
De los hermanos Williams a los tareferos de Misiones – Por Matías Jauregui
20 octubre, 2026Los autores publicaron el libro «Planificación o dependencia» y este jueves 22 de octubre convocan a un debate en la Facultad de Sociales junto con la cátedra «Planificación en comunicación» del la UBA para conversar sobre la importancia de una planificación popular como hoja de ruta capaz de unificar reclamos en tiempos de desarticulación para ordenar todo lo que el mercado desordena.
Por Nahuel Sosa* y Pablo Bercovich**
(para La Tecl@ Eñe)
La unidad hasta que duela es una bella consigna, pero como estrategia política merece ser repensada. Como práctica electoral puede ser efectiva, pero como práctica de gobierno resulta impotente. Por eso se trata de dotar de sentido a esa unidad, generar una unidad de ideas y proyectos. Es una síntesis de minorías dispersas en mayorías diversas. Es una unidad que se teje al calor de las luchas. La planificación juega un rol clave en este punto porque, en esencia, una planificación popular expresa un modo de unidad, aquel que surge de las demandas insatisfechas y de las acciones colectivas. La planificación, es la hoja de ruta que da certezas en tiempos de incertidumbre y puede unificar reclamos en tiempos de desarticulación para ordenar todo lo que el mercado desordena.
La tarea es pensar en una planificación en la cual la unidad tenga claridad y sentido político. Para Carlos Matus, economista experto en planificación estratégica, se planifica a partir de estructurar problemas de la agenda pública para reponer cierta organización frente a la incertidumbre. Es un proceso continuo, y es una herramienta política, en tanto «planificar no es otra cosa que intentar someter a nuestra voluntad el curso encadenado de los acontecimientos cotidianos que, al final, fijan una dirección y una velocidad al cambio que inevitablemente experimenta un país a causa de nuestras acciones».
Nos interesa marcar que la planificación no es una cuestión técnica; pensarla sólo de ese modo es quitarle toda su potencia. Se trata, más bien, de una cuestión transversal, que está presente en nuestra cotidianidad, en la memoria colectiva y en el seno de nuestra sociedad. Tener un plan es tener un destino común.
Cuando una comunidad no planifica pierde capacidad de decidir por sí misma, de proyectarse. Predominan la fragmentación y el desánimo. Planificar colectivamente es una necesidad histórica. Los grandes planes marcan un punto de inflexión, son clivajes que determinan un antes y un después. Las encrucijadas que imponen los acontecimientos políticos y económicos muchas veces se resuelven con planes que se convierten en imaginarios comunes y, luego, conforman una identidad. Son proyecciones y hasta epopeyas de tal magnitud que pueden constituir la idiosincrasia de una Nación. Partimos de la siguiente premisa: lo primero que aleja a una planificación popular de una neoliberal es que la primera busca el desarrollo nacional. No son los mercados los que determinan el proyecto de país ni tampoco quienes imponen las condiciones para definir el rumbo. Por el contrario, el rol que ocupen debe estar sujeto a las necesidades del conjunto de la población para alcanzar mayores niveles de bienestar y calidad de vida, debe estar sujeto a potenciar los sectores estratégicos para promover el crecimiento económico, la inclusión social y el despliegue de nuestras capacidades productivas.
La planificación del Estado sin sujetos sociales que se involucren puede ser efectiva desde el punto de vista técnico pero absolutamente incompleta e inerte desde el punto de vista político. Es el saber popular articulado con el saber académico. De allí surgen las mejores políticas públicas para mejorar las condiciones de vida en los territorios. Existe el Estado y existen los individuos. Pero en el medio existen las mediaciones. organizaciones libres del pueblo, formas diversas que encuentra la comunidad para agruparse y organizarse. Creer que las planificaciones son transferencias del Estado hacia las personas negando el rol de las organizaciones es caer en la trampa neoliberal. Es desconocer nuestra rica historia de luchas y conquistas sociales.
La contracara de un plan tampoco es un no plan, sino que es, nada más y nada menos, que un plan digitado por otro o por otros. Si nos resignamos y no planificamos, en realidad nos estamos privando de nuestra capacidad de incidir en la realidad, de modificarla y de transformarla, de hacernos cargo de nuestras historias, de nuestras acciones y decisiones. Si no planificamos, nos planifican.
El pueblo argentino ha salido de las crisis planificando. En estas situaciones, la planificación no es una cuestión meramente técnica, académica o económica. Por el contrario, es profundamente política. Es un horizonte que logra sintetizar diversas demandas insatisfechas y seguir adelante con una nueva alternativa.
El 20 de diciembre de 2023 el gobierno de Javier Milei estableció el Decreto de Necesidad y Urgencia N° 70/2023, denominado Bases para la Reconstrucción de la Economía Argentina. El DNU contenía 366 artículos, una suerte de reforma constitucional de hecho. La extrema derecha asumió el gobierno con objetivos y metas claras. No hubo vacilaciones. A modo de ejercicio prospectivo podríamos preguntarnos, cuando un proyecto popular vuelva a gobernar en nuestro país, ¿cuál debería ser su DNU inaugural? ¿Cuáles serían las reformas prioritarias? ¿Alcanzaría sólo con “reformas” o serían necesarias transformaciones profundas y estructurales? ¿Las estatizaciones serían una opción sobre para empresas privadas que funcionan mal? ¿El Estado no debería tener incidencia y participar en los directorios de empresas estratégicas de insumos que necesita nuestra industria? ¿Cómo nos posicionamos geopolíticamente con Estados Unidos y China? ¿La posibilidad de una reforma agraria, la redistribución de tierras públicas y cambios en las estructuras agrícolas para mejorar su producción seguirán siendo temas inoportunos para debatir? ¿No sería acaso posible garantizar un nuevo plan quinquenal de viviendas y lotes a partir de las tierras públicas ociosas? Podríamos continuar ampliando la serie de interrogantes, pero lo que nos interesa destacar es que su importancia radica en que son una hoja de ruta en la medida en que construyamos respuestas articuladas, siempre y cuando no esperemos demasiado para hacerlo.
Con esta impronta nos encontramos el jueves 22 de octubre en la Facultad de Sociales a las 19hs junto con la cátedra «Planificación en comunicación» Porque a la antipolítica hay que enfrentarla involucrando a la sociedad en los grandes debates políticos, siendo protagonista en la elaboración de los nuevos planes. Y en este sentido la planificación es mucho más que un programa de gobierno, una plataforma electoral o un conjunto de equipos técnicos. Es la herramienta política para dar vuelta la página.

20 de octubre de 2026.
*Magíster en Sociología Económica (IDAES-UNSAM) Sociólogo (UBA)
**Director de la Consultora Marca PyME. Ex Subsecretario PyME de la Nación. Profesor y Magíster (UBA). Autor del libro Planificación o dependencia.

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