero que a fuerza de cautelares automáticas, negligencia y sesgo ideológico, tienen consecuencias devastadoras para las familias, incluso a veces tan permanentes como los efectos de un abuso. No debemos dar libertad a lxs jueces para que decidan lo que quieran en función de sus creencias religiosas, jueces que juegan a dioses pero que jamás investigan, que dictan cautelares sin sopesar los efectos destructivos de esas medidas.
Y esto me lleva a la cuarta cuestión: no veo en tu nota una perspectiva crítica respecto de la judicialización de la vida, ni tampoco una consideración sobre el flagelo del punitivismo. El PJN castiga a culpables e inocentes por igual mediante mecanismos muy sutiles y perversos que no son designados como formas de punición. Sin embargo, esos castigos implícitos pueden llevar a una persona al aislamiento y la muerte, aun sin sentencia ni condena. Esto hay que revisarlo. En el caso de crímenes constatados sobre la base de evidencia científica, que es diferente de lo anterior, debe existir un mecanismo para la reparación que no implique la anulación, cancelación o destrucción de las personas. Éste es un capítulo enorme que abarca, en su forma extrema, la cuestión de las cárceles. Aun en esos casos deben permitirse las relaciones entre xadres e hijxs, para que sean lxs propios actores, y no una jueza del Opus Dei, quienes decidan cómo y cuándo recomponer sus vínculos. El punitivismo que embanderan algunos cruzadxs del PJN, pero también muchas feministas, debe ser puesto en cuestión y discutido hasta el cansancio.
Por todo ello, creo que tu nota reproduce algunos estereotipos que el feminismo ha desterrado, a la vez que simplifica un problema social acuciante y complejo, como el de la cancelación, los escraches y las falsas denuncias, problema que no tendrá una solución jurídica, y, por último, omite la multiplicidad de problemas que afectan al PJN y que obstaculizan el acceso a la Justicia de hombres, mujeres y diversidades. Por supuesto, jamás acompañaremos ningún proyecto de la internacional reaccionaria, sea cual fuere el tema del que trate.
Excelente reflexion sobre el texto de Carlos.
Muchas gracias!