

Fernando Noy escribe este texto personal – muy Noy – a meses de celebrar sus setenta y cinco florecientes años que lo encuentran presentando su libro Poesía reunida 1985-2026, y estrenando el documental «Lo Noy, carnaval de las almas», dirigido por Mario Varela. Noy también protagoniza los domingos de abril a las 19 horas, en El Galpón de Guevara, «Andén alucinado», donde su poesía y vida – que son una misma cosa – se vuelven ópera.
Por Fernando Noy*
(para La Tecl@ Eñe)
Cual insólito Libro de Petete inesperado, en realidad sin punto final ni probable síntesis, fue creciendo por el laberinto mutilado de casi sesenta años esa especie de trébol afortunado con cuatro pétalos a saber: Hippismo, Tropicalismo en Bahía-Brasil, Underground argentino, rebautizado Engrudo para desyanquilizarlo de inmediato, como Numeritos en lugar de Performance, y el actual Nadismo internético con sus innumerables tentáculos en redes siempre extendidas para atrapar esa mutante y voraz diversidad de las nuevas e imprevisibles musas recliqueadas sin cesar, cada vez más productivas, y al mismo tiempo, tan antropofágicas como novedosas.
Personalmente tuve el inmenso privilegio de vivir intensamente este cuarteto de décadas nacidas desde el ombligo numérico por algo coincidentes ya que no en el ´70 sino en 1965 surgían en Argentina los tiempos iniciáticos de Amor y Paz cuando las anfetaminas todavía eran de venta libre en cualquier farmacia, el LSD comenzaba a ser utilizado por los más expertos psicoanalistas, la marihuana superstar arribaba desde Pedro Juan Caballero, original oasis rastafari paraguayo, entre tantos otros menjunjes alucinógenos, revelando una nueva conciencia del placer al mundo entero.
Después, en el ´75 – un año antes del atroz ´76 – la obligada fuga o autoexilio rumbo a Bahía, en Brasil, donde surgía el impar Tropicalismo con el regreso de Caetano Veloso y Gilberto Gil desde su exilio en Londres y un innumerable enjambre de artistas hoy venerados.
El año siguiente, 1976, cuando en Argentina el carnaval era prohibido, paradójicamente durante el propio festejo de Momo en Bahía, sin siquiera proponérmelo terminaba ungida, aun extranjera, como reina del mismo, aunque ni siquiera hablara portugués.
En cambio, mi cuerpo dorado por el sol lograba rebolar semidesnudo al ritmo incansable de los tamboriles – creando, sin siquiera darme cuenta, el propio colales -, dentro de una fusión de ritmos que ya dominaba por completo: tango, flamenco, samba y rock and roll; hipnotizando multitudes desde la Escalera del Pecado, donde curtían las bichas, o sea, gays ultra producidos de todo el país e incluso internacionales llegadas a la entonces gran celebración.
Después de una década en ese paraíso, tuve obligatoriamente que volver a mi país a causa de la funesta Ley Cóndor, aunque lo trágico pronto se transformó felicidad absoluta cuando Katja Alemann y Omar Chabán, en el ´85, me invitaron a la inauguración de Cemento, donde se produce el encuentro con Batato Barea, quien de inmediato me convida a verlo al también recién nacido Teatro Parakultural.
Nos volvimos inseparables.
Presentándome también en otras salas imposibles de enumerar por completo como Mediomundo Varieté, Babilonia, Ave Porco, El Dorado, el Centro Cultural Ricardo Rojas y tantos otros.
De pronto estalla la bomba Atómica del deseo llamada SIDA, que nos arrebata a Batato junto a otros geniales artistes. «Muerto Batato, muere el underground», pontifica la fabulosa pintora Marcia Schvartz.
Y así fue.
Su vaticinio, como si el todismo se volviese nadismo, se hizo lamentable realidad.
Hacen más de tantos años con el advenimiento de Internet que con un click nos hizo comprobar que ahora los nuevos espacios pasaron a ser cada nombre de tantos nuevos creadores siempre ajenos al Mainstream.
Ahora, el boca a boca surge vertiginosamente, sin fronteras ni límites.
En mi caso no deja de ser milagroso, al viejo estilo como diría Becket, estar durante abril participando de una propuesta teatral conmovedora como “Andén Alucinado” los domingos de abril a las 19 hs., en El Galpón de Guevara, dirigido brillantemente por Guillermo Vega Fischer y con un equipo realmente fuera de serie. Al mismo tiempo, organizando junto a la poeta-editora Roxana Artal la inmediata presentación de mi Obra Reunida por Evaristo Editorial, y a la vez, este año en el BAFICI, se estrenará un documental dirigido por Mario Varela, exquisito poeta de papel y cámara, titulado “Lo Noy, carnaval de las almas.”. En el neutro de ese «Lo», al fin caben todos los colores de un arco iris eterno, o caleidoscópico, y ojalá por siempre fulgurante.
Aleluya.
Al fin no queda otra que autocelebrarme brindando con todes vosotres: ¡Así sea …!

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