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Niñez y Pandemia ¿Cuál es el límite? – Por Osvaldo Fernández Santos

En el marco estructural de la coyuntura actual de la judicialización de un  decreto presidencial por el jefe de gobierno de CABA, el psicoanalista Osvaldo Fernández Santos indaga por la incidencia en la subjetividad de la desmentida política de los riesgos mortíferos que acechan a la población, y el lugar asignado a la niñez en la disputa por la presencialidad en las clases.

Por Osvaldo Fernández Santos*

(para La [email protected] Eñe)

 

Gabriel García Márquez en la CABA del siglo XXI hubiese debido buscar otro oficio, y en caso de querer ser escritor, iluminar el género del “realismo a secas” porque el mágico, aunque trágico, impregna la cotidianeidad. Joseph Goebbels, otra vez no hubiese podido ser escritor, pero con poco margen para la duda, hubiera sido declarado ciudadano ilustre.

La incidencia del odio programado en la producción de subjetividad en Argentina, es una problemática con consecuencias aún no del todo dimensionadas y en proceso creciente, que pone en riesgo la mismísima concepción de humanidad. [i]

Las operaciones del gobierno de Larreta ante las medidas del Gobierno Nacional para enfrentar la pandemia del corana-virus, conllevan en lo institucional una gravedad inusitada, con indicios ciertos de condición de partida en la construcción de un golpe blando. Reviste tal gravedad la operación, que el objetivo electoralista del jefe de gobierno porteño, comparativamente, constituye una inmoralidad menor. El reciente fallo de la Corte Suprema dando lugar a las maniobras de Cambiemos, por un lado articula con el socavamiento del poder democrático; y por el otro lado, aporta al negacionismo de la gravedad de la pandemia.

El párrafo anterior describe el marco estructural de la coyuntura actual, no obstante, la idea central de esta nota es indagar por la incidencia en la subjetividad de la desmentida política de los riesgos mortíferos que acechan a la población, y el lugar asignado a la niñez. La pregunta del título no alude a la perversión política de arrancar del contexto de alerta sanitaria a la presencialidad en las escuelas, sino a la ciudadanía que queda inerme ante la maquinaria goebbeliana de la alianza compuesta por el gobierno de CABA, los medios hegemónicos de comunicación y el poder judicial.   

La irrupción de la pandemia, entre otras múltiples cuestiones, ha puesto en conflicto dos dimensiones del yo, que en tiempos sin sobresaltos tienden a una convivencia armónica: la autoconservación y la autopreservación. La autoconservación alude a las representaciones que en líneas generales responden al cuidado de la vida, y la autopreservación toma a su cargo a las representaciones que constituyen la identidad de la persona. En los extremos del conflicto uno puede tener que dejar de ser quien es para vivir, o morir para no perder la identidad.

La experiencia estadística y científica internacional ha ido permitiendo asirnos de conocimientos -muchas veces provisorios- para mitigar el contagio de la covid-19. Entre ellos la higiene, el aislamiento, el distanciamiento, la utilización del barbijo, la vacunación. En el caso específico de la cursada presencial en las escuelas, se ha constatado que cuando la circulación del virus no está controlada, su implementación potencia entre un 20 y un 30 % la cantidad de infecciones. En los países que lograron aminorar la contagiosidad, se han establecido criterios en base al estudio de la realidad epidemiológica para determinar cuándo deben suspenderse las clases presenciales: las mismas cesan cuando la tasa de contagio es mayor a 200 por cada 100.000 habitantes.[ii] En la Argentina nos hallamos en el pico de casos desde el inicio de la pandemia, con el sistema sanitario al borde del colapso. En CABA la cantidad de contagios es de 1350 por cada 100.000 habitantes, las franjas etarias en la que más suben los contagios son entre los 0 y 9 años y entre 9 y 19. A su vez CABA presenta la mayor tasa de mortalidad del país con 2477 fallecidos por cada millón de habitantes, siendo la media nacional de 1374 por millón de habitantes. Se investiga con hipótesis serias, que las nuevas cepas de la covid-19 afectan más a las niñas y los niños que las anteriores. Los hospitales infanto-juveniles se encuentran con la mayor cantidad de internados desde el inicio de la peste. Desde la apertura de las clases presenciales, la mortalidad infantil se incrementó casi en un 10%.[iii]

Tanto el índice de morbilidad  como de mortalidad infantil son alarmantes, así como inquietante la prevalencia de posibles secuelas post-covid. Resulta ominoso que en la argumentación para el cese de la escolaridad presencial, se acentué la posibilidad del contagio desde la/os niña/os hacia los adultos a cargo, y no en la protección misma de la/os niña/os. La preocupación resulta idéntica para la argumentación inversa, que a modo de consigna reza que la escuela es lo último que se cierra y lo primero que se abre. ¿Cuál es el lugar que se otorga a la niñez?      

Otras preguntas conllevan la posibilidad de infaustas respuestas: ¿Los ideólogos de la presencialidad como emblema de oposición, envían a sus hija/os a la escuela? ¿Qué sucede con el sector de la sociedad que expone la vida de la/os hija/os en pos de preservar la subjetividad mortífera?

Si el amor y la responsabilidad ética por el cuidado de niñas y niños por parte de los adultos a cargo -requisito imprescindible en el proceso de humanización- no opera como corte de la captura subjetiva: ¿cuál es el límite?     

        

Referencias:

[i] Ver https://lateclaenerevista.com/subjetividad-mortifera-y-negacionismo-por-osvaldo-fernandez-santos/

[ii] En Alemania se ha establecido en 160 cada 100.000 habitantes.

[iii] Según datos de la Sala de Situación de Niñez y Adolescencia la cantidad de niña/os fallecidos al 23/2/21 era de 155 y al 5/4/21 de 169.

 

Buenos Aires, 5 de mayo de 2021.

Psicólogo – Psicoanalista    

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