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Subjetividad Mortífera y Negacionismo – Por Osvaldo Fernández Santos

Durante los últimos años, el impacto de los avances científicos en la producción de la subjetividad ha sido mayúsculo. En este artículo sólo se abordarán los aspectos concernientes a la instrumentación de la innovación tecnológica como herramienta de poder y territorio de asimétrica disputa ideológica. Un dato estremecedor de la captura de la subjetividad es el negacionismo y la banalización de la dictadura cívico-militar exhibidos por usuarios reales en las redes sociales, el día de la conmemoración del horror.

Por Osvaldo Fernández Santos*

(para La [email protected] Eñe)

           

La cuestión de la producción-reproducción de subjetividad, históricamente estuvo ligada, entre otras determinaciones, a los medios de comunicación masiva. La híper-concentración de la riqueza y la revolución tecnológica, introdujeron un nivel de evolución en términos de la meta captura ideológica, con consecuencias sociales y políticas impactantes, que hicieron estallar los modos clásicos de creación de sentido y de los vínculos humanos.

 “La grieta”, no es solo una degradación de la lucha de clases, sino un concepto social novedoso de origen espurio y maniqueo, que más allá de sus condiciones de partida, finalizó dando cuenta de ciertos cambios estructurales operados a nivel de la subjetividad.

La implementación de algoritmos en las redes “sociales”, llevaron al trabajo particularizado de imposición de significación, verosímilmente hasta singularizado, en forma complementaria de la narrativa general justificativa de la “naturaleza” intrínseca del capitalismo y el valor de la meritocracia como sistema de vida.

La estrategia justificatoria de la inequidad extrema como modo de existencia, se basó/a (en esto no hay novedad) en la creación de un enemigo, bajo la égida del odio como ratio fundante y última de toda argumentación. Todo instituyente que cuestione el statu-quo es lo otro a ser combatido, defenestrado, y en el extremo eliminado.

Las bolsas mortuorias como reciente símbolo de la derecha argentina, no son metafóricamente aleatorias sino inherentes a la beligerancia creciente de la compulsión destructiva que reemplaza el trabajo de pensamiento. Los antecedentes simbólicos exhibidos en las marchas reaccionarias de muñecos que simulaban el ahorcamiento de dirigentes populares, el grito de guerra de “a los negros de mierda hay que matarlos a todos”, la vocinglería desenfrenada de odio de la mayoría de los manifestantes a los que se les acerca un micrófono, dan cuenta del recorrido lógico hasta la aparición de las bolsas mortuorias con los nombres de dirigentes de Derechos Humanos, gremialistas, y políticos.     

Cabe resaltar la falta de innovación en la elección de la estrategia bélica, residiendo la novedad en el crecimiento exponencial de la escala en la instalación del odio. La alienación odiante se propicia-genera por medio de operaciones sofisticadas de posverdad, fake news/lawfare, la propagación ilimitada de las puestas en escenas como noticias en los medios hegemónicos de comunicación y redes “sociales”, y la reiteración de consignas básicas e ingeniosas como propuesta identitaria de pertenencia al sentido común dominante. El otrora orgulloso “apolítico” devino en un cruzado del ideario de las clases dominantes.

La naturalización del cinismo es intrínseca al dispositivo para la captura subjetiva. A posteriori, el cinismo es asumido en modo identificatorio o mimético. La dinámica alienante incluye la asignación del lugar del fanatismo a todo aquel que pretenda con argumentos racionales y datos concretos, cuestionar el imaginario neoliberal.

Las resistencias históricas a la inequidad debieron incorporar las disputas en el campo etéreo de la virtualidad a las luchas territoriales, con disparidad de recursos económicos y a dominancia con las saludables limitaciones inherentes a la ética. 

 

Polémica por el mensaje negacionista de Gómez Centurión en el Día de la Memoria - Primereando Las Noticias

 

La inmediatez de la comunicación en las redes, el afán de figuración propuesto y explotado por las mismas, así como el legítimo derecho de expresión, facilitan el conocimiento del posicionamiento ideológico instantáneo de seres significativos ante cada coyuntura; generando un malestar mayúsculo con ruptura o distanciamiento de vínculos, en universos de improbable intersección. Dolor, enojo y estremecimiento en espejo, ya sea por la toma de conciencia del relajamiento ético del otro significativo, o de su descalificación por fanático. En el primer caso, además, asumiendo la vivencia del vínculo un carácter siniestro, ante lo familiar que se torna repentinamente en terrorífico.

El odio como fundante de la imposición de significación condiciona la extensión de la definición de la categoría de semejante. La aporofobia, la xenofobia, y el racismo son promovidos por las representaciones inherentes al sostenimiento de la asimetría inconmensurable de la distribución de la riqueza.

La bipartición del mundo en torno de la aspiración a la equidad y la oposición a la misma, ha sido atravesada de modo brutal por la instrumentación de los avances tecnológicos para la captura subjetiva en función del sostenimiento de privilegios extremos, generando la existencia de dos culturas cuantitativamente dominantes dentro de una misma sociedad.

La eficacia de la estrategia alienante es indiscutible, las consecuencias políticas nefastas pero remediables o disputables; ahora, los estragos en la subjetividad son de devenir incierto: el negacionismo y la banalización de la dictadura cívico-eclesiástico-militar exhibido el día de la conmemoración del horror, por usuarios reales en las redes, es un dato estremecedor en tal sentido.

 

Buenos Aires, 25 de marzo de 2021

*Psicólogo-Psicoanalista

                                                                                 

                                                                                   

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