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Maradona, un infierno encantador – Por Esteban Rodríguez Alzueta

Por Esteban Rodríguez Alzueta*

(para La [email protected] Eñe)

 

Una imagen vale más que mil palabras y la verdad que en estos días circularon cientos de imágenes cada una mejor que la otra, cada una iluminando lugares secretos que sostienen la devoción popular. Formo parte de la generación Maradona, que creció con los goles de Maradona, jugando a ser el Maradona que nos llegaba con la voz de Víctor Hugo mientras nos revolcábamos en algún potrero. La mía fue una generación que creció sin referencias políticas, pero había mucho rock y futbol dando vueltas. Y si encima Maradona se movía en distintas canchas, de manera indisciplinada, metiendo las palabras donde estaban reservadas a los expertos y los profesionales de la política, se comprende que Diego se ganase la atención, el respeto y el cariño de tanta gente, que encontrasen en él no solo su destreza sino aquellas palabras filosas para proyectar sus problemas, sus broncas, sus esperanzas.

No quiero ser larguero, pero quiero decir un par de cosas, acaso para encontrar un poco de consuelo mientras escribo. En tiempos de ángeles y demonios, cuando el mundo se vuelve maniqueo, Diego nos enseña que eso no existe, que siempre somos ángeles y demonios, que se puede estar con el bien y hacer el mal, o estar con el mal y hacer el bien. Así de compleja y contradictoria es la vida. Más aún cuando la sociedad metió su cuchara. Porque Diego nos enseña también que siempre estamos en el error, por eso las palabras de Diego cuando llegaban con entrevistas largas y pausadas llegaban a veces con una mirada piadosa, reclamando comprensión, perspectiva. En esas entrevistas la figura de la madre siempre estaba presente, dando vueltas. La madre que lo rescataba, la madre que sabía siempre iba a estar ahí, pasara lo que pasara.

Diego es el exceso pero también la economía de la frase corta, al pie, bien calibrada. Es derroche pero también precisión, dinamita. Cuando Diego hablaba todos nos deteníamos a escuchar sus palabras. Y aquello que decía iba a parar al arcón de la memoria. Maradona es una colección de frases iluminadas que fueron madurando con  el paso del tiempo, que crecieron con nosotros. Porque Diego, con la misma destreza, nos pasaba sus palabras para que nosotros siguiéramos avanzando en nuestro derrotero. Las palabras de Diego nunca fueron inocentes. Diego tomaba riesgos cuando abría la boca. Como dijo alguna vez el viejo Viñas: a mayor exposición crítica mayor es el riesgo de sanción. Y la verdad que no fueron pocos los que hicieron colas durante estas cuatro largas décadas para pegarle a Maradona.

Dije que Maradona es el derroche, el gasto inútil. Maradona empezó varias veces de abajo, porque siempre se patinó lo que tenía. El dinero no se dispone para hacer ahorrado, especulado, fugado, sino gastado, festejado. El gasto inútil que llega con el despilfarro, con la joda, es la manera de motorizar y celebrar la amistad, de construir vínculos, afectos. Supongo que la vida le pasó finalmente la cuenta, pero quién te quita lo bailado adentro y fuera de la cancha.

No debe haber sido fácil ser Maradona, estar en el pellejo de Maradona. Cuando a Diego le tocó ser Maradona no había un entorno que blindase al futbolista, que preservase su intimidad, separando la vida pública de la privada. Hoy hay muchos futbolistas que tienen entornos seguros que le aseguran que su vida se juzgue a través de lo que sucede en la cancha. Maradona es un invento de la sociedad y la sociedad, o gran parte de ella es una mierda. Maradona solo puso en palabras las contradicciones que nos definen, fue un espejo donde mirarse de frente, inevitablemente.

Todavía hay gente que le sigue levantando la banderita de posición adelantada, que tiene la necesidad de desmarcarse de sus trayectorias sinuosas en la vida privada y pública. Que se mueve por las redes sociales como patrullas morales perdidas. En tiempos tomados por lo políticamente correcto, Maradona nos devuelve la incorrección, siempre jugo en orsai. Maradona siempre o casi siempre fue incorrecto. Esto nos desconcierta también, porque el ídolo se corre del canon que debe seguirse para estar en el panteón. Diego es el bien y el mal, y encima, como reza una canción del Indio Solari, que sabe de estas cosas… “el infierno está encantador”.    

 

La Plata, 27 de noviembre de 2020.

*Docente e investigador de la Universidad Nacional de Quilmes. Director del LESyC y la revista Cuestiones Criminales. Autor entre otros libros de Vecinocracia: olfato social y linchamientos y Yuta: el verdugueo policial desde la perspectiva juvenil.

1 Comment

  1. Monica dice:

    Lindo texyo todito, yo saco un bocadito , gracias. «Y si encima Maradona se movía en distintas canchas, de manera indisciplinada, metiendo las palabras donde estaban reservadas a los expertos y los profesionales de la política, se comprende que Diego se ganase la atención, el respeto y el cariño de tanta gente, que encontrasen en él no solo su destreza sino aquellas palabras filosas para proyectar sus problemas, sus broncas, sus esperanzas.»

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