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Un Doctorado honoris causa que vale vida – Por Rodrigo Codino

Foto: Gentileza de Rodrigo Codino.

Foto: Gentileza de Rodrigo Codino.

El rector del Instituto Universitario Nacional de Derechos Humanos Madres de Plaza de Mayo, Rodrigo Codino, nos envía una reseña sobre la entrega del Doctorado honoris causa que la Universidad Autónoma de Santo Domingo le entregó, como máximo reconocimiento académico, a la Presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini el pasado 2 de diciembre. En el acto Hebe dijo que el título es un mimo y un abrazo para las Madres pero, en definitiva, no es otra cosa que el amor del pueblo latinoamericano que nos regala vida agradeciendo su legado.

Por Rodrigo Codino*

(para La [email protected] Eñe)

A Hebe de Bonafini y a las Madres de Plaza de Mayo. 

“La élite prefiere el cutis blanco” decía una publicidad en algún periódico de la República Dominicana en la época del dictador Rafael Leónidas Trujillo Molina en los años ’30 del siglo pasado. Este no hacía -ni más ni menos- desde su llegada al poder que impulsar un consenso de las clases dominantes identificadas con los valores raciales del hombre blanco y que aspiraba a modelos culturales de la civilización occidental.

Desde el comienzo del régimen -que duraría 30 años- el Presidente dominicano -que se hacía llamar el Padre de la Patria Nueva- se trazó un primer cometido: blanquear a su país, especialmente a lo largo de sus fronteras con Haití.

En 1937 conforme aquella idea de blanqueamiento de la población de mayor melanina, se produjo una de las matanzas más espeluznante de este continente.

La estimación de las cifras de este genocidio fue tarea difícil para los historiadores que lo calcularon entre cinco mil y veinticinco mil, aunque como dice el derecho, a confesión de parte, relevo de prueba: Trujillo se ufanaba en medios de comunicación de haber matado 18.000 haitianos y que finalmente no le había pasado demasiado.

Nueve días alcanzaron para terminar con el aniquilamiento de una gran parte de la población negra. La policía y los militares se valieron de sables, machetes y cuchillos, garrotes, etc. La escopeta estaba reservada para disparar a quienes huían aplicando la denominada “ley de fuga” y una multitud de niños y niñas por su color de piel fueron asesinados en las escuelas.

Más allá de la crisis internacional que produjo esta masacre y los 750.000 dólares que se le impuso pagar al régimen en un acuerdo indemnizatorio con Haití, Trujillo gobernaría el país hasta su asesinato, es decir, desde estos hechos casi veinte años más.

La Universidad de Santo Domingo que es la más antigua de nuestra región -creada mediante la Bula In Apostolatus Culmine, el 28 de octubre de 1538 por el Papa Paulo III, y regenteada por sacerdotes de la orden de los dominicos- también sucumbió frente a la pulsión genocida.

Previo a ello, la invasión de tropas norteamericanas entre 1916 y 1924 en República Dominicana hizo que la Universidad también debiera interrumpir su funcionamiento: el colonialismo imponía una pedagogía y una educación a su medida.

En 1930, cuando Trujillo asumió el poder, se decía que si los Estados Unidos eran el nuevo “patrón”, el Presidente era el “peón del patrón”.  

El terror y la vigilancia militar y policial constituyeron los instrumentos de gobierno más efectivos. Tanto la Policía Nacional, el Ejército, el Servicio de Inteligencia Militar, el Partido Dominicano como la Universidad eran las herramientas de control político y propagación de ideas totalitarias.

El cuerpo docente de la Universidad obtenía sus privilegios y estaba ligado a los intereses de la dictadura. La Guardia Universitaria era la organización paramilitar en la que debían enrolarse los estudiantes de la Universidad de Santo Domingo y tenía como misión ejercer la vigilancia sobre los estudiantes, disciplinarlos y movilizarlos para actos políticos del régimen personalista y absolutista de Trujillo.

La Universidad era el escenario de violaciones a los derechos humanos al por mayor: detenciones ilegales, torturas, muertes.

La resistencia de la comunidad académica de la Universidad Autónoma de Santo Domingo fue una de las más férreas y ejemplares durante esos largos años. Entre otras cosas, reclamaba la libertad de todos los presos políticos -que eran miles- y justicia por las muertes ocurridas, mientras que por radio la dictadura anunciaba que a los opositores les harían “saltar los sesos como mariposas”.

Hacia fines de los años ’50, la dictadura se volvió frenéticamente más violenta, incluso llegó a participar en la tentativa de asesinato de un Presidente latinoamericano.

Después de la revolución cubana, Trujillo aceleró la persecución política contra todo movimiento disidente. Todo lo que se tiñera de “rojo” era considerado para su gobierno un peligro para la Nación: la muerte y la cárcel de disidentes eran moneda corriente.

La historia de la familia Mirabal es quizás aquella que mejor representa la tragedia en este país, aunque quizás pueda señalarse como denominador común a la era de Trujillo como la etapa del patriarcado más descarnada de la región en la que la violencia institucional se manifestó no sólo a través de persecuciones políticas sino como una forma de sometimiento y de opresión hacia las mujeres a las que el Presidente les mostraba su desprecio de género.

El “Padre de la Patria nueva” se convertiría en uno de los femicidas más conocidos del continente.

Luego de aquel rechazo que le efectuara Minerva Mirabal a sus avances amorosos en la fiesta de San Cristóbal en 1949, y por la cual su familia abandonara el evento sin permiso del Presidente, comenzó una persecución feroz contra su familia, en especial, contra las mujeres más jóvenes de la familia, a quienes se las encarceló en muchas oportunidades y condenó por delitos que atentaban contra el Estado.

Las mujeres abusadas psíquica y sexualmente por el Presidente -que no fueron pocas- eran consideradas como de su propiedad, como si se trataran de objetos de poco valor. Dedé Mirabal -la mayor y única sobreviviente de las hermanas- señaló que en esa época se la llamaba “las damnificadas” con las consecuentes dificultades que traían estas vejaciones para contraer luego matrimonio.

Un largo viaje de Trujillo a España permitió que Minerva se inscribiera en la Universidad, en la Facultad de Derecho en 1952, pero al año siguiente se le impidió reinscribirse por orden directa de Trujillo, quien exigió como condición a su incorporación de un discurso en su honor. También María Teresa Mirabal ingresaría en la Universidad de Santo Domingo.

Trujillo -dice Dedé Mirabal- nunca dejó de vigilar a Minerva hasta el punto que cuando se graduó de abogada en 1957, con calificaciones sobresalientes, los cómplices del dictador en la Facultad de Derecho de la Universidad de Santo Domingo le negaron todos los reconocimientos académicos y fundamentalmente, el derecho a ejercer la profesión.

En la reseña de la Revista El Caribe del 15 de mayo de 1960, Trujillo anunciaba solapadamente la muerte de las Mirabal, acusándolas de comunistas no sin olvidar aquel rechazo al acoso sexual por parte de una de ellas.

Algunos meses después, el 25 de noviembre, la policía describía un accidente automovilístico para encubrir el asesinato de las tres hermanas.

La comunidad internacional conmemora esta fecha -por impulso de los movimientos feministas latinoamericanos- el “Día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer” desde 1999.

Foto: Gentileza de Rodrigo Codino.
Foto: Gentileza de Rodrigo Codino.

Esa misma Facultad de Derecho -actualmente Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas-, la misma en la que había egresado Minerva Mirabal víctima de violencia institucional y de un femicidio hediondo, propuso a consideración del claustro mayor y menor de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, la entrega del título de Doctorado Honoris Causa como “activista argentina” a la referente de las Madres de Plaza de Mayo.

El 2 de diciembre de este año, una delegación de la Universidad, encabezada por la primera rectora de la historia en más de cuatrocientos años de existencia, la doctora Emma Polanco Melo, le entregó el máximo reconocimiento académico a la Presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo, Hebe de Bonafini.

No es un hecho menor que esta Universidad hiciera la excepción de entregar esta distinción en dos oportunidades fuera de su emblemático recinto. Únicamente lo hizo fuera del país para gratificarlos: a Fidel Castro, en Santiago de Cuba en octubre de 1992 y a Hebe, en Buenos Aires, en diciembre de 2021.

En el acto de investidura, la rectora Emma Polanco Melo, señaló que probablemente no existiera un país más sufrido que la República Dominicana, con las intervenciones militares extranjeras y un régimen totalitario como el de Trujillo que cometiera las más aberrantes violaciones a los derechos humanos de las que se tenía memoria en los albores del siglo XX.

 Esta Universidad como símbolo de resistencia y de defensa de los derechos humanos debía reconocer la lucha infatigable de las Madres de Plaza de Mayo que  trascendía las fronteras: las Madres son un ejemplo internacional. La Rectora Magnífica expresó que venían de República Dominicana a demostrarles el cariño de su pueblo.

El Decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, Bautista López García, dio a conocer los fundamentos de la decisión adoptada por el Consejo Superior de la Universidad “en el reconocimiento a la lucha por el esclarecimiento de la verdad respecto a sus hijos víctimas de un régimen genocida, la reivindicación de los 30.000 detenidos desaparecidos durante la dictadura militar argentina y la incansable búsqueda de las Madres de Plaza de Mayo para que no se pierda la memoria en Nuestra América”.

No sin razón, Raul Zaffaroni expresó en este acto que “los derechos humanos no son una asignatura en una Universidad, sino que su verdadera esencia e historia se aprende en la lucha. Y los dominicanos supieron siempre de luchas sobreponiéndose a todos esos sufrimientos y adversidades. Por eso saben de Derechos Humanos ”.

La recipiendaria y flamante Doctora Honoris Causa, Hebe Bonafini, en su discurso dedicó el premio a “mis hijos e hijas desaparecidas, a ellos y a ellas y a mis compañeras de lucha, las Madres de Plaza de Mayo de todo el país”.

El emotivo homenaje de Hebe a los treinta mil desaparecidos retuvo el agradecimiento hacia ellos y ellas que las “parieron” y quienes sostenían que mientras haya uno solo que levante nuestra bandera nunca vamos a morir. Este premio recibido era una forma de izarla: “gracias por levantar la bandera”, concluyó una Hebe conmovida.

Cuando la noche caía y el acto de investidura por el Doctorado Honoris Causa se daba por concluido, la indescriptible mujer que da lustre a la cultura popular latinoamericana, la poetiza del tango Susana Rinaldi, tomó el micrófono repentinamente para expresar lo que significaba este reconocimiento para el país.

Susana Rinaldi con su verbo exquisito señaló : “No podemos irnos de aquí sin decirte que la única y fuerte razón que nos trae aquí -y que no podemos dejar de decírtela- es porque te queremos, es porque toda tu vida hiciste lo que  hiciste y lo llevaste adelante para que no dejáramos de saberlo y de quererte como te queremos… Somos lo que somos hermana y lo que tenemos que hacer y la obligación nuestra, de gente que se quiere y se quiere para siempre, es la de mejorar la vida en la medida en que podamos”.

Dos días después, el sábado 4 de diciembre, al cumplir 93 años, Hebe admitió la importancia de la distinción diciendo que “es el amor de otros pueblos que nos hacía mucha falta”. Como ocurre todos los años en esta fecha, y siempre pensando en las necesidades de los que menos tienen, invitó a su cumpleaños solicitando como único regalo la donación de pañales y de leche para las madres, niños y niñas, que lo necesitan en un barrio popular, lo que no hace más que reafirmar el compromiso de estas únicas mujeres con la realidad que nos toca en el tercer mundo.

El premio entregado, como dijo Hebe, es un mimo y un abrazo para las Madres pero, en definitiva, no es otra cosa que el amor del pueblo latinoamericano que nos regala vida agradeciendo su legado.

Buenos Aires, 7 de diciembre de 2021.

*Rector organizador del Instituto Universitario Nacional de Derechos Humanos Madres de Plaza de Mayo.

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