
Que el secretario de guerra de Trump haya recitado una adaptación derivada de un fragmento de la película Pulp Fiction, en el contexto de una ceremonia religiosa organizada por el Pentágono, no es producto de un error o fruto del delirio, es sintomático de lo que ocurre cuando las reglas que constituyen el mundo que habitamos se trastornan o dejan, directamente, de estar vigentes.
Por David Sibio*
(para La Tecl@ Eñe)
“Hay momentos de excepción en los que la realidad (o una parte de la realidad) cobra la forma aparente de una ficción. Hay momentos de excepción en los que un destello de aparente ficción refulge en plena realidad. Y entonces lo increíble sucede. Es increíble, no es verosímil y, sin embargo, sucede. No parece verdad, pero es verdad. Parece ficción y es verdad.”
Martín Kohan.
Hace rato que los límites que separan la realidad de la ficción están seriamente alterados. Nuestra mirada se mueve pendularmente desde las ficciones hacia los hechos, y luego desde los hechos hacia a las ficciones, y nuevamente desde las ficciones a los hechos, y ya no podemos distinguir entre una cosa y otra. Estamos metidos en una guerra cognitiva en la que nos acechan las ficciones. Y parece no haber ley que pueda reestablecer algún orden en este escenario de confusión que beneficia únicamente a los dueños del mundo. Dueños del mundo: los que hacen las leyes a la medida de sus intereses. Leyes para concentrar y preservar su riqueza extraordinaria. Esa riqueza que en pocas manos trae como resultado un mundo de desigualdades brutales que aceleran, día a día, hacia un destino signado por el genocidio.
La situación de la distopía en curso se ha agravado tanto que no deja de arrojar escenas sintomáticas que se reproducen a la vista de todos y todas. Hace unos días, Pete Hegseth (el secretario de Guerra del gobierno de Trump) citó un versículo de la Biblia que resultó ser la adaptación de un fragmento bíblico que recita el personaje interpretado por Samuel L. Jackson en la película Pulp Fiction. El fragmento “Ezequiel 25:17” que recita Jules Winnfield (así se llama el personaje que interpreta Jackson) es una versión ficticia del pasaje bíblico. Tarantino lo toma de una película del año 1973 titulada Bodyguard Kiba. Jules dice citar la Biblia, pero en realidad cita una versión ficticia que se reproduce en una película japonesa de artes marciales de los años setenta. En Pulp Fiction, Jules Winnfield recita estas palabras antes de ejecutar a alguien:
“El camino del hombre justo está acechado por todos lados / Por las iniquidades de los egoístas / Y la tiranía de los hombres malvados / Bendito sea aquel que, en nombre de la caridad y la buena voluntad / Guía a los débiles a través del valle de la oscuridad / Porque él es verdaderamente el cuidador de su hermano / Y aquel que encuentra a los niños perdidos / Y descargaré gran venganza y furiosa ira / Sobre aquellos que intenten corromper y destruir a mis hermanos / Y sabrás que mi nombre es el Señor / Cuando desate mi venganza sobre ti“
“Pulp” es una palabra que designa, entre otras cosas, al material barato y de escasa calidad que hacía de soporte físico de las publicaciones de la popular literatura de ficción de diversos géneros que se imprimía en EE.UU., entre los años 1896 y 1950. “Pulp” hace referencia al papel de pulpa de madera barato que se usaba para imprimir revistas. El término pulp fiction (ficción pulp) deriva del soporte material en el que se publicaban estas ficciones.
La película de Quentin Tarantino, Pulp Fiction, del año 1994 le rinde homenaje en su título y en las historias que narra a la ficción pulp. La película no toma narraciones de la realidad, sino que recicla historias criminales/policiales ya conocidas (el último trabajo de un par de sicarios, el viejo boxeador y la pelea arreglada, la salida muy accidentada con la esposa del jefe criminal o un robo fallido). Estas historias fueron representadas en otras películas y publicaciones, y por eso los actores de Pulp Fiction actúan como personajes de película, con frases ingeniosas y memorables. No representan a personas reales, representan personajes de ficción. Esto hace de la película un producto posmoderno en estado de gracia: una remezcla, un remix, de viejos recursos que crean un enfoque autorreferencial, una reinterpretación de lo que hubo antes que permite recrear algo nuevo, y que, a su vez, será triturado en el futuro para volver a crear otra cosa. La trama también es posmoderna: es una “cronología acrónica”, una narrativa no lineal que resulta en una cacofonía de múltiples líneas temporales y diferentes perspectivas.[1] Una forma distinta a la del gran relato lineal que caracterizó a la modernidad. Lo posmoderno es una repetición paródica y fragmentada del mundo a través de todas las representaciones culturales que fueron conformando nuestro sentido común: las historias conocidas y desconocidas que tejen la trama de ficciones de la ideología dominante.
Que el secretario de guerra de Trump haya recitado una adaptación derivada del fragmento de Pulp Fiction, en el contexto de una ceremonia religiosa organizada por el Pentágono, no es producto de un error o fruto del delirio. Este momento es sintomático: es lo que sucede cuando las reglas que constituyen el mundo que habitamos se trastornan o dejan, directamente, de estar vigentes. Estamos en lo que Giuliano da Empoli denomina como “la hora de los depredadores”, la hora del poder arbitrario de hombres que están más allá de las leyes que garantizan el derecho, porque es la hora de hombres para quienes el derecho es solo la razón del más fuerte.
Cuando Hegseth hace un remix fascista de la cultura pop y recita el monologo de un asesino que se prepara para ejecutar a su víctima, constituye el contenido narrativo o expresa la verdad del Estado en su papel de “imperio de las ficciones” y prepara al público para lo que sucederá a continuación del monologo: el exterminio. Como sostiene Roberto Saviano, en su novela-investigación Gomorra, el cine no examina cuidadosamente el mundo criminal, sino que es el mundo criminal el que se vale de lo que ve en el cine y lo imita. Los criminales de la camorra napolitana, al igual que Hegseth, “deben crearse una imagen criminal que a menudo no tienen, y que encuentran en el cine.” Como el caso de Giuseppe M. y Romeo P., dos jóvenes de Casal di Principe que querían hacer saber que eran personas temibles y un día salieron a la calle con una metralleta y dispararon contra un grupo de muchachos cuidándose de no alcanzar a nadie con las balas. “Antes de disparar, […] uno de ellos había recitado algo. Nadie había entendido bien lo que mascullaba, pero un testigo dijo que se parecía a la Biblia, y había apuntado la hipótesis de que tal vez los chicos estuvieran preparándose para la confirmación. Sin embargo, a partir de unas cuantas frases entresacadas se hacía evidente que no se trataba de los pasajes de la confirmación. Era la Biblia, en efecto, pero aprendida no del catecismo, sino de Quentin Tarantino. Era el pasaje recitado por Jules Winnfield en Pulp Fiction antes de matar al muchacho que había hecho desaparecer el valiosísimo maletín de Marcellus Wallace.” En su comentario sobre el libro de Saviano, Bifo Berardi escribe que el código lógico del neoliberalismo tiene la forma de la organización criminal mafiosa. Lo neoliberal no es “un proceso interminable e ininterrumpido de desregulación, en realidad es exactamente lo contrario”: la cancelación de las leyes de la convivencia y la imposición de las leyes de la violencia. El secretario de guerra de Trump lo sabe y por eso habla en la lengua de la política pulp.
Referencias:
[1] Aquí seguimos la explicación desarrollada en el recomendable “El legado de Pulp Fiction”, realizado por la emisora alemana de noticias Deutsche Welle con motivo del aniversario número treinta de la película de Tarantino. El material audiovisual está disponible en el canal de la DW en YouTube.
Sábado, 2 de mayo de 2026.
*Docente de filosofía en Universidad Nacional de General Sarmiento.

La Tecl@ Eñe viene sosteniendo, desde su creación en 2001, la idea de hacer periodismo de calidad entendiendo la información y la comunicación como un derecho público, y por ello todas las notas de la revista se encuentran abiertas, siempre accesibles para quien quiera leerlas. Sabemos que son tiempos muy difíciles, pero para poder seguir sosteniendo el sitio y crecer les pedimos, a quienes puedan, que contribuyan con La Tecl@ Eñe. Pueden colaborar con $5.000 ó $10.000. Si estos montos no se adecuan a sus posibilidades, consideren el aporte que puedan realizar.
Tu aporte es importante para seguir adelante.
Muchas gracias.
Alias de CBU: Lateclaenerevista