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2 Comments

  1. Juan Bautista Lullio dice:

    Estimado Carlos. Me da gusto leerte y replicar algunas de tus ideas. Aprovecho para repudiar enfáticamente la injusticia de la que fuiste objeto durante el macriato. Hoy sos atacado por los mismos grupos que denunciás en tu nota y que te destituyeron en 2016. Respecto de la nota, debo decir que no estoy de acuerdo con tu tratamiento del problema en varios respectos. En primer lugar, hablar de «mujeres protectoras» ya implica de suyo una serie de estereotipos sobre la mujer que no debemos admitir. Las tareas de cuidado y protección en el siglo XXI las puede realizar cualquier persona, aunque estadísticamente sean las mujeres las que más cuidan. Esta figura es una forma de sacralización de la mujer e implica una determinación acrítica de roles: la mujer cuidadora, el hombre proveedor. Estos roles decimonónicos nada tienen que ver con una perspectiva feminista, y son los mismos roles que sostienen los grupos reaccionarios que vos hacés objeto de tus críticas (estos grupos de la extrema derecha católica, como el Opus Dei, están ausentes en el texto, pero son los que nuclean a buena parte de los jueces de Familia).

    En segundo lugar, afirmar que el niñx debe ser oído en su dictum, en su sintaxis superficial, sin una perspectiva profesional, y negar la existencia de cuidadores que usan a sus hijxs como instrumento para dañar a la contraparte, ambas cuestiones deben ser analizadas con mucha profundidad, y no pueden, simplemente, ser tomadas como verdades de perogrullo. Lxs niñxs mienten de muchas maneras y también es cierto, en otro sentido, que son veraces para su cuidadorx cuando son pequeñxs, aunque esto requiere de una lectura oblicua. Las mujeres son seres que hacen todo lo que hacemos las personas: también mienten y engañan, instrumentalizan a otrxs, también hacen denuncias falsas y ejercen violencia. Y no hay ningún dato estadístico, por el momento, que sirva para desestimar esta cuestión, salvo el hecho de que las violencias físicas y los femicidios son, mayormente, cometidos por varones. Estamos de acuerdo en que una medida protectoria debe ser de aplicación inmediata sobre bases estadísticas, pero no aceptamos que una jueza civil nos diga que en su fuero no se investiga, porque eso es precisamente lo que tiene que hacer en el mismo momento en que resuelve la cautelar. No hay espacio aquí para explicar cuál es la capacidad destructiva de una cautelar que debería haber sido levantada a las 48 hs pero que, en su lugar, dura meses o años. Y esto es la regla. Es lo que hacen los jueces de Familia en nuestro país, muchxs de ellxs del Opus Dei, reproduciendo los roles de la mamá cuidadora y el papá ausente y proveedor. No tienen perspectiva de género ni tampoco investigan la capacidad económica de las partes en el momento de emitir sus resoluciones. El PJN es el peor servicio del Estado en la actualidad, por lo que una crítica del problema que plantea la nota debería empezar por acá y no por una trama de pedófilos transnacionales.

    Hay que prestar atención a una serie de comportamientos sociales que se vienen dando entre lxs más jóvenes desde hace una década. Quizá es un problema civilizatorio, es posible, y en tal caso deberá ser abordado por sociólogos, mas no por jueces. La cuestión del estatus de cientificidad del SAP es un asunto de expertos (expertos que, según sabemos, no funcionan en el ámbito de las ciencias sociales del mismo modo que en las ciencias naturales). Mientras tanto, así como se reconoce en el CPA el tipo penal del impedimento de contacto, también debería reconocerse la conducta de uno de lxs progenitores cuando instrumentaliza a sus hijxs, lo cual está bien estudiado y ocurre con mucha frecuencia en divorcios conflictivos. Eso nada tiene que ver con un diagnóstico psicopatológico.

    En tercer lugar, es atendible hablar de una red-Epstein de multimillonarios abusadores. No obstante, aunque debe ser investigado, se trata de un problema diferente del que estadísticamente afecta a la mayor parte de la población y pone en manos de jueces criminales el destino de familias, niñxs y adolescentes. Puede haber un negocio allí y puede haber un mecanismo de impunidad, pero esos casos del poder no son representativos. Por eso no se debe confundir el uso artero del SAP en el contexto de un abuso sexual, con la capacidad que tienen algunxs cuidadores para obstruir vínculos en casos menos graves, sin denuncia de abuso, en el ámbito Civil, pero que a fuerza de cautelares automáticas, negligencia y sesgo ideológico, tienen consecuencias devastadoras para las familias, incluso a veces tan permanentes como los efectos de un abuso. No debemos dar libertad a lxs jueces para que decidan lo que quieran en función de sus creencias religiosas, jueces que juegan a dioses pero que jamás investigan, que dictan cautelares sin sopesar los efectos destructivos de esas medidas.

    Y esto me lleva a la cuarta cuestión: no veo en tu nota una perspectiva crítica respecto de la judicialización de la vida, ni tampoco una consideración sobre el flagelo del punitivismo. El PJN castiga a culpables e inocentes por igual mediante mecanismos muy sutiles y perversos que no son designados como formas de punición. Sin embargo, esos castigos implícitos pueden llevar a una persona al aislamiento y la muerte, aun sin sentencia ni condena. Esto hay que revisarlo. En el caso de crímenes constatados sobre la base de evidencia científica, que es diferente de lo anterior, debe existir un mecanismo para la reparación que no implique la anulación, cancelación o destrucción de las personas. Éste es un capítulo enorme que abarca, en su forma extrema, la cuestión de las cárceles. Aun en esos casos deben permitirse las relaciones entre xadres e hijxs, para que sean lxs propios actores, y no una jueza del Opus Dei, quienes decidan cómo y cuándo recomponer sus vínculos. El punitivismo que embanderan algunos cruzadxs del PJN, pero también muchas feministas, debe ser puesto en cuestión y discutido hasta el cansancio.

    Por todo ello, creo que tu nota reproduce algunos estereotipos que el feminismo ha desterrado, a la vez que simplifica un problema social acuciante y complejo, como el de la cancelación, los escraches y las falsas denuncias, problema que no tendrá una solución jurídica, y, por último, omite la multiplicidad de problemas que afectan al PJN y que obstaculizan el acceso a la Justicia de hombres, mujeres y diversidades. Por supuesto, jamás acompañaremos ningún proyecto de la internacional reaccionaria, sea cual fuere el tema del que trate.

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