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POSTEMILLAS – Polémicas de terror – Por Vicente Muleiro

Ilustración: Carlos Alonso

Ilustración: Carlos Alonso

Por Vicente Muleiro*

(para La Tecl@ Eñe)

 

                                   

                                        Postemilla. 1.Absceso que supura. 2. Punta visible de un tumor.       

 

El polen de la polémica. El mecanismo es sencillo y reiterado  como tantas tretas del antiperiodismo  del Eje (mónico). Presupone, cómo no, la supina idiotez del receptor. Es así: un funcionario, una dirigente, una boxeadora o un actor pronuncia su opinión sobre el tema X. Al garquismo esa opinión le cae mal. Y en uno de sus medios titula: “Polémicas declaraciones de Sutana”. Otro canal, radio o diario de la misma mafia,  refuerza: “Fuerte polémica por los dichos de Sutana”. La parrala sigue su curso por vertederos conocidos.  Ahora: resulta que una polémica es “una discusión entre dos o más personas que defienden opiniones contrarias”. De antigua tradición griega y docta fama tiene, en su panteón  más cercano, muchachas y muchachos como Lenin, Arendt, Luxemburgo, Sartre, Borges, Sontag. Enfrente: otra/otro peso pesado, sino no vale. Pero, por estos días, los medios del Eje (mónico) no polemizan ni registran controversia alguna. Esparcen apenas su polen tóxico a la pesca de que alguien huela, se contamine y eructe a repetición. El máximo toque de atención fue el del pasquín que consideró  “polémicas” las plegarias fúnebres del radical Pro Luis Carballo en pos de que la pandemia mute en un genocidio de seis millones de negros peronistas. Nobleza obliga: el tipo se hizo cargo de los sueños incumplidos del videlismo, del menemdelarruísmo y del macrismo.

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Cine de género.  Bostezos y zapping a toda velocidad. El plasma como lanzado paisaje de subterráneo porteño. Breves paradas a la caza de una sorpresa que no aparece, que acaso jamás haya que buscar allí. Imágenes reiteradas: rostros purulentos manando una crema nauseosa; ojos como planetas verdosos y sangrientos; mutantes de cartón lanzando fuego líquido; monstruos tecnos listos a convertir a la princesa urbana en paté de foie; cementerios nocturnos y humosos donde brota una calavera con colgajos  grasientos; zoomorfos-antropomorfos; sustancias gelatinosas que acechan en el umbral y dejan miles de contaminados en los barrios golfísticos de Long Beach.  O sea: el cine de terror -clase Z-  como vulgata anticipatoria del coronavirus.

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Carne podrida. La imagen “carne podrida” –también “pescado podrido”- es marca registrada del periodismo: “Dícese del hábito de vender mensajes falsos para obtener  ventajas comerciales ante el medio competidor o políticas ante el adversario”. En este último rubro se especializó el otrora jefe de Gabinete macrista Marcos Peña. No se le deben negar méritos en la instalación de falsedades como la condición asesina de Aníbal Fernández versus el aire beato de María Ingenua Vidal. Marquitos viene de la prosapia matadora de la Patagonia (Menéndez-Braun-Peña). En la Edad Moderna ese poder sureño pasa por la propiedad de la cadena de supermercados La Anónima con sucursales en las provincias de  Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe. Fue en la localidad santafesina de Venado Tuerto  donde se descubrió que los peñeros se esmeraban en adulterar, con cloro y amoníaco, más de una tonelada de carne podrida para venderla, sin metáforas, bajo el tramposo azul-flúo de sus góndolas. Es evidente que la podredumbre es una especialidad de la casa Peña Braun. Que se complica cuando los tuertos se atreven a ver.   

 

Buenos Aires, 10 de abril de 2020

*Escritor, dramaturgo, poeta y periodista.

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