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24 octubre, 2026Pedro Cazes Camarero realiza en este trabajo un riguroso análisis del concepto de «escasez de la escasez» bajo el signo de la revolución científico-técnica. Cazes Camarero sostiene que ya no se discute únicamente quién recibe una cantidad insuficiente de riqueza. Se discute por qué una riqueza técnicamente abundante debe seguir siendo escasa. Y ése podría ser uno de los puntos en los cuales General Intellect, Crítica del Programa de Gotha, teoría del precio y Magma Rojo convergen en una misma problemática: la transición histórica desde una sociedad organizada alrededor de la producción de bienes escasos hacia otra en la cual el conflicto fundamental puede llegar a ser la producción política de la propia escasez.
Por Pedro Cazes Camarero*
(para La Tecl@ Eñe)
Históricamente, desde la antigüedad hasta el fordismo, la economía ha sido una economía de la escasez debido a la impotencia humana para producir suficiente riqueza para satisfacer las necesidades de todos. Esa impotencia procedía de las limitaciones científico-técnicas arrastradas por la humanidad. La productividad del trabajo iba aumentando, pero a mediados del siglo XX todavía era demasiado débil para que todas las necesidades humanas fuesen cubiertas fundando un mundo de la riqueza, ya que no de la felicidad (obviamente el concepto mismo de «necesidad» fue evolucionando y creciendo). Como es sabido, a partir de las últimas décadas del siglo pasado se desencadenó una revolución científico-técnica con la digitalización, Internet, la Inteligencia Artificial, etc., que produjo por vez primera la posibilidad de una civilización de la plétora. Esto ya fue previsto por Marx en los Grundrisse de 1857 y lo denominó «General Intellect». La capacidad productiva potencial de la humanidad ha superado masivamente sus necesidades por primera vez en la historia. Esto debería generar la felicidad colectiva, pero se está desencadenando en un contexto capitalista de dominio político y militar de la elite financiera internacional. Esta fuerza social percibió velozmente que su dominio global se hallaba en grave riesgo, al desaparecer el valor en forma de trabajo humano acumulado en las mercancías. La producción de riqueza sin valor se halla mucho más generalizada de lo que parece, debido a que la elite financiera ha improvisado ciertos métodos para reducir artificialmente la riqueza disponible, reintroduciendo la escasez. Esta escasez inducida a propósito ya no se debe a limitaciones científico-técnicas en la productividad, sino a la manipulación del sistema de precios, que se ha liberado de su papel histórico de constituir la forma monetaria del valor, ya que el propio valor de las mercancías viene desapareciendo a raíz de la introducción del «General Intellect». Los precios se han convertido en el modo de captura de poder y riqueza de la elite financiera, pues pueden ser manipulados con cierta discrecionalidad. Pero como el «General Intellect» continúa operando, los dispositivos de creación de escasez artificial están mostrando ciertas limitaciones.
Hipótesis: Si el sistema no logra introducir la suficiente escasez como para evitar la plétora de bienes de uso generada por el General Intellect, tendríamos una «escasez de la escasez».
La hipótesis permite formular una contradicción específica del capitalismo cognitivo: el sistema ya no padecería primordialmente escasez de bienes, sino una insuficiente capacidad para producir la escasez necesaria para mantenerlos bajo la forma mercancía y sostener su precio. A esta situación podemos denominarla, provisionalmente, «escasez de la escasez«. El punto de partida es el siguiente: el General Intellect —conocimiento social acumulado, ciencia, automatización, digitalización, inteligencia artificial, redes y creciente capacidad de reproducción a costos marginales muy bajos— tiende a multiplicar la capacidad social de producir valores de uso. Podemos representarlo esquemáticamente: General Intellect → aumento de la potencia productiva → aumento de la abundancia potencial. Pero el capital requiere que una parte sustancial de esos bienes continúe siendo apropiable, excluible y vendible. Por consiguiente, cuanto mayor sea la potencia productiva social, mayor puede llegar a ser la necesidad de dispositivos jurídicos, tecnológicos, financieros y políticos destinados a evitar que esa abundancia potencial se transforme en disponibilidad común. Así: valorización capitalista → necesidad de exclusión → producción institucional de escasez. La contradicción aparece cuando: capacidad de producir abundancia > capacidad de imponer escasez. Ese desajuste es precisamente lo que proponemos denominar escasez de la escasez. No significa que toda escasez material desaparezca. Continuarán existiendo bienes naturalmente limitados, recursos ecológicos finitos, localizaciones irreproducibles y cuellos de botella productivos. La tesis se refiere a otra cosa: a una tendencia histórica por la cual una parte creciente de la riqueza social puede producirse o reproducirse en cantidades tales que la escasez necesaria para mantener determinadas relaciones mercantiles deja de surgir espontáneamente y debe ser producida institucionalmente.
En Marx, el precio no es simplemente expresión de la escasez. El valor remite al trabajo socialmente necesario, mientras que en la oferta y la demanda, incluida la escasez relativa, intervienen en las oscilaciones de los precios de mercado. Por ello, no deberíamos decir que en el capitalismo clásico el precio era sencillamente consecuencia de una «escasez objetiva». En el capitalismo del General Intellect, una proporción creciente de los precios puede depender de escaseces institucionalmente construidas: patentes, derechos de autor, licencias, suscripciones, paywalls, plataformas cerradas, obsolescencia programada, restricciones de acceso a bases de datos, monopolios tecnológicos, marcas, estándares propietarios y derechos exclusivos de explotación. Cuando la escasez material resulta insuficiente para sostener la apropiación mercantil, el capital necesita producir condiciones de exclusión. El precio cambia entonces parcialmente de estatuto. Ya no aparece solamente como resultado de relaciones económicas previas, sino también como instrumento que regula políticamente el acceso. Aquí se inserta nuestra teoría del precio: el precio comienza a desplazarse desde su función predominantemente mensuradora y circulatoria hacia una función de captura, selección y exclusión. El interrogante ya no sería únicamente: ¿cuánto vale esto?, sino también: ¿quién puede acceder, bajo qué condiciones y mediante qué pago?
Pensemos, como ejemplo, en bienes cuyo costo marginal de reproducción puede aproximarse a valores muy bajos: información, programas informáticos, fórmulas, imágenes digitales, música, conocimiento científico, determinados diseños, secuencias, algoritmos. Su comportamiento es peculiar respecto de la mercancía material tradicional: pueden ser utilizados simultáneamente por una gran cantidad de personas sin ser destruidos por ese uso. En esos casos, la exclusividad debe introducirse mediante dispositivos exteriores al objeto: valor de uso abundantemente reproducible + costo marginal muy bajo → dificultad creciente para sostener la escasez mercantil. El problema deja entonces de ser la tradicional+:«cómo producir suficiente» y se transforma parcialmente en: «cómo impedir que lo producido resulte excesivamente disponible«. Marx entrevió un problema relacionado en el conocido Fragmento sobre las máquinas de los Grundrisse: cuando el conocimiento social general se convierte crecientemente en fuerza productiva inmediata, el tiempo de trabajo encuentra dificultades para continuar funcionando como medida adecuada de una riqueza cuya producción depende cada vez más de la ciencia, la cooperación y el saber social acumulado. Nuestra hipótesis agrega un segundo momento: si el tiempo de trabajo pierde progresivamente capacidad para regular la apropiación de una parte creciente de la riqueza, el sistema debe reforzar otros mecanismos de regulación; entre ellos, el precio, el derecho de propiedad y la producción de escasez. De este modo: crisis de la medida por el valor → fortalecimiento del precio → necesidad de escasez institucional → posibilidad de una escasez de la propia escasez.
Si millones de personas pueden utilizar simultáneamente determinado conocimiento sin agotarlo, surge inevitablemente una pregunta: ¿por qué alguien debería poseer el derecho exclusivo de impedir ese uso? . La contradicción clásica: capital / trabajo no desaparece, pero comienza a superponerse con otra: acceso / exclusión. Esto puede modificar profundamente la constitución de las subjetividades políticas. Las luchas dejan de referirse exclusivamente al salario, la jornada laboral y las condiciones de trabajo. Se amplían hacia el acceso al conocimiento, los medicamentos, el software, la vivienda, la conectividad, la energía, los datos, la cultura, la educación y las infraestructuras comunes. El antagonismo ya no concierne solamente a quién produce, sino también a quién tiene derecho a acceder a aquello que la sociedad ya posee capacidad técnica para producir.
Aquí Deleuze resulta particularmente pertinente. La sociedad de control no necesita prohibir absolutamente un bien: puede modular diferencialmente el acceso. El dispositivo ya no dice necesariamente: «esto no existe«. Dice: «esto existe, pero usted no está autorizado a utilizarlo«. La exclusión se vuelve modulable, individualizada, revocable y programable. Aparece entonces una paradoja (Deleuze, 1992). Cuanto más abundante puede llegar a ser potencialmente una sociedad, mayor puede ser la cantidad de mecanismos de exclusión necesarios para conservar determinadas relaciones mercantiles. Surgen nuevos cercamientos: tierra → fábrica → patente → software → datos → algoritmos → acceso digital. No se trata de afirmar que todos esos procesos sean idénticos a la acumulación originaria descrita por Marx. Se trata de señalar una analogía histórica: aquello que potencialmente podría circular como riqueza social común es cercado mediante nuevos derechos de exclusión. El objeto del cercamiento ya no es solamente la tierra. Puede ser también el conocimiento social acumulado. La contradicción resulta particularmente aguda porque gran parte de ese conocimiento no ha sido producido por un individuo aislado, ni siquiera por una sola empresa. Procede de generaciones enteras de ciencia, educación, cooperación, instituciones públicas, trabajadores, universidades, infraestructuras sociales y redes. El capital intenta entonces constituir títulos privados sobre productos del intelecto social colectivo (Deleuze, 1995/97).
Si producir deja de ser, en determinados sectores, el principal problema técnico, el centro estratégico puede desplazarse hacia el control de los accesos. La empresa dominante no tiene necesariamente que ser aquella que fabrica con mayor eficiencia. Puede ser aquella que controla: plataformas, patentes, interfaces, estándares, redes, datos, derechos de acceso e infraestructuras. Aquí podemos recuperar nuestra discusión acerca de ganancia, renta e interés. No debemos afirmar que esas categorías marxianas desaparezcan o se vuelvan literalmente idénticas. La hipótesis más prudente y, a la vez, más fértil consiste en sostener que pueden comenzar a compartir crecientemente una lógica transversal de captura. Es decir: ganancia — renta — interés → modalidades diferenciadas de apropiación de flujos de riqueza social. La categoría de captura no sustituye mecánicamente a las anteriores. Las atraviesa. El problema estratégico pasa crecientemente por establecer derechos sobre flujos de riqueza producidos socialmente.

Imaginemos una sociedad técnicamente capaz de proporcionar cantidades crecientes de determinados bienes utilizando cada vez menos trabajo humano inmediato, mientras una parte considerable de la población continúa experimentando restricciones de acceso. La forma tradicional de legitimación comienza a debilitarse. Durante siglos podía afirmarse: «no alcanza para todos«. Pero si para determinadas categorías de bienes resulta técnicamente evidente que podría alcanzar, la pregunta cambia: ¿por qué no puedo acceder? La respuesta deja de ser puramente tecnológica. Se vuelve política: porque existe una institución que atribuye a alguien el derecho de excluirme. La transformación de la pregunta es decisiva. La pobreza, la privación o la inaccesibilidad ya no pueden presentarse exclusivamente como efectos de una insuficiencia de las fuerzas productivas. Aparecen cada vez más como resultado de una arquitectura social de propiedad, distribución y apropiación. El conflicto político se desplaza entonces desde la administración de la insuficiencia hacia la legitimidad de la exclusión.
Aquí adquiere especial importancia la Crítica del Programa de Gotha. Marx distingue allí dos momentos de la sociedad comunista. En una primera fase, la nueva sociedad todavía emerge marcada por las condiciones de la sociedad capitalista precedente. El derecho conserva, por ello, características del derecho burgués: los individuos reciben de acuerdo con determinada medida de su contribución laboral. Marx muestra, sin embargo, que esa aparente igualdad continúa siendo desigual. Los individuos tienen capacidades diferentes, situaciones familiares diferentes y necesidades diferentes. Aplicar una misma medida a sujetos desiguales reproduce desigualdades. La cuestión se transforma profundamente en la fase superior de la sociedad comunista. Marx vincula esa posibilidad a varias condiciones: superación de la subordinación esclavizante a la división del trabajo, transformación del trabajo mismo, desarrollo integral de los individuos y crecimiento de las fuerzas productivas hasta que las fuentes de la riqueza cooperativa fluyan abundantemente. Sólo entonces puede formularse el principio: «De cada cual según sus capacidades; a cada cual según sus necesidades«. La relación con nuestra hipótesis es sumamente interesante, aunque no debemos identificar ambas formulaciones. Marx no habla de «escasez de la escasez», ni desarrolla allí el problema del General Intellect tal como nosotros lo estamos planteando. Pero proporciona una clave fundamental: la forma de distribución adecuada a una sociedad depende de su nivel histórico de desarrollo de las fuerzas productivas. Mientras la riqueza social permanezca fuertemente condicionada por la escasez y por la necesidad de medir el aporte individual de trabajo, una distribución ligada a la contribución puede conservar cierta base material. Pero ¿qué ocurre si el General Intellect modifica esa base? Si menos trabajo inmediato → mayor producción potencial, y simultáneamente: conocimiento social → principal fuerza productiva, la vinculación entre derecho de acceso y cantidad individual de trabajo comienza a perder parte de su fundamento material. Aquí la Crítica del Programa de Gotha adquiere una actualidad inesperada. No porque estemos ya ante la «fase superior del comunismo», sino porque el capitalismo mismo podría estar creando algunas de las condiciones materiales de abundancia que Marx consideraba necesarias para superar una distribución estrictamente regulada por el trabajo, mientras simultáneamente desarrolla dispositivos destinados a impedir que esa abundancia se convierta en libre acceso. La contradicción sería entonces extraordinaria: el capitalismo desarrolla las fuerzas productivas que vuelven técnicamente imaginable la abundancia, pero necesita producir artificialmente escasez para conservar las relaciones capitalistas de apropiación. Desde esta perspectiva, la «escasez de la escasez» puede interpretarse como un punto de tensión entre dos principios históricos. Por un lado: distribución según derechos de propiedad, trabajo, ingreso y capacidad de pago. Por otro: distribución crecientemente orientada por necesidades socialmente reconocidas. La cuestión deja de ser puramente moral. Se convierte en un problema material. Si determinados bienes existen en abundancia potencial, condicionar su acceso exclusivamente a la capacidad de pago comienza a aparecer no como una necesidad económica evidente, sino como una decisión institucional. Éste podría ser uno de los puntos más fuertes de articulación entre Marx y nuestra teoría del precio. En el capitalismo industrial, la mercancía aparecía como forma necesaria de organizar productos cuya producción exigía importantes cantidades de trabajo social. En determinados sectores del capitalismo cognitivo, en cambio, la mercancía puede necesitar ser reconstruida artificialmente allí donde la reproductibilidad tiende a disolver su escasez. El precio pasa entonces a desempeñar una función suplementaria: no solamente expresar relaciones económicas, sino impedir que una abundancia potencial se convierta en acceso universal. Desde la perspectiva de Gotha, podríamos formular la contradicción del siguiente modo: las fuerzas productivas comienzan a producir condiciones materiales compatibles con una distribución menos dependiente del trabajo individual, mientras las relaciones capitalistas mantienen el acceso subordinado al ingreso y a la propiedad. La «escasez de la escasez» sería, en ese sentido, una de las formas contemporáneas de la contradicción entre fuerzas productivas y relaciones sociales de apropiación.
La conexión con Gotha permite comprender mejor un segundo efecto político. La legitimidad del capitalismo industrial se organizó alrededor de una secuencia relativamente estable: trabajo → ingreso → consumo. El derecho a acceder a los bienes aparecía ligado al empleo y, a través del salario, a la participación en el proceso productivo. Pero el General Intellect introduce progresivamente otra relación: menos trabajo humano inmediato necesario → mayor riqueza potencial. Si la sociedad necesita cantidades decrecientes de trabajo humano directo para producir determinados volúmenes de riqueza, surge una pregunta políticamente incómoda: ¿por qué el derecho al ingreso y al acceso debería continuar dependiendo exclusivamente del empleo? No se trata solamente del problema del desempleo tecnológico. Se trata de una transformación posible de la relación entre trabajo, riqueza y ciudadanía. Aparecen así debates acerca de renta básica, servicios universales, reducción radical de la jornada, ingreso social, comunes y propiedad colectiva del conocimiento. La formulación de Gotha permite llevar el problema todavía más lejos. El trabajo dejaría progresivamente de ser únicamente aquello que legitima recibir una parte de la riqueza social. La riqueza social aparecería crecientemente como producto de una cooperación histórica acumulativa imposible de atribuir individualmente. Ciencia, lenguaje, cultura, educación, algoritmos, información y conocimiento técnico son resultado de generaciones enteras. Por consiguiente, la pregunta política podría transformarse, ya no: ¿cuánto trabajó usted para merecer esto?, sino: ¿qué parte de una riqueza social común debe estar disponible para todos por el solo hecho de formar parte de la sociedad que la produce?
Debemos evitar cualquier conclusión teleológica. La abundancia tecnológica no conduce automáticamente al comunismo. El capitalismo posee una enorme capacidad para producir nuevas escaseces. Puede hacerlo mediante propiedad intelectual, deuda, privatización, monopolización, obsolescencia, segmentación de mercados, control algorítmico, destrucción de capacidad productiva o regulación jurídica del acceso. Incluso puede transformar bienes previamente poseídos en servicios continuamente alquilados. La secuencia es significativa: poseer → alquilar → suscribirse. La suscripción convierte un bien o una función potencialmente disponible de manera permanente en acceso temporal, condicionado y revocable. El usuario ya no posee necesariamente el objeto. Posee una autorización provisional. La diferencia es política. Quien controla la plataforma conserva la capacidad de modificar el precio, las condiciones de acceso, las funciones disponibles e incluso la continuidad misma del servicio. Aquí la noción deleuziana de sociedad de control alcanza una notable pertinencia.
Si la escasez económica deja de surgir espontáneamente en determinadas áreas, debe ser producida y defendida institucionalmente. Cuanto menos natural resulte una escasez, mayor puede ser el conjunto de dispositivos necesarios para sostenerla: derecho + Estado + tecnología + finanzas + vigilancia. Aparece así una relación paradójica: mayor abundancia potencial → mayor necesidad de mecanismos de control para preservar la exclusión. La abundancia no produciría automáticamente libertad. Podría producir sociedades extraordinariamente productivas y, simultáneamente, extraordinariamente controladas. No porque las cosas falten, sino porque resulta necesario impedir que circulen libremente. De este modo, la cuestión de la escasez se desplaza desde la naturaleza hacia la política. La función de determinados aparatos estatales, jurídicos y tecnológicos no consistiría ya solamente en administrar bienes insuficientes, sino en hacer cumplir derechos de exclusión sobre bienes potencialmente abundantes. Ésta podría ser una fuente específica de autoritarismo postfordista.
La hipótesis de la «escasez de la escasez» permite precisar nuestra noción de Magma Rojo. El Magma Rojo puede concebirse como el espacio ontológico-político que aparece cuando la potencia social de producir desborda continuamente las formas institucionales destinadas a capturarla. No constituye una nueva clase social. Tampoco una formación económica estable destinada necesariamente a suceder al capitalismo. Es un campo abierto de indeterminación, conflicto y producción de nuevas formas sociales. Podemos representarlo así: potencia productiva social ↔ dispositivos de captura. La «escasez de la escasez» constituye uno de sus síntomas privilegiados. Revela algo conceptualmente importante: la relación capitalista ya no administra únicamente la producción de riqueza; debe administrar activamente su no-disponibilidad. Ese desplazamiento modifica la naturaleza misma del conflicto. El antagonismo ya no se limita a la apropiación del excedente producido. Incluye la lucha por determinar qué puede circular, quién puede acceder y qué debe mantenerse artificialmente escaso. El Magma Rojo aparece precisamente en esa zona en la que ninguna de las dos tendencias está definitivamente resuelta. Por un lado: abundancia, cooperación, conocimiento común, reproductibilidad, acceso. Por otro: propiedad, exclusión, escasez producida, renta, precio y control. No existe un desenlace garantizado. La abundancia potencial puede devenir común, pero también puede convertirse en un capitalismo rentista mucho más concentrado y controlado. Ésa es la apertura ontológica que queremos conservar mediante la noción de Magma Rojo.
Podemos ahora formular la hipótesis en una forma más precisa: En el capitalismo del General Intellect, una de las contradicciones centrales tiende a desplazarse desde la escasez de bienes hacia la insuficiencia de los mecanismos capaces de mantener escasos aquellos bienes cuya producción o reproducción se vuelve potencialmente abundante. Cuando la potencia social de producción supera la capacidad institucional de exclusión, aparece una «escasez de la escasez»: una crisis potencial de la forma mercancía que obliga al capital a reforzar el precio, la propiedad y el acceso como dispositivos políticos de captura. La secuencia completa sería: crisis de la medida por el valor → centralidad creciente del precio → producción institucional de escasez → escasez de la escasez → crisis política de la exclusión. Podemos distinguir, entonces, cuatro formas históricas o analíticas:
1. Escasez material: existe una insuficiencia física o productiva efectiva del bien.
2. Escasez mercantil: la disponibilidad está condicionada por las relaciones de producción, intercambio e ingreso.
3. Escasez institucionalmente producida: el bien podría ser mucho más abundante, pero derechos de propiedad, monopolios, patentes, plataformas o mecanismos tecnológicos restringen deliberadamente su acceso.
4. Escasez de la escasez: incluso esos dispositivos comienzan a resultar insuficientes para contener la abundancia potencial creada por las fuerzas productivas.
Esta cuarta situación abre una crisis específicamente política. Ya no se discute únicamente quién recibe una cantidad insuficiente de riqueza. Se discute por qué una riqueza técnicamente abundante debe seguir siendo escasa. Y ése podría ser uno de los puntos en los cuales General Intellect, Crítica del Programa de Gotha, teoría del precio y Magma Rojo convergen en una misma problemática: la transición histórica desde una sociedad organizada alrededor de la producción de bienes escasos hacia otra en la cual el conflicto fundamental puede llegar a ser la producción política de la propia escasez. La incorporación de Gotha refuerza especialmente los puntos en los cuales su texto original ya estaba planteada la contradicción entre abundancia potencial y exclusión, pero faltaba el puente entre esa contradicción y la crítica marxiana a convertir el trabajo individual en medida permanente del derecho a participar de la riqueza social (Negri, 1991; Hardt y Negri, 2009;Vercellone, 2007, 2010).
Referencias bibliográficas:
Deleuze, Gilles. 1992. “Postscript on the Societies of Control.” October 59: 3–7.
Deleuze, Gilles. 1995/1997. Negotiations, 1972–1990. Translated by Martin Joughin. New York: Columbia University Press.
Hardt, Michael, and Antonio Negri. 2009. Commonwealth. Cambridge, MA: Belknap Press of Harvard University Press.
Marx, Karl. 1991. Capital: A Critique of Political Economy. Volume III. Translated by David Fernbach. London: Penguin Books/New Left Review.
Marx, Karl. 1875 [1989]. “Critique of the Gotha Programme.” En Marx and Engels Collected Works, vol. 24, pp. 75–99. London: Lawrence & Wishart.
Negri, Antonio. 1991. Marx Beyond Marx: Lessons on the Grundrisse. Edited by Jim Fleming. Translated by Harry Cleaver, Michael Ryan and Maurizio Viano. New York: Autonomedia.
Vercellone, Carlo. 2007. “From Formal Subsumption to General Intellect: Elements for a Marxist Reading of the Thesis of Cognitive Capitalism.” Historical Materialism 15 (1): 13–36. https://doi.org/10.1163/156920607X171681.
Vercellone, Carlo. 2010. “The Crisis of the Law of Value and the Becoming-Rent of Profit.” En Andrea Fumagalli y Sandro Mezzadra (eds.), Crisis in the Global Economy: Financial Markets, Social Struggles, and New Political Scenarios, pp. 85–118. Los Angeles/New York: Semiotext(e).
25 de octubre de 2026.

*Magister Scientiae en Metodología de la Investigación Científica (UNER).

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