Un hecho trágico, un viaje, una canción – Por Jorge Boccanera

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Un hecho trágico, un viaje, una canción – Por Jorge Boccanera

Foto: Colectivo Fotografía a Pedal.

Foto: Colectivo Fotografía a Pedal.

Hace cuarenta y cinco años en Ledesma, la dictadura militar secuestró con la complicidad civil de Pedro Blaquier a cuatrocientas personas, entre ellos el médico Luis Arédez, que continúa desaparecido. Jorge Boccanera rememora en esta nota aquél hecho trágico que se enlaza con un viaje y una canción, “Ronda de la sola”, que Boccanera compuso con el cantautor riojano Pancho Cabral en homenaje a la Madre de Plaza de Mayo Olga Arédez.

Por Jorge Boccanera*

(para La [email protected] Eñe)

 

I

Hace exactamente cuarenta y cinco años, julio de 1976, en Ledesma le pusieron capucha a la luz y secuestraron a cuatrocientas personas, entre ellos al médico Luis Arédez, su intendente, quien aún figura entre los treinta y ocho desaparecidos. Por años, su esposa Olga Arédez, hizo la ronda de la plaza de Libertador General San Martín, en soledad. 

Decir “la noche del apagón” es una redundancia, una tautología, peor: es nombrar una pesadilla duplicada. La palabra “apagón” designa sin más a aquellos que se movían en las sombras, en los sótanos de la crueldad para perseguir, detener, torturar, asesinar; uniformados o encorbatados; si unos con el garfio, otros con la prótesis de madera; es decir, la pata civil de la dictadura militar y con responsabilidad en los hechos represivos.

Justamente en este mes de julio ha vuelto al tapete el nombre de Carlos Pedro Blaquier, como sucede en cada recordatorio de los  trágicos sucesos de Ledesma, pero además por el estado actual del proceso en una causa por crímenes de lesa humanidad que pesa sobre el empresario y el ex administrador de Ledesma, Alberto Lemos, hoy empantanada merced a distintas argucias judiciales.

De modo que si por un lado el tema “Ledesma” despliega una constelación de “apagones” ocurridos en distintos momentos de la historia -saqueo de territorios a los pueblos indios, desmonte de las yungas, contaminación por el bagazo de las pasteras y entre  muchas otras rapacidades la explotación de miles de peones golondrina (se dice que el ex presidente boliviano Evo Morales llegó a trabajar allí de niño)-, por el otro, las voces que bregan por memoria, verdad y justicia intentan activar una mega causa que lleva nueve años de idas y venidas. La impunidad de la que ha gozado hasta aquí Blaquier pone el foco en la doble vara de la justicia cuando se trata de juzgar a un empresario poderoso y multimillonario.   

(Permítaseme una digresión: Dado que en la carpintería del habla popular las palabras cobran vida propia y se revalidan como metáforas -un ejemplo a la mano: “se me hizo la noche”-, no sería raro que más adelante aparezca el término “apagón” designando una desgracia, un trago amargo, un infortunio).

Blaquier y Arédez surgen entonces como las dos caras de Ledesma, uno encarnando lo tenebroso, la prepotencia, el poder del dinero; y en el polo opuesto la decisión de echar luz, con integridad y altura moral.

 

II

Tuve la suerte de conocer a esta luchadora incansable en una marcha de Calilegua a Libertador General San Martín, organizada por los organismos de Derechos Humanos para acompañarla y homenajearla. Fue en 2002, cuando llegué a Jujuy a instancias del escritor Alejandro Carrizo –poeta notable, editor de la revista El Duende durante doce años-, para una serie de actividades, entrevistas lecturas, encuentros con intelectuales de esa provincia, que pude estrechar con emoción y respeto las manos de Olga. 

Iba ella a la cabeza de la extensa columna del brazo de otra Madre de Plaza de Mayo, María del Carmen Ovando de Burgos (su hijo Daniel Leonardo fue secuestrado en agosto de 1976); y por el camino de polvo se cruzaba un coro de consignas reivindicativas y pancartas con los rostros de desaparecidos. Alguien me pasó un cartel con el retrato de Alcira Fidalgo, joven jujeña, poeta y artista plástica que fuera  secuestrada por un grupo de tareas a las órdenes de Alfredo Astiz el 4 de diciembre de 1977. En ese mismo viaje conocería a sus padres: Andrés Fidalgo, uno de los grandes escritores jujeños estudioso de la cultura del noroeste, y a su madre, Nélida Pizarro, reconocida titiritera.

Al llegar a plaza, tras la alocución de referentes de los derechos humanos y dirigentes políticos, hubo un lugar para la poesía. Leí el poema “¿Será posible el sur” con la garganta atenazada por la emoción; lo había escrito en el exilio y  dos décadas después volvía a sonar en esa plaza donde resonaban los pasos de Olga, la mujer que tantas veces hizo la ronda en soledad, con su pañuelo blanco y su pancarta con el rostro de su marido Luis.

Muchos recuerdos me quedan de aquel viaje; el encuentro siempre amoroso con Nora Cortiñas –años atrás había incluido su historia de vida en mi libro Ángeles trotamundos-, la lucidez del “Perro” Santillán, dirigente gremial que entrevisté para un medio de Buenos Aires, una breve charla con Adolfo Pérez Esquivel sobre Rigoberta Menchú, a quien una década atrás había propuesto para el Nobel de la Paz, el encuentro con algunos de los impulsores de la legendaria revista Tarja aparecida entre 1955 y 1960 –el citado Fidalgo, Héctor Tizón y Néstor Groppa- y con otros escritores tan destacados como Ernesto Aguirre, poeta que hacía equilibrio entre la brevedad del aforismo y el vértigo de la historieta, fallecido aún joven en 2016.

Todo este prolegómeno, para hablar de un hecho trágico –la noche del apagón-, un viaje –que me hizo conocer más la cultura y la realidad jujeña-, y una canción, “Ronda de la sola”, que compusimos hace ya unos años con el cantautor riojano Pancho Cabral. Su letra dice: “Con su muleta al rojo,/ con su sentir a cuerda,/ con su arenga de lata./ Este viento de locos/ hecho de manotazos/ y relleno de rabia./ Cuando falta el abrazo/ del cuerpo que relumbra/ montado en la distancia/ suelta un perro de silbos/ en las tardes del solo/ que escupe noches largas./ Es un viento sin párpados/ carga una enorme tuba/ marcha dando zancadas./ Apagón de Ledesma/ la patota de sombras/ y la vida incendiada./ Este viento de fierro/ barre madres de polvo/ te descascara el alma.

La mujer de la ronda y la gota de sangre que en la esquina la aguarda/ lleva un nido de cruces empollando en la espera: ‘yo solita y mi alma’. / Cuando la vida en fuga te rebana las piernas y no hay Cristo que valga/ En la calle de tierra una madre se alza contra el viento a mansalva.

 

Llavallol, 30 de julio de 2021.

*Poeta, escritor y periodista. En el 2020 se publicó su obra reunida Tráfico Estiba, por HD Ediciones.

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