
El intendente tiene miedo, y es peligroso – Por Hugo Muleiro
24 junio, 2026Por Vicente Muleiro*
(para La Tecl@ Eñe)
Postemilla. Absceso que supura. 2 Punta visible de un tumor.
Los eslóganes. Cualquier repaso somero en torno del mal, sus grandes estudios filosóficos, psicológicos y religiosos, se prestan para hacer veloces relaciones con el mileísmo y su banda torva. Se pueden encontrar perlas. Por ejemplo, para Hanna Arendt uno de los motores del mal son los eslóganes, esas vagas envolturas ideológicas para encubrir el sadismo. Entre nos, el hallazgo de figuras como «casta» o «degenerados fiscales» implica, para quien las enuncia, la pose del juramentado que va a por ellos. Pero ese es, en verdad, el arnero que intentará tapar la misión de fondo: formar la propia casta para asaltar al fisco y otras cajas disponibles como las que proveen el narcotráfico y la moneda cripto. Los eslóganes arman la ideología distractiva y en el mismo movimiento develan el verdadero objetivo. Otra línea discursiva es el eticismo –que no la ética-: todo turro que se precie siempre hablará de cruzada moral.
Dicen que la distancia es el olvido. El gran estudio, acaso el más calificado sobre el tema, «El mal o el drama de libertad» del filósofo y ensayista alemán Rudiger Safranski (1945), propone que la cultura de una sociedad se mide por su distancia al horror (menciona Auchwitz y se pueden agregar los genocidios de la colonizaciones, las matanzas de las dictaduras, Hiroshima, entre tantos). La catástrofe humana sería entonces aquello terrible que no puede ni debe repetirse. Si esto es así, en nuestro país, y en esta tercera década del siglo XXI, estamos chapoteando en el espanto porque nuestra vara es la última dictadura militar del siglo XX. Sí, esa que hoy es oficialmente reivindicada y que guarda demasiados vasos comunicantes (represivos, socioeconómicos) con el presente.
Los hdp. Uno de los estudios que se derivan de los análisis del mal es el que se dedica a indagar en la escarnecida categoría del hijo de puta. El poeta y ensayista portugués Alberto Pimenta (1937) escribió un heterodoxo opúsculo que tituló «Discurso sobre el hijo de puta». Al acercar la lupa al cruce hijoputez-política, coloca la piedra fundamental en una acción que por aquí conocemos hasta la humillación y el hartazgo: «Los negocios públicos hechos con fines privados y los negocios privados hechos con fines públicos».
Lo grande y lo pequeño. Alberto Pimenta expresa su temor a lo que podría denominarse la línea de los sargentos de la sociedad. Ha relevado que el hdp tiene siempre a su cargo una operación de fiscalización «de entradas o salidas, de compras o de ventas, de acuerdos, pagos y otros servicios». Lo que teme el poeta es que en ciertas coyunturas –sobre todo cuando el hdp se siente apañado por un poder autoritario- es que se conviertan en mayoría. Por nuestros pagos, el politólogo Guillermo O’ Donnell supo hablar de microdepotismos. Es gente sin uniforme que se dedica –en palabra y acto- a reproducir el poder coactivo. Perejiles, piojos resucitados, pobres de solemnidad, sargentones de manzana o edificio y pedantones al paño (Machado) que aprueban con delectación las bravuconadas de simpatiquísimos criminales públicos a los que, además, y desgraciadamente, votan. A ese personaje Pimenta le dedicó estos versos: «Es el pequeño/hijo de puta/el que da al grande/todo aquello que él/precisa/para ser el gran hijo de puta».
Un buen bife a tiempo. El médico, fisiólogo y escritor argentino Marcelino Cereijido (1933), nacionalizado mexicano en 1993, en su ensayo «Hacia una teoría general de los hijos de puta», sostiene que una de las artes mayores de su objeto de estudio es «restringir adecuadamente» y ejemplifica esta pulsión con ciertas tareas rurales como domar caballos a rebencazos o castrar toros para que arrastren el arado. Recuerda que la Biblia aporta lo suyo. «El que ama a su hijo, lo azota sin cesar». Trasvasadas estas tendencias a la acción política se llega a la tortura y a la aniquilación. Para Cereijido la «obediencia debida» es una consabida táctica de la hijoputez. También el socorrido argumento de que la realidad «no deja otra alternativa» o que «hay que poner orden en la ciudad». Desde ya que se concluye, por ejemplo, reventando ancianos y discapacitados. Se trata de una estratagema táctica e hipócrita común a todos los hijos de puta que en el mundo han sido.
Cómo identificar a un imbécil. En su libro «Trump, ensayo sobre la imbecilidad», el doctor en filosofía y profesor en Harvard Aaraon James (1952) dice que una de las constantes de tal imbecilidad es la esforzada gestualidad y la inflamada verba para «parecer superior a los ojos del próximo». Su trayectoria frecuente comienza por asimilarse al mundo del espectáculo para terminar como payaso bobo. Otra característica que señala el doctor James -y en la que coinciden el pato Donald y el león Javier- es la total falta de respeto por la verdad. Aunque no siempre engañan de manera consciente ya que se confunden en su pose de number one: no tienen claro si quieren fungir de Presidente o de «animador en jefe». Y una más: esta novísima concepción del poder espectacular lleva, a quienes la abrazan, a manejar obsesivamente una de las cumbres del humorismo involuntario, a saber, la más crasa pedantería.
Orgullo y prejuicio. Es mucho más trabajoso para los politólogos, los periodistas, los ensayistas, los sociólogos, los panelistas, los profesores, los conferencistas de café y los encuestadores saber por qué la sociedad soporta a los hdp. A la hora de arriesgar juicios se profieren insultos generalistas (boludos, idiotas, ignorantes, escupidores para arriba, tiradores a los pies, desclasados etc.) Las calificaciones son muy funcionales a la catarsis, a la superioridad política, intelectual y moral para ponerse a salvo de la grey escarnecida. Un comediante e intelectual de por acá nomás dice: «Somos un país hermoso, con una sociedad de mierda, y una gente divina que somos nosotros». Culposo, enseguida se corrige: «Un poco elitista ¿no?». Por lo cual queda navegando, como todos nosotros, en una perplejidad hasta aquí tan ardua de disipar.
Miércoles, 24 de junio de 2026.

*Escritor, dramaturgo, poeta y periodista.

Seguí acompañándonos: Sumate a la campaña «Colaborá con La Tecl@ Eñe».
La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000 ó $10.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Tu aporte es importante para seguir adelante.
Muchas gracias.
Alias de CBU: Lateclaenerevista


