

La obra de teatro «Silencio de hembra», escrita por Mónica Salvador, denuncia aquellos silencios intrafamiliares que se llevan en el cuerpo durante años, hasta que algún día afloran como aullidos.
Por Mónica Salvador*
(para La Tecl@ Eñe)
El teatro nació conmigo mucho antes de leer o ir a ver una obra de teatro. Quizás al nacer en un hogar disfuncional mi liberación era crear mundos imaginarios casi perfectos. Como mundos ideales. Eso lo fui desarrollando en la adolescencia en un colegio que me permitió poner en escena obras que escribía y actuaba para todos. En un colegio como fue el Esteban Echeverría de Munro. Una época donde la expresión artística estaba silenciada, pero en el colegio se respetaba la expresión de los alumnos. El Rector Rubén Cucuzza alentaba lo que desde su madurez vislumbraba de nuestras vocaciones. A mí, la de actriz y esa dramaturga artesanal que con los años y la profesión de abogada que fue expresando a través del arte teatral muchas injusticias silenciadas estancadas – por temas burocráticos – dentro de un sistema judicial que en varias ocasiones llega tarde.
Cuando escribo recreo casos que escuché y también los entrelazo con experiencias vividas en mi niñez.
En el caso de «Silencio de Hembra» me atraviesa el silencio que guardé desde los siete años hasta los doce, en que pude Gritar o poner en palabras. «Silencio de hembra» increpa a mujeres y también a varones. Hablar, poner en palabras y reflexionar a través del arte es sanador para todos. Quien lo representa y quien lo recibe. Y en adolescentes podría actuar como prevención o liberación de ese silencio.
Esta obra denuncia esos silencios intrafamiliares que llevamos en el cuerpo durante años, hasta que algún día afloran como aullidos, o no lo hacen nunca. Es un texto profundo, sensible, escrito desde sensaciones selladas en el cuerpo de muchas mujeres y algunos hombres. Los silencios intrafamiliares atraviesan todas las generaciones, todas las familias y no tiene etiqueta ni clase social, nos interpela absolutamente a todos. Silencios desde el “respeto”, desde la amenaza, desde el temor o la culpa han interpelado históricamente las familias de todas las nacionalidades del mundo. Romper con eso es soltar una cadena milenaria de responsabilidades. En esta obra se destaca el vínculo de tres generaciones: la abuela que observa y calla porque era el mandato destacado de su época, la madre que ignora pero escucha y la hija que rompe el silencio y aúlla la verdad, esa verdad contenida en la memoria ancestral. La letra del texto cobra magia en este unipersonal cuando Belén Santos le pone voz, danza y música en el piano. La pieza se transforma en un ensueño delicado y profundo que logra en co-creación de una gran directora como es Herminia Jensezian.
Como dramaturga cierro una tetralogía compuesta por “La Última Vez” (2013) donde abordé por primera vez en teatro el tema de violencia de género, “Moobing” (2023), sobre violencia y acoso dentro del ámbito laboral, “Grooming Mi Primera Vez” (2025) donde se aborda el ciberdelito en adolescentes, y ahora “Silencio de Hembra” (2026) donde soy espectadora de una creación maravillosa de mujeres talentosas.
Cuando escribo teatro busco visibilizar temas sensibles que nos ocurren en el hogar o en un ámbito conocido, donde uno debería estar seguro, pero que por diferentes razones terminan vinculados al ámbito del derecho. Justamente, esa fusión entre la dramaturgia y los temas que transité como abogada, hacen que recorra un camino inédito, inexplorado por otros dramaturgos y para mí liberador. Porque hablar sobre lo que nos duele o escribir sobre ello nos libera. Además, cuando se completa con el público en el ámbito teatral, se transforma en un acto colectivo empático y de agradecimiento.
Me ha pasado, en varias obras, que las personas después de verlas ‘cuentan’, logran poner en palabras aquello que una vez les ocurrió. Y cuando uno rompe el silencio de algo que lo oprimió durante mucho tiempo, la sensación es absolutamente sanadora.
Esta obra es diferente a las demás porque no estoy en escena. Es una ofrenda que le hice a mi hija Belén, inspirada en su talento con el piano y la danza. Decidí escribir algo que nos represente a todas, y a muchos varones también, que se pueda expresar desde lo visual, lo sonoro y lo sensorial para que el arte nos permita bucear sobre los temas que nos duelen. Belén le presentó en proyecto a Herminia con quien ya había trabajado en otras obras y habían recorrido escenario juntas; el proceso de ensayos fue de seis meses en donde el texto se fue haciendo cuerpo poco a poco y la música en escena surgió como un canal, una vía que encontraron para que el personaje recuerde y se encuentre con la niña que fue y la mujer que es. La aparición de objetos y sombras aluden a los sueños y las pesadillas que se atraviesan durante la obra.
Hay poesía, mucha poesía, y un tic-tac de un metrónomo que marca el pulso de un cuerpo que necesita aullar para sanar y reconstruir su vida. Como espectadores serán testigos y sentirán ese pulso en diferentes velocidades para armar el rompecabezas o desarmarlo todo.
Es una propuesta teatral diferente, donde la palabra se entrelaza con elementos que sugieren momentos, mientras el piano ensambla en forma progresiva lo que desemboca en el desenlace de la obra. Teatro puro en esencia para cautivar con el movimiento, la palabra y los sonidos. La emoción y los recuerdos familiares serán resonantes en cada espectador y el silencio se transformará en Libertad del Alma.
Un cuerpo que lucha entre el secreto y la libertad.
*Mónica Salvador, abogada y dramaturga. Autora de «Silencio de hembra» que se presenta los domingos a las 18 hs. en Teatro Tadrón, Cnel. Niceto Vega 4802, C1414 Cdad. Autónoma de Buenos Aires.

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