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La heladera vacía y el voto antimacrista – Por Juan Carlos Aguiló

Foto: TELAM

La fórmula Fernández-Fernández fue un paso imprescindible que ordena a la mayoría de la “tropa propia” y canaliza las expectativas de vastos sectores. Pero no es suficiente, hay que consolidar las preferencias de aquellas/os que ya expresan su adhesión a la propuesta y conquistar nuevas voluntades para que el triunfo sea categórico y contundente.

Por Juan Carlos Aguiló*

(para La Tecl@ Eñe)

 

Consideramos que los sectores dominantes que conforman el núcleo central del actual gobierno neoliberal en el poder desde diciembre de 2015 no son novedosos al endilgar las frustraciones nacionales a las “derivas populistas” de la segunda mitad del siglo XX y la primera década del actual. Repiten en clave “duranbarbista” la vulgata liberal que ha sostenido, desde los inicios de nuestra vida política-institucional, la visión denigratoria de los sectores populares y de los proyectos políticos que han ampliado sus derechos y mejorado sus condiciones de vida. Los análisis cuantitativos sobre crecimiento del PBI y del PBI per cápita refutan contundentemente estos argumentos y demuestran que las etapas de la historia nacional en las que el Estado ha regulado a los mercados y promovido la inclusión social vía el mejoramiento de los ingresos de los trabajadores y las capas medias han sido los generadores de los momentos expansivos en términos de riqueza nacional y bienestar de las mayorías.

Sin embargo, y a pesar de estas evidencias que lamentablemente quedan relegadas a círculos académicos o de militancia, durante la larga y destructiva campaña del 2015, la derecha neoliberal logró, como desprendimiento del discurso más general que recién mencionamos, instalar la idea del desmerecimiento de las mejoras en las condiciones de vida de los sectores populares bajo la excusa del derroche desmesurado de los recursos públicos. Mas allá de la utilización hasta el paroxismo de la supuesta (¿comprobada o no? ¿a alguien le importa eso?) corrupción inherente al gobierno kirchnerista y por consiguiente a los populismos antecesores, el aparato de guerra mediática de la “nueva” derecha argentina fue muy eficiente en instalar en el imaginario de buena parte de los/as argentinos/as la idea del desmerecimiento en las conquistas y derechos reconocidos por los gobiernos populares. De la mano de esta acusación de despilfarro, que indigna porque proviene de los sectores dominantes prebendarios, evasores y fugadores seriales de la historia argentina, machacaron con la reedición de la clásica culpabilización liberal de las personas en condiciones de pobreza y/o exclusión que tuvieran alguna vinculación con políticas estatales de inclusión social. El “agarra la pala” y “basta de vivir de la teta del Estado” reapareció con fuerzas de la mano de la promoción de un emprendedorismo bobo distribuido en un formato de autoayuda que apela a una meritocracia ramplona y despolitizante. Las razones por las que amplias capas de la sociedad se reconocen en estas interpelaciones exceden estas reflexiones y habrá que apelar a los esclarecedores textos, entre otros, de Jorge Alemán para indagar algunas respuestas. Solo diremos que no es una invención “Pro” la apelación a estos discursos. Un individualismo extremo, apolítico, anti-estatal, xenófobo y racista prolifera en las sociedades occidentales como el clima cultural de un neoliberalismo que se presenta como omnipotente e inconmovible ante la obscena concentración de la riqueza mundial que es la contracara del hambre, la miseria y la degradación de las condiciones de vida de la mayoría de población del planeta.

La versión criolla de esta nueva forma de dominación es a todas luces patética. Incompetente, corrupta e insensible ante las demandas populares y, sin embargo, todavía tiene posibilidades electorales. A pesar de la estrepitosa caída en la popularidad del actual presidente no está descartado que sea competitivo en la próxima y decisiva contienda electoral. Él o la gobernadora de la provincia de Buenos Aires que pretende ser una versión edulcorada del mismo proyecto político que ha incrementado la pobreza, el desempleo, el hambre y la miseria de una enorme cantidad de compatriotas. ¿Cómo es posible que a pesar de la “heladera vacía” la actual alianza de gobierno tenga posibilidades electorales en agosto y octubre? Usamos la imagen de la heladera vacía porque hemos leído en las redes que muchas/os, sin duda de buena fe, plantean, de manera metafórica, que serán las condiciones materiales de existencia, degradas sin duda por la alianza cambiemos, las que conducirán a las/os argentinas/os a votar masivamente para desplazarlos democráticamente del poder y retomar el camino del bienestar para las grandes mayorías.

Parece que hace ya muchas décadas que en el mundo y en nuestro país no es posible determinar linealmente condiciones materiales de vida e intención de voto. Si es que alguna vez esto tuvo esa correlación directa – cosa sobre la que los expertos no se han puesto de acuerdo – la hegemonía cultural neoliberal reinante en las últimas décadas la pone más en duda que nunca. Sin duda que la situación económica que afecte a las/os ciudadanas/os más perjudicados por las medidas neoliberales de cambiemos debería tener influencia a la hora de votar por una opción que devuelva al país a la senda del desarrollo económico con inclusión social. ¿Pero, tendrá la fuerza suficiente como para lograr las amplias mayorías necesarias para alcanzar el crucial triunfo electoral? Decimos crucial porque sin la recuperación del control político de los destinos del país no hay futuro de inclusión, de desarrollo y bienestar para las mayorías. ¿Pero, y si todavía algunos sectores siguen pensando que no merecen mejores condiciones de vida, o lo que es peor, no pueden obtenerlas por culpa de un Estado que derrocha en sostener vagos? ¿Cómo llegamos a ellos sin denostarlos y descalificarlos, intentando convencerlos en la jungla despiadada de las “fake-news” que propala el complejo mediático dominante? Hasta hace poco parecía una tarea desmesurada pero hoy contamos con una expectativa renovada: contamos con una fórmula para presidente y vice que ha descolocado a la alianza gobernante (política-mediática-judicial) que resolvió de manera brillante e inesperada el acertijo de contar con Cristina en la fórmula sin ser la candidata a presidenta. El candidato a presidente, Alberto Fernández, propone en tono moderado un dialogo que, sin renunciar a convicciones respecto al modelo de país a desarrollar, involucre a sectores que excedan las fronteras del kirchnerismo y aun del propio peronismo.

Lo anterior es central. El primer paso está dado. Es la formula que sintetiza aspiraciones y deseos de un sector mas amplio que el kirchnerismo. Permite, además, interpelar a sectores por afuera de la tradición política peronista. Sin embargo, corremos el riesgo de quedarnos en una endogamia autocomplaciente y no reparar que es posible que la potencia de la fórmula Fernández-Fernández no alcance para lograr el triunfo categórico que necesitamos. No podemos desconocer las heteregoneidades materiales y culturales de la sociedad argentina actual que representan un desafío formidable en términos de representación política. Ante la magnitud de la confrontación política y cultural que estamos enfrentando y que sin dudas se potenciará en las próximas semanas, deberíamos preguntarnos que dispositivos comunicacionales adicionales se requieren para lograr un triunfo electoral contundente. Nos parece que no alcanza con la apelación a la “heladera vacía” para fundar y explicar el por qué no hay que votar la reelección de Macri. Una parte importante de las/os votantes seleccionan sus preferencias electorales por razones que exceden las condiciones materiales de existencia. Es posible que aun en la desazón y el desconcierto del desempleo, la pobreza, el trabajo precario, tengan dudas si continuar el “sacrificio” no es el camino. Para ellas/os debemos aguzar y precisar nuestro discurso. La fórmula ha sido una brillante respuesta y ha cuajado energías dispersas. Fue un paso imprescindible que ordena a la mayoría de la “tropa propia” y canaliza las expectativas de vastos sectores. Pero no es suficiente, hay que consolidar las preferencias de aquellas/os que ya expresan su adhesión a la propuesta Fernández-Fernández y conquistar nuevas voluntades para que el triunfo sea categórico y contundente: en primera vuelta.

Estas nuevas voluntades son las más difíciles de captar, las más volátiles, las que fueron interpeladas y seducidas por el discurso del “cambio” y del “sacrificio”. Se necesita mucha sintonía fina para llegar a ellas. No estamos hablando del voto duro de Cambiemos. No lo necesitamos. Que el 30% del electorado misógino, clasista, xenófobo y elitista se quede allí. Estamos hablando de la dispersión heterogénea de ciudadanas/os que no se identifican con la tradición política peronista tradicional. No deberíamos aceptar que nuestra estrategia política-electoral sea inefectiva con sectores profesionales, de las capas medias y medias-bajas, pequeños y medianos empresarios y comerciantes, jóvenes ambientalistas por mencionar algunos. Es altamente probable que se sientan decepcionados por la ineptitud del actual gobierno y, especialmente, afectados por sus decisiones económicas. Es posible que se sientan desorientados y hasta agredidos por ciertos discursos que les endilgan su responsabilidad en el voto 2015. No es ese el camino de la sintonía fina que conduce al resultado aplastante que necesitamos. Es posible que muchas/os que simpaticen con las ideas de un desarrollo económico armónico de los distintos sectores productivos del país que conlleve a niveles de inclusión social, acepten una propuesta de un Estado fuerte, efectivo y regulador de las condiciones de vida en la Argentina en clave de los desafíos y restricciones de la globalización neoliberal actual. Y, sin embargo, aun cuando muchas/os son potenciales adherentes a una propuesta política de este tipo, no se sienten interpelados por la liturgia peronista. Por diferentes razones, alejados del elitismo clasista de la derecha y de los desvaríos de la supuesta “izquierda” antisistema, podrían no estar encontrando la propuesta electoral que los represente y convoque. Para captar la adhesión de estos sectores que confluya con la de las mayorías populares son necesarias precisiones y sutilezas que a veces tienen que prescindir de formatos en los que se regodea la militancia pero no se reconocen sectores menos politizados.

Esto no significa renunciar al objetivo de crecimiento con inclusión social y sostenibilidad ambiental, sino que es imprescindible reformularlo para otros sectores para los cuales las “veinte verdades” o la figura de Evita no tiene el menor peso simbólico. Esta simbología es representativa para algunas/os y eso no significa que las/os que no se sientan interpelados por ella quieran votar nuevamente un proyecto de derecha neoliberal. Debemos apelar a una enorme inteligencia y sensibilidad para sumar, sin renunciar a nuestras diferentes matrices histórico-políticas, a sectores no tan claramente identificados con las clásicas tradiciones políticas que son imprescindibles para el triunfo contundente que las mayorías necesitan. Bajo el fuego cruzado de acusaciones y falsedades de los tanques mediáticos que relativizan el impacto de la “heladera vacía”, y ante la perplejidad y desconcierto de las/os defraudadas/os por Cambiemos se impone una estrategia político-electoral muy precisa que logre canalizar frustraciones y energías contenidas en el proyecto político que el momento histórico reclama.

 

Mendoza, 4 de junio de 2019

*Sociólogo, Docente/Investigador, UNCuyo

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