
Ser humanes – Por Ana Ojeda
17 julio, 2026Los jugadores argentinos recibieron el «trapo» y lo mostraron al mundo con alegría y celebrando su notable victoria contra Inglaterra. El poder simbólico y de difusión que tuvo esa actitud liquidó en segundos a los censores que «ocupan» Olivos e inquietó al gobierno Británico.
Por Alberto Félix Fernández*
(para La Tecl@ Eñe)
«Tiene códigos», dice Coco Basile. Valora ese lenguaje invisible que significa la esencia de la vida como estar al lado del amigo/a en los momentos que más se necesita. Eso se llama solidaridad sin esperar nada a cambio. Los silencios tienen más valor que las palabras porque impiden que haya expresiones fuera de lugar.
En el mundo del fútbol los códigos son sagrados. Muchos se equivocan cuando hablan con desdén de los futboleros ya sean protagonistas directos como jugadores, técnicos, dirigentes, profesionales de la medicina o cualquiera que cumpla funciones en una institución.
La repercusión del fútbol hace trizas y disuelve como un cubito en un horno las aspiraciones de poseerlo y controlarlo, como si fueran juguetes para niños.
Desde el gobierno del actual presidente de la Nación a algún analfabeto/a político se le ocurrió quedar bien con sus patrones: USA & ENGLAND. Y propuso, como buen lacayo, no molestar a los poderes y prohibieron que se llevarán al estadio donde jugó la Selección banderas o pancartas con contenido político. En su máxima brutalidad e ignorancia la encargada de la Seguridad Alejandra Monteoliva, entre otras estupideces, mencionó a «ese mapita que se ve en remeras o pancartas».
Esta señora, como toda la actual gestión, da las órdenes que emanan del FMI, y se metió donde no debía, que era el mundo del fútbol. Pisó la cáscara de banana y se fue de traste al suelo, arrastrando al personaje que funge de presidente.
No fue una pancarta ni una bandera, fue un pedazo de sábana de un hotel norteamericano que sirvió para amargarle el momento al presidente y su runfla de bandido/as. Ahí se leía «Las Malvinas son Argentinas».
La señora Monteoliva (es peor que la Bullrich en todo) se estrelló contra una realidad desconocida.
Los jugadores argentinos recibieron el «trapo» y lo mostraron al mundo con alegría y celebrando su notable victoria contra Inglaterra. El poder simbólico y de difusión que tuvo esa actitud, liquidó en segundos a los censores que «ocupan» Olivos y de a ratos la Casa Rosada.
Peter Kyle, portavoz del primer ministro inglés, pide a la FIFA sanciones contra la Selección y habló de «flagrancia violación de las reglas».
Hay un problema serio sobre lo que reclama este «sir». Las Malvinas fueron tomadas por sus antepasados en 1833 (193 años). No es el único delito cometido por su país. La historia lo condena. Por eso los pueblos libres del mundo celebraron como argentinos el triunfo de estos muchachos con Messi a la cabeza.
El defecto de menospreciar al mundo del fútbol provocó que las hinchadas empiecen, como la de Boca en Rosario, a mostrar trapos con el mapa de las Malvinas.
En el mundo del fútbol los poderosos muchas veces se tienen que arrodillar. Pueden preguntarle a Macri y Angelici cómo les fue queriendo destruir la idolatría que los boquenses sienten por Román. O cuando el Papa Juan Pablo II le dio un Rosario a Diego y le dijo que era especial. A los pocos minutos Diego le preguntó a su madre cómo era su Rosario. La Tota se lo mostró y Diego le muestra el suyo y le comentó «son iguales ¿no?». Su mamá le dijo que sí, y Diego rompió todos los protocolos lanzando: «Che, Papa, me caminaste. El rosario es igual que el de mi Vieja». Juan Pablo II no tuvo respuesta.
La clase política no sabe cómo manejar la leyenda del trapo que mostraron los muchachos del seleccionado. Les recomendaría a los funcionarios que cierren la boca, porque puede ser peor todavía. Por el tema de los códigos…
18 de julio de 2026.

*Periodista. Trabajó en el diario Clarín desde 1968 hasta el 2000.

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