
Notas sobre un paso en falso – Por Martín Kohan
22 junio, 2026La represión, a menudo ilegal y abusiva, es el único recurso que exhibe Jorge Macri en su campaña para pelear por la reelección en 2027 como jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Hugo Muleiro sostiene en esta nota que, acechado por la ambición milelísta de arrebatarle este bastión tan rendidor en materia de recursos y negocios, el representante del PRO eleva el tono hasta abrazarse al clasismo y al racismo al grito de “orden y seguridad”.
Por Hugo Muleiro*
(para La Tecl@ Eñe)
La consolidación en la Ciudad de Buenos Aires de una mayoría electoral consistente que apoya a fuerzas conservadoras, desentendida del humanismo, de la educación, la salud y el cuidado del ambiente, y que adhiere al imperativo clásico de la derecha sobre la prioridad excluyente de «orden y seguridad», preanuncia para 2027 una disputa electoral entre exponentes de esos sectores, entre gente que piensa igual.
Jorge Macri enfrenta ese contexto «corrido por derecha», para decirlo en el tono de las jergas partidarias. En un primer momento el mileismo había instalado como precandidato a Manuel Adorni, pero sus evoluciones patrimoniales imposibles de atribuir a actos legales, junto a su hecatombe política, lo sacaron de la competición.
El vacío pareció generar un campo de atracción natural para la ahora senadora Patricia Bullrich, con su facilidad para pasearse por sellos partidarios. En este caso, podría aparecer incluso como una figura que sintetizara al presidente para el que trabaja, Javier Milei, y al último partido que integró formalmente, el PRO.
Sin embargo, el mismo factor desencadenante, el desastre de Adorni, abre puertas a otras posibilidades. Según los medios más poderosos de Buenos Aires, que critican al gobierno en aspectos superficiales pero trabajan con firmeza en la continuidad del modelo económico mileísta, la caída de la imagen presidencial da a la senadora la posibilidad de la máxima postulación.
Sería la simulación de una «alternativa» en teoría más prolija que el dúo presidencial que no sólo sostiene a Adorni, sino que está enlodado en otras acciones.
En fin, que la Pata Bullrich parece no encontrar límite a sus ambiciones, tanto que hizo publicar en columnas de Clarín y La Nación que ella no está para ocuparse de reparar veredas (o, al estilo Rodríguez Larreta, mandar a romperlas para repararlas otra vez).
No tiene nada de incierto, en cambio, que el PRO es capaz de invertir todas sus fuerzas y capacidad de coacción, radicada principalmente en Comodoro Py, para conservar la Ciudad de Buenos Aires, bastión político, fuente de ingresos y espacio para negocios provechosos con el Estado, gran especialidad del clan Macri desde siempre.
Mauricio Macri opera para ello en las sombras y hace fintas en público, incluida la amenaza de una candidatura presidencial. En los días de negociaciones en el Congreso por la situación de Adorni, amaga con la orden de votar para desplazar al jefe de Gabinete, aunque el martes 23 sus legisladores se escondieron para ayudar a que se mantenga en el cargo. Eso ocurrió en la jornada en que Clarín describió, con transparencia infrecuente, que Don Reposera no resignará la reelección del primo.
Pero en paralelo a estas transacciones rebosantes de oscuridad, el jefe de Gobierno orienta toda su acción pública a consolidar para sí la porción más retrógrada del electorado, como si quisiera asegurarle que, por matonismo, ofrece más que Bullrich, electa en 2025 senadora nacional con 50,4 por ciento de los votos porteños mientras desataba cada miércoles una represión feroz contra las marchas de jubilados.
Pensando en ese electorado, que además votó mayoritariamente a Adorni, y ante su forma de ver el mundo y su ilusión de una ciudad ordenadamente blanca, Jorge Macri puso en marcha en junio operativos de alto costo para erigir un «muro», como lo llamó. Su mensaje propagandístico tiene el hedor del clasismo y el racismo: «De este lado la gente buena y enfrente los delincuentes». La línea de separación deja de su lado a la Ciudad y del otro a la población del Conurbano bonaerense.
No ahorra en gastos: pagó para desplegar por toda la ciudad afiches en los que un grupo de policías pertrechados para una guerra, cual patéticos “Rambo”, parecen custodiar una propiedad.
Otras imágenes desplegadas en estaciones de subte, incluso las que siguen en estado ruinoso, contrastan una plaza con manteros y sin ellos, como mérito de «gestión». Sus también muy costosas publicidades en medios siguen, incluso con su voz, esta misma línea. Don Jorge se da el gusto de pagar – ¡con mis impuestos! – para que los pasen en emisoras cuya línea editorial parece ser contraria a la represión y la violencia institucional. Por cierto, en ellas no suele haber investigaciones ni coberturas esmeradas sobre las andanzas del mandamás capitalino, sus políticas y su pertinaz desprecio por la salud y educación pública.
En suma, el dirigente vicentelopeño no encuentra más oferta que el matonismo para pelear por la reelección. Es esto lo que lo vuelve peligroso, porque lanza operativos nocturnos de «orden» en los barrios cuyas necesidades esenciales no atiende, o razzias contra manteros como si fueran batallas épicas.
Así, no faltan filmaciones ciudadanas de diez, quince o veinte policías de la ciudad que, en alarde de coraje, llegan prestos en hasta cuatro o cinco patrulleros para golpear a un solitario vendedor de empanadas o alfajores y apropiarse de sus magros productos. La reacción peligrosa para la seguridad ciudadana se da cuando el vendedor se larga a llorar porque esa es su única chanche de obtener ingresos.
El tipo es peligroso, porque no encuentra otra forma de perpetuarse en el cargo que mandar a atropellar y golpear a los otros. La mayor desdicha es que hay votantes de «la ciudad más linda del mundo» que están felices con ello.
Miércoles, 24 de junio de 2026.
*Escritor y periodista.

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