

“Unidad Básica” es un ejemplo teatral de potencia poética y de una política de encuentro en el tiempo incierto, muy difícil de sostener, en estos días tan críticos para la población.
Por Andrés Mangone*
(para La Tecl@ Eñe)
Para cuando estrenamos “Unidad Básica”, en 2003, con Pompeyo veníamos compartiendo la dirección de la investigación y la formación de alumnas y alumnos en su estudio El Cuervo desde hacía ya unos cinco o seis años, en los cuales habitualmente incorporábamos temas muy propios de la historia de nuestro país para agitar nuestras producciones. Y continuamos con esa estrategia durante muchos años más, como son los casos de “Museo Ezeiza 73”, “El Farmer”, “Muñeca” y “Trastorno”, por nombrar algunos. Pero lo cierto es que los temas, a los cuales solíamos llamar “aparentes”, entraban en juego como elemento secundario de la composición escénica. Nuestro eje siempre ha sido la actuación como núcleo de la producción dramática, independiente y anterior a cualquier circunstancia temática. “Aparente” porque efectivamente nuestras escenas se enmascaran en asuntos reconocibles para facilitar la pertenencia al hecho teatral, pero nuestra política compositiva rompe con fines serviles a relatos y representaciones, para dirigir las fuerzas de ocupación y parasitación del tiempo y el espacio anidadas en los cuerpos actuantes, con la fe de acceder a través de las relaciones de actuación a expresiones mucho más intensas y singulares, propias de la capacidad de asociación libre de la que somos capaces en el seno del ensayo. Quiero decir, la potencia expresiva desatada en nuestros trabajos casi que podría prescindir de los asuntos superficiales que aparentan tramitar, o podrían ser reemplazados por otros, y el material estaría casi intacto en su naturaleza teatral. Y digo “casi” porque no negamos que los temas seleccionados o capturados en las investigaciones finalmente aportan su fuego propio, o su propia capacidad de encender aún más el dispositivo, y más aún, la relación misma con el público se establece en un campo de unidad y pertenencia que habilita unas señalizaciones en la ruta poetizante que pretendemos. Pero los fines de ardor poético teatral, requieren una política formalista que, al mismo tiempo, mantenga viva la fuerza de distanciamiento, el ejercicio técnico actoral para desplazar los límites de representación a una zona lindante provocadora. Las señales están presentes durante el hecho, y también traicionadas. Así es como pensamos la teatralidad, pertenencia y ruptura, territorio y desterritorialización, la escena es tal cuando los cuerpos ocupan un espacio, munidos de una política de composición y una serie de consignas formales para organizar el dramatismo de vernos lanzados a la zona liberada.
“Unidad Básica” es un ejemplo de producción teatral bajo estas coordenadas, y de una política de encuentro en el tiempo incierto, muy difícil de sostener en estos días tan críticos para la población. También es cierto que hay similitud entre el presente y el año 2002, durante el cual un grupo de estudiantes de El Cuervo se juntó durante meses por fuera de las clases a improvisar con la técnica incorporada. Luego de acumular ensayos y grabaciones, se generó una cantidad de escrituras dramatúrgicas de participación colectiva, que finalmente fueron podadas y fijadas por la dirección, para pasar a un proceso de ensayo tradicional. La obra nos sumerge en una casa local partidaria de dudosa localización en el tiempo y el espacio de la patria, habitada por un matrimonio y un supuesto hijo al que llaman también “indio”. Esta familia rota por donde se la mire, suspendida y atrapada en la incertidumbre y la soledad, recibe de pronto la visita de Beto y Pelusa, dos compañeros que huyen por el sur del país escapando de un golpe. En esta dinámica de encierro cíclico, cinco cuerpos se atrincheran en un escenario con el fin de entregar sus gritos sagrados, disimulando sus identidades poéticas bajo consignas y personajes. Los golpes se repiten, y también la capacidad de resurrección. Así estamos, temblorosos en el borde de un proscenio. Una luz precaria se enciende y se agitan rastros de una ferocidad adormecida. Queremos componer algo, necesitamos despertar porque llegamos a esta zona del tablado lindante con el abismo: “Queremos salir de acá, pero no sabemos cómo…”.
*Codirector, junto a Pompeyo Audivert, de “Unidad Básica”. La obra se puede ver los domingos a las 18.30hs en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación.

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