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El desacuerdo – Por Martín Kohan

A partir de un chiste de Rudy y Paz, Martín Kohan plantea el dilema del desacuerdo político entre el decir y el hacer.

Por Martín Kohan*

(para La Tecl@ Eñe)

 

Los chistes de Rudy y Paz, en la portada de Página 12, equivalen para mí, a menudo, a un editorial; hasta tal punto aprecio en ellos el mérito de la precisión, de la agudeza, del espesor conceptual. Y les basta para eso apenas con el dibujo de una escena y un breve intercambio de palabras. El del martes 3 de marzo me dejó, sin embargo, con dudas. Se ve en el recuadro a dos personas que, frente a frente, sentadas en sendos sillones, conversan. De un lado, una mujer de pelo corto y anteojos; del otro, un hombre de barba. Ella luce resolutiva; él, apocado. El diálogo que mantienen es el siguiente: “Alberto anunció un proyecto para legalizar el aborto” (ella) / “Nuestro proyecto es mucho mejor” (él) / “¿Y qué planean hacer?” (ella) / “En cuanto sea presidente, lo pongo en marcha” (él). De haber un cuadrito más (no lo hay), tal vez veríamos a la mujer cayendo de espaldas, con la consabida onomatopeya: “¡Plop!”.

Certero para los estereotipos y su iconicidad, Paz nos deja reconocer, en el hombre de barba, al izquierdista de rigor (entiendo el recurso visual; pero, dado el tema, y aunque la cuestión de la legalización del aborto nos convoca y nos interpela a todos, me pregunto por qué razón se repartieron así las posturas: entre una mujer y un varón). La palabra decisiva en el intercambio es, a mi criterio, “hacer”. Los planes y los proyectos son del orden del hacer; y el poder ejecutivo (“Alberto”, “presidente”) es poder precisamente por eso, es poder de ejecución. En tanto que Alberto dice (anuncia) y hace, el hombre de barba dice (planea) pero no hará, ya que no es presidente (hará en cuanto lo sea, pero nada en el dibujo anuncia en él semejante destino).

¿Se trata, entonces, de una oposición entre decir y hacer? Resulta ineludible en este punto la recurrida cita de Perón de que “mejor que decir es hacer”; pero adosándole este razonable desconcierto: ¿quién más que Perón, y quién mejor que Perón, evidencia en la política argentina que el decir es también un hacer, que se hacen cosas con palabras? (Por ejemplo: él dijo “imberbes”, y en ese momento la historia argentina cambió). En el chiste de Rudy y Paz se inscribe entonces ese conflicto, un conflicto entre hacer y decir (entre un decir que conlleva un hacer y un decir que es solamente un decir); y a la vez, por eso mismo, el conflicto entre un decir y el otro. ¿Qué lugar se le concede a ese decir, el decir de un proyecto mejor, aunque sin poder ejecutivo? ¿Qué lugar se le concede a ese desacuerdo, planteado al interior de un acuerdo de fondo? ¿Se lo anula, si no tiene un hacer? ¿Inexiste, hasta que lo tenga? ¿De lo que no se puede hacer, y no ya de lo que no se puede hablar, hay que callar? O en verdad: ¿de lo que no se va a hacer, incluso si es mejor, hay que callar?

Sabemos en qué términos precisos define Jacques Ranciere el desacuerdo político (el carácter político del desacuerdo): en la distribución capital de quienes pueden tomar la palabra y quienes no, en la distribución de poder de las palabras con validez y las palabras que no valen nada. Porque tomar la palabra es un acto político en sí mismo. Y decir es entonces también hacer, incluso si no se es presidente, incluso si no se tiene ese poder: el ejecutivo. Permite plantear alternativas, pensar mejor lo que se “hace”, calibrar alcances y límites, preguntarse si hay gato encerrado.

Aclaro que, de todas formas, me reí con el chiste del martes (sé reírme de mí mismo: soy judío).

 

Buenos Aires. 6 de marzo de 2020

*Escritor.  Licenciado y doctor en Letras por la Universidad Nacional de Buenos Aires

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