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27 junio, 2026El peronismo ha empezado a romperse hacia adentro. En lugar de leer «Manual de Conducción Política» o «La comunidad organizada», tal vez debamos ir al teatro y bullir en la energía descomunal de Macbeth.
Por Gabriel D. Lerman*
(para La Tecl@ Eñe)
Un peronismo que sólo habla del encierro de su líder contemporánea agoniza en la noche triunfal del antiperonismo. Cristina presa y proscripta obsesiona a una parte de la dirigencia, mientras que el pueblo sin acto, pura multitud dispersa, sufre la carestía, los recortes, el empobrecimiento. Como se dice ahora en la jerga económica, el endeudamiento personal y la falta de ingreso disponible. Pueblo sin acto porque acontece la pérdida de recursos materiales ante la ofensiva liberal. Elites políticas acorraladas, movimiento sindical quieto o amenazado, población afectada directamente, como jubilados y discapacitados apaleados en las calles. Lo que una parte de la sociedad celebra en el altar de una reconfiguración capitalista a ultranza, otro sector lo padece a niveles inéditos de atontamiento. Mientras, algunos sectores medios, activos culturalmente, buscan hallar una expresión simbólica del desasosiego social. La vida tecnocapitalista en la periferia no encuentra respiro. Un padecimiento profundo ha infringido el bienio de Milei, apoyado por la coalición de gobierno macrista, radical y peronista «con peluca». Los emblemas de esta alianza social afilada son los grandes capitales como Mercado Libre, Techint y Clarín, entre otros, que navegan en la abundancia, abanderados por personajes híbridos como Patricia Bullrich ó Daniel Scioli, siempre dispuestos a inmolarse para flotar.
El peronismo ha empezado a romperse hacia adentro, en un quiebre de la más espeluznante entropía. O acaso, para ponerlo en palabras trágicas, como dijo Macbeth frente al suicidio de Lady Macbeth: «La vida es un cuento contado por un idiota, lleno de ruido y furia, que no significa nada». En vez de leer «Manual de Conducción Política» o «La comunidad organizada», tal vez debamos ir al teatro y bullir en la energía descomunal de Pompeyo Audivert en su «Habitación Macbeth». Un rápido análisis de aquella frase nos dice que representa el colapso existencial absoluto de Macbeth y es el clímax filosófico de la tragedia: el protagonista descubre que todo su derramamiento de sangre fue en vano.
¿Quién es Macbeth hoy? ¿Es Cristina en San José 1111? ¿Es Máximo Kirchner, que entra y sale del departamento, y deambula en la noche triunfal del antiperonismo, mientras evoca los espectros de su padre muerto y su madre presa? ¿Es Axel Kicillof, que mira desorbitado como el búho sabio que advierte la revelación? La ceguera moral de Macbeth es su incapacidad voluntaria para medir las consecuencias éticas de sus actos, al priorizar su ambición por encima de su propia conciencia, sus valores y el sentido de la justicia. Macbeth sabe qué es lo correcto, pero elige «cerrar los ojos» ante el mal que decide cometer. ¿Quién le teme a quién en esta historia?
El peronismo que se rompe hacia adentro es aquel que pierde identidad, sustantivo y adjetivo. Durante un tiempo, se nombró a sí mismo como kirchnerismo. Su propio creador dijo alguna vez que les decían kirchneristas para bajarles el precio, ya que no eran más que el ejercicio pleno y actualizado del peronismo. Y tan luego hizo la historia, ya como peronismo kirchnerista. Jorge Asís, quien supo ser menemista, otro evangelio de la Biblia que ha recuperado adeptos, se ha convertido en una suerte de pícaro oráculo. Suele afirmar sobre los candidatos emergentes que Axel es «el honesto en la provincia del pecado» y que a Sergio «le queda una última bala en la recámara». Nada dice sobre Pichetto, Moreno o Villarruel, simplemente porque no cuentan.
Sin embargo, nadie se expide sobre la tragedia que habita en la lucha intestina. Mientras tanto, el combate fratricida huele mal. Y cansa, desanima. Suele evocarse como término de referencia la interna entre Menem y Cafiero, o la acontecida entre Duhalde y Kirchner. Hasta se habla de las PASO como herramienta (palabra de la Ciencia Política y no del drama shakespeareano). Porque esas contiendas, que escenificaron entuertos y rumbos, mudanzas y reconfiguraciones, hablaban desde otro calado que, al parecer, habría acontecido en la reorientación más amplia (e ideológica) del peronismo, en el tránsito de Menem a Kirchner. Alguna vez, en su texto mítico y anticipatorio sobre Kirchner, Nicolás Casullo dijo en 2002: «Desgarbado, lungo, de palabra directa, está último en esa lista, cuando cada tanto viene del sur para exigir elecciones ya. Para decir que va por adentro o va por afuera pero no va a entrar en ninguna trenza. Lo converso con mis amigos y el 80 por ciento no lo ubica, lo semi tienen en algún rincón de las imágenes del consciente pero no del todo. Les digo que es el fantasma de la tendencia que vuelve volando sobre los techos y sonríen como si les hablase de una película que no se va a estrenar nunca porque falta pagar el master. Si rompe con el peronismo corre el eterno peligro de quedarse solo, ser simple izquierda, ser no negocio. Si se queda adentro, ya nadie sabe en qué paraje en realidad se queda: corre el peligro de no darse cuenta un día que él tampoco existe. En ese maltrecho peronismo que vendió todas las almas por depósitos bancarios, Kirchner es otra cosa: insiste en dar cuenta de que ésta no fue toda la historia. Que hay una última narración escondida en los mares del sur».
La belleza poética del texto de Casullo es inabarcable, y las nuevas generaciones (los pibes y las pibas que vienen, los que están llegando) piden a gritos la puesta en hora de un reloj que ya atrasa muchos años. Tal vez alguien por estos días esté pensando la fórmula, la síntesis, los modos. No importa tanto el peronismo fiscalista ni el peronismo doctrinario de enciclopedia, sino el peronismo que, a cada época y en su instante de peligro, le supo dar a la Argentina el tono de la rebelión y la osadía política. Interesa el peronismo del 17 de octubre, el peronismo de la juventud maravillosa y el peronismo de la generación diezmada y los jóvenes del 2001-2003, que un día volvimos a Plaza de Mayo. Pero ese peronismo del alma social y guerrera del pueblo, que siempre habló la lengua de las mejores tradiciones anarquistas, socialistas, radicales, comunistas y desarrollistas, hoy está buscando en la sombra de la noche un líder (y un candidato).
Viernes, 26 de junio de 2026.

*Ensayista y docente universitario.

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