
La obra de teatro «La habitación desconocida”, dirigida por Lautaro Delgado, anuncia ya desde el título que la vida supone atravesar momentos, circunstancias y avatares desconocidos hasta que no se los experimenta con el propio cuerpo.
Por Osvaldo Quiroga*
(para La Tecl@ Eñe)
Cuando se disuelve todo lo fraterno el mundo está en peligro. Lo humano es lo que está amenazado. Desde la “Llegada del tren a la estación”, filmada por los hermanos Lumiere en 1895, hasta la actualidad, los cambios en la subjetividad han sido radicales, y en no menor medida devastadores. Quizá por eso la excelente puesta en escena de «La habitación desconocida”, la obra de Gonzalo Martínez dirigida por Lautaro Delgado, comienza con ese tren que avanza sobre la platea y que en otra época provocaba pánico entre los espectadores, que salían corriendo de la sala. Una pregunta: ¿existe hoy alguna imagen que perturbe la sensibilidad de la mayoría de los habitantes del planeta? Ni la hambruna en Sudán, ni la guerra en Gaza, ni las bombas que arrojan los Estados Unidos sobre Irán alteran el ritmo desenfrenado del capitalismo.
Sin embargo, y a pesar de tantas transformaciones, lo humano se abre camino en la maraña de la selva. Aunque sea para vivir mejor, la separación de una pareja sigue siendo tan dolorosa como traumática; el paso de una instancia a otra no se hace sin pesar. Ya desde el título, “La habitación desconocida” anuncia que la vida supone atravesar momentos, circunstancias y avatares desconocidos hasta que no se los experimenta con el propio cuerpo. La pareja de Paula y Horacio llega a su fin después de haber vivido la experiencia del amor y del nacimiento de los hijos. Lo que queda ahora son palabras hirientes, desplantes, enfrentamientos y reproches. Pero esas palabras, precisamente, son las mismas que repite tanto él como ella. Ambos actúan como un espejo borgeano que muestra la misma imagen alternativamente. Las oraciones surgen como latigazos que van y vienen. El dolor es siempre un agujero negro que sólo puede rondarse sin tocar el fondo. Paula y Horacio están atrapados por el lenguaje.
La puesta en escena de Lautaro Delgado tiene la sutileza y la hondura que ya puso al descubierto en realizaciones como “Seré” y “El corazón del mundo”. Su admirable escritura en el espacio escénico es una combinación entre iluminación y escenografía, música y movimientos. El diseño holográfico trae a personajes que hacen a la trama de la historia. Nadie nace ni vive sin el universo de relaciones que han configurado la propia existencia.
Paula y Horacio están tan atados al lenguaje que repiten los mismos textos de manera indistinta. Las logradas actuaciones de Sofía Brito y Guillermo Angelelli hacen que las palabras resuenen en sus cuerpos. Por momentos son gritos desesperados, pero en otros hay algo de la ternura perdida, del adiós inminente. ¿Y si se dijeran otras cosas? ¿Si asociaran el lenguaje a los modos de vida? Quizá lo que transmite este espectáculo es la percepción de un real insoportable en el que la humanidad parece atrapada, acaso el de cierta desesperación al vivir en un universo cada vez más brutal e inhumano. En el arte siempre lo que no se dice tiene más peso que lo que se dice. En la vida también.
(“La habitación desconocida”, de Gonzalo Martínez. Dirección: Lautaro Delgado Tymruk. Escenografía y vestuario: Paola Delgado. Iluminación: Ricardo Sica. Música original: Marco Bailo. Diseño de video: Federico Castro. Participan en el video holográfico: Federico Cherr, Fermín Nogueira, José Mehrez, Natacha Delgado y Vera Nogueira. En la Sala Cunill Cabanellas del Teatro San Martín).
Lunes, 18 de mayo de 2026.
*Periodista especializado en Cultura, creador de El Refugio y Otra Trama. Actualmente al frente de El Refugio en la radio de Las Madres de Plaza de Mayo, AM 530 Somos Radio.

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