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Las plazas – Por Ricardo Rouvier

Foto: Pablo Añeli. Télam.

El peronismo militante estuvo el 17 de octubre en varias plazas. De ese modo, los barrios quedaron encendidos por la utopía y también por una sociedad que espera su llegada.

Por Ricardo Rouvier*

(para La [email protected] Eñe)

Las preguntas sobre el peronismo desvisten su fragmentación, propia de un estallido subterráneo que marcó su nacimiento y a su linaje. Así, en pedazos, una vez más, el movimiento confirma su fuerza en  la huella. Razones muy profundas explican su porfía, su potencia. Su compromiso social se convierte en un tatuaje permanente de la tierra y en la reivindicación perpetua de una sociedad que necesita ser reparada desde la desigualdad.

Se escucha decir: el peronismo murió, o el peronismo agoniza; pero nunca pudo asegurarse. O, por el contario, el peronismo es permanente y la puesta en duda de su vigencia es el secreto de su eternidad.

Desde el Estado de Bienestar, construido durante el primer gobierno, el peronismo logró edificar su gran presencia en el  espacio público convirtiéndolo en una hegemonía modernizante, estimulador de la educación y el trabajo, y un gran ordenador social. Fue la decisión de terminar con el gobierno del General Perón en el bombardeo de junio y la caída posterior.

Los problemas estructurales se han agravado y el tiempo convirtió en inexorable el polvo de una época que pasa. ¿Habrá espacio y lugar para construir la sociedad prometida? ¿Habrá tiempo para que la evocación y la nostalgia aborden nuestras navegaciones?

Hoy, superar la macro sería un punto a favor de los ortodoxos vs. los nacionales y populares, pero sin renunciar a la ayuda del Estado. Es posible lograrlo sin una relación de fuerzas favorable, sin articular las partes. La gran pregunta eficientista es si con la estructura socioeconómica con que cuenta nuestro país, sería suficiente el crecimiento y la justicia social, o la inmovilidad de un lugar  dependiente del dominio mundial. ¿Está construyéndose? ¿O esta deconstruyéndose? ¿Demoliéndose paulatinamente? Veremos si el espejo en que se representa permanece fijo o cambia. Ya el mundo está perturbado por cambios inesperados.

El peronismo no cambia, o cambia poco, pero vive “amenazando” con el cambio en cada señal dirigencial. Sin duda, la palabra alcanza su distancia, pero logra muchos menos efectos que la práctica política.

El atributo de “cambio” surge de la propia militancia, aunque, en realidad se observa que nuestro país retrocede en el giro hacia la ortodoxia y hacia la burocratización del conflicto social. Es como si el sistema dijera hoy: “si salís de la crisis de la macro es gracias a mi”. La puja distributiva está en un punto de no retorno entre el juego de desigualdades; entre inflación e ingresos, sin conocerse aún la dimensión del choque que hay entre el barco que navega y el iceberg que espera.  

El desplazamiento insular estira al peronismo (CGT, CTA, MOVIMINTOS SOCIALES, LA CÁMPORA, ETC) desde sus propias negaciones o contradicciones. En diversos lugares se reúnen partes del movimiento, que por ahora permanece agazapado. Hay una dirección sindical, sin duda, pero esa dirigencia no lograr unir las partes del movimiento, denominado  columna vertebral.

Mientras el celuloide mostraba las imágenes del tranvía desbordado del 17 de octubre, el resto difundía, en color, al peronismo de hoy, vecino del establishment, con sus diferentes intereses internos que intenta reproducir “la orga” y ponerla al servicio del juego mundial. Sin embargo, los cambios que requiere la democracia moderna convierten al peronismo en un participante que genera dudas sobre su capacidad transformadora, reparos sobre sus propiedades revolucionarias a más de setenta de años después del punto fundacional.

No obstante, la tendencia centrípeta hacia la unidad se va a producir, ante la tentación de las elecciones. Las fracciones del peronismo en los actos demostraron que están lejos, todavía, de la eficiencia del pacto en el triángulo: CFK, Alberto Fernández y Sergio Massa. Para el peronismo, resulta  irreparable la ausencia de conducción y la falta de dirección estratégica.

El peronismo militante estuvo el 17 de octubre en varias plazas. De ese modo, los barrios quedaron encendidos por la utopía y también por una sociedad que espera su llegada.

Buenos Aires, 26 de octubre de 2022.

*Licenciado en Sociología. Profesor Universitario. Titular de R. Rouvier & Asociados.

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