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Aproximaciones – Por Ricardo Rouvier

Ricardo Rouvier afirma en este panorama de aproximaciones políticas, que hay una carga esperanzada en la opinión pública que, en proporción, supera los guarismos electorales de diciembre pasado y se extiende sobre la clase media; pero con la reserva de que la situación es grave y la confianza en la política escasa. A lo que hay que agregar el fuerte latido presente de un antiperonismo o antipopulismo.  

Por Ricardo Rouvier*

(para La Tecl@ Eñe)

 

En poco tiempo, la coyuntura política nacional ha experimentado fuertes cambios. Fue el 18 de mayo del 2019 cuando Cristina Fernández de Kirchner consagró la fórmula y, como una ráfaga, Alberto Fernández y su Vice alcanzaron una performance muy exitosa en las PASO para luego lograr el volumen de votos suficiente que los consagró en la elección general evitando el ballotage. Un factor indudable de la elección fue la pérdida de adhesión al oficialismo por los resultados negativos de la economía. El otro factor determinante fue la decisión de unificación del peronismo, al advertir que se abría una nueva oportunidad de acceder al gobierno, después de Alfonsín, o De la Rúa, o Macri. Los tres dejaron el gobierno en situación de crisis, si bien el último, fue la excepción, completó su mandato.  

Hoy el Gobierno presidido por Alberto Fernández, se presenta como la contracara del que gobernó los cuatro años anteriores. Todo evolucionó  rápidamente, sostenido por una coalición triunfante que se acomodó, ocupando los espacios de la administración del Estado. Sabemos que esa entente coaligó a sectores heterogéneos que van desde un peronismo más conservador, al peronismo en su versión más novedosa como fue, o es, el kirchnerismo con una clara orientación hacia izquierda. El dinamismo del presidente Fernández, que fue artífice de la unidad que, con su tarea, ordenó las cargas particulares del Frente y, con su carisma, mantiene los puentes disponibles del poder institucional con la sociedad civil, superando el encierro ideológico, por una parte, y la antipolítica macrista por la otra. Es decir que el presidente logró diferenciarse de las partes que integran el frente y esto es un logro que promete una carrera propia para el Primer Mandatario.       

El Gobierno empezó su gestión sobre una situación de emergencia, tanto a nivel macro como micro, conduciendo una administración sin recursos, con economía estancada y con una situación mundial no favorable por la gran incertidumbre existente a raíz de la tensión que produce  EEUU hacia la unipolaridad.  Pero esto no impidió la constitución, desde las PASO,  del incremento de una mayoría esperanzada.

Si analizamos la evolución de la relación del gobierno actual con la opinión pública, encontramos que Alberto Fernández en diciembre pasado, mes de la asunción, alcanzó su nivel de popularidad más alto desde que inició su carrera como candidato, repitiendo lo que ocurre con los gobiernos cuando asumen. Simultáneamente, la evolución de la imagen de CFK mejoró en los últimos meses, al punto de que la calificación positiva supera a la negativa, situación que durante mucho tiempo fuera al revés.

La proporción de popularidad del día de la asunción es el deseado por el candidato/a convertido/a en Presidente, luego de algunas semanas cuando la asunción se va alejando. La mejor visibilidad respecto al vínculo con la opinión pública surgirá pasados algunos meses, cuando se van prefigurando tendencias. En Marzo tendremos números más consolidados. Hay una gran expectativa ante una cuestión crítica como son las jubilaciones, que serán develadas recién cerca de cerrarse el primer semestre, pero queda claro, tanto para los técnicos como para los ciudadanos de a pie, que la conducta más focalizada es la inflación y, en relación a esto, el tipo de cambio.

En este punto, más allá de los fastos del comienzo, la personalidad y la dinámica que le imprimió Alberto Fernández a la comunicación, ayudó a consolidar su posicionamiento que había comenzado junto con la campaña electoral a las PASO. Ese posicionamiento lo pone por encima de las fracciones y por encima hoy de cualquier figura opositora. El papel de Cristina, si bien tuvo apariciones con estilos similares a cuando gobernó y que fueron capturadas por los grandes medios con intenciones de socavar la pareja gobernante, se abocó casi exclusivamente a su tarea parlamentaria o al silencio. Esto evitó que pudieran producirse ruidos o interferencias en la comunicación en el nivel más alto de la autoridad.

La relación entre el votante y la dirigencia política está impregnada de desconfianza y de desprestigio: se considera que los políticos no dicen la verdad y que es una carrera para el éxito económico.  Es inevitable para cualquier político que quiere ganar en la opinión pública, o seguir ganando o no perder, atravesar la malla negativa surgida de su misma profesión. Alberto Fernández, por su carácter, por su sociabilidad, tiene ventajas para contrarrestar o neutralizar esa mácula. Pero, no hay duda en que la coyuntura muestra un contexto que se introduce fuertemente en el texto; sea el FMI, sean los bonistas, o sea la evolución de la divisa y la inflación.  Es decir que las cualidades personales están sometidas a lo contingente pero pueden ablandar la disposición negativa de una sociedad golpeada.

Macri, que logró tener una proporción importante positiva en diciembre del 2015 de alrededor del 70%, mostró que en estos años dilapidó su popularidad. En diciembre del 2017, con la ley previsional, la tendencia aceleró su movimiento descendente y definitivo. Nuevamente, la correlación histórica entre ingresos medios y bajos, pobreza  y voto al peronismo, alcanzó su realización. Acompañado en esta oportunidad por el voto blando a Macri del 2015 o a terceras fuerzas. Este peronismo coaligado es un magma que no manifiesta sus grietas por la crisis de la que viene y por la centralidad que rápidamente asumió el líder de esta transición. Las diferencias, en todo caso, son morigeradas por las alforjas pesadas de una crisis que nos pone en una encrucijada donde no hay Banco Central con lingotes de oro, ni la soja está a U$S 600 la tonelada y la deuda es extraordinaria.

Sin embargo, la popularidad del Presidente y la unificación del espacio peronista, le otorgan a Alberto Fernández una buena base para la gobernabilidad, agregando a esto una oposición que en el Congreso Nacional exhibe su minoría sin remedio. Hay emergentes más cualitativos que los estudios arrojan y que establecen el predominio de un eje de confianza de una buena parte de la sociedad. Hoy, esa confianza supera el límite del 48% del voto, y avanza sobre terceros partidos o ex votantes blandos de Macri.

La mayoría de la sociedad tiene conciencia de la gravedad de la situación, y que hay voluntad de solución por parte del Gobierno. El punto más bajo de la esperanza se localiza en el instante del consumo de productos alimenticios, ropa y transporte. En ese momento en que entre el consumidor y el objeto media el dinero, allí la actitud favorable alcanza su nivel más sensible y por lo tanto más riesgosa para el consenso. Hay memorizaciones sobre frases oficiales “poner plata en el bolsillo de la gente” que tienen resonancia en los grupos y genera expectativas; al mismo tiempo, también genera incredulidad que proviene de la consideración que tienen los ciudadanos sobre la política. La otra línea de demanda es “el control/congelamiento de precios” (como llaman los ciudadanos) y esa es una prueba de fuego. La expectativa está puesta en que en los próximos días se pueda producir una caída en los costos de los productos de consumo masivo. Este es un partido fundamental que va a poner al Gobierno frente a la opinión pública,  la equivalencia entre ingresos y precios.

El valor de lo social  y la subjetividad individual se cruzan en sus contradicciones. La mayoría  reconoce las necesidades de los sectores más postergados y la aplicación de un aumento real de los ingresos más bajos, los jubilados y pensionados. Pero cuando el individuo se pone en situación en donde sus intereses pueden verse en peligro, hay un predominio de lo individual sobre lo colectivo. La solidaridad es una construcción política en un mundo con una hegemonía cultural hedonista e individualista. Sí encontramos disposición si apelamos a la misericordia, a la compasión. Pero la solidaridad no es dada, es un objetivo de un proceso de la deconstrucción cultural fundada en la justicia social. Y supone una transformación que no se produjo ni antes ni ahora. El macrismo enarboló las banderas de la meritocracia y de un individualismo exacerbado, pero estos contenidos culturales se hicieron añicos con el fracaso de la gesta de construir un capitalismo robusto. El resultado fue al revés por el fracaso estratégico del gobierno.

La ilusión del país rico que nos acompaña desde la escuela es un deseo pulverizado en el tiempo. Por eso, poner a la Argentina de Pie es una consigna clara y rotunda, pero lo que tendría el carácter de una frase publicitaria en Macri, tiene otra densidad en espacios políticos que se caracterizan por su ambición protagónica. Lo que no se puede evitar, y eso lo expresan,  son las grietas intraclase; por ejemplo; entre los segmentos más bajos o que poseen una AUH, y el vecino que no la tiene. El valor comunitario, como hemos dicho, no logra superar la individualidad. La Patria es el Otro, es una bella frase, de una enorme ética social, pero es bella y lejana.  

Las crisis recesivas endurecen las segmentaciones al revertirse la movilidad social ascendente. Está claro que el Gobierno apunta a ir disminuyendo la inflación, pero eso todavía no se ha convertido en una certeza por parte de la sociedad. Y muchas de las medidas deben decantar, inclusive algunas son indescifrables para los consumidores, pero hay una consideración emergente de que el gobierno se ocupa, trabaja. Esto es más palpable entre los ciudadanos que esperan que se ponga un freno a la caída de la calidad de vida. Sin duda el aumento de los salarios, las jubilaciones y el congelamiento de las tarifas son todas buenas noticias al salir del pantano; pero se anticipan otras demandas durante el camino.

Ahora los factores de poder nacionales miran al gobierno de Alberto Fernández con la esperanza de ordenar los mecanismos micro y macro, y poner en marcha el aparato productivo.  Sin duda que si en los próximos meses se logra superar el inicio actual, podremos avanzar sobre lo que falta. En  este punto es que la disputa distributiva alcanzará una mayor expresión requiriendo del talento político. Juegan en el tablero también, el FMI, Trump, el repliegue progresista de la región, y otros que nos miran como deudores y no como soberanos.

Se nos escapan ciertos elementos del escenario de los que no tenemos una prospectiva razonable, como son las cuestiones judiciales que envuelven, todavía, a la ex Presidenta; pero no puede negarse y, así los estudios lo indican, que la relevancia del tema de la ética pública ha disminuido su presencia efectiva. Podemos agregar, además, que la importancia que puede tener el caso de CFK, no es igual al caso de cualquier otro funcionario y genera distintas consecuencias en la opinión pública.

Los primeros pasos del gobierno del Frente de Todos pueden asociarse a la situación de un laberinto en la que uno encuentra una ventana para salir, una pequeña ventana para salir, evitando grandes aperturas que pudieran encandilar y equivocar el camino. No hay duda que de un lado del abismo está el default y del otro lado está la hiper, como una amenaza.

Una mirada horizontal del escenario muestra que la vereda de enfrente ha quedado despoblada. La presencia de Macri en el pensamiento de los ciudadanos se hunde entre el fracaso y una gobernabilidad maliciosa y perversa. No aparecen por ahora sustitutos de peso nacional; eso favorece a la concentración de la mirada en Alberto Fernández. 

En síntesis, hay una carga esperanzada en la opinión pública, una actitud positiva que, en proporción, supera los guarismos electorales de diciembre pasado y se extiende sobre la clase media; pero con la reserva de que la situación es grave y la confianza en la política escasa. A lo que hay que agregar el latido presente de un antiperonismo o antipopulismo.  

 

Buenos Aires, 13 de enero de 2020

*Lic. en Sociología. Dr. en Psicología Social. Profesor Universitario. Titular de R.Rouvier & Asociados.

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