

En 1942 le pidieron a Simone Weil, exiliada en Londres, que escribiera sobre lo que podría hacer Francia para ganarle la guerra a Hitler. En ese contexto, presentó un proyecto que algunos juzgaron descabellado: Formar un equipo de enfermeras para luchar en el frente junto con los soldados, con la misión no sólo de cuidarlos, sino de darles fuerza moral y consuelo. Es en esta marcha de una crueldad sin freno que Lidia Ferrari recuerda esa idea de Simone, la de constituir una formación capaz de anteponer, de modo claro, una imagen totalmente contrapuesta a la de los supremacistas y pederastas de turno.
Por Lidia Ferrari*
(para La Tecl@ Eñe)
“Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero, y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos, sino a pecadores, al arrepentimiento.” Mateo, 9:13
1.
Es un deseo que en los tiempos crueles, desatados, impiadosos en los que vivimos resuenen ecos de aquellos tiempos primigenios del cristianismo o del budismo, de movimientos que cambiaron el mundo. Movimientos nacidos de algunas personas, como el Buda, alcanzando a personas simples con el mensaje de no reverenciar a los Brahmanes, de practicar una vida compasiva con los otros, de renuncia a la vida lujosa, de ascetismo. Como el Dios de Jesús que no será el de un déspota que se ocupa solo de su pueblo, sino un Dios para toda la humanidad, que se recuesta sobre los humildes, los abandonados, los débiles. Un Dios «lento para la ira y abundante en misericordia». No estoy diciendo que debe nacer una nueva religión, ahora que algunas de ellas han sido cooptadas por los mismos que desatan la crueldad. Nos hace falta un tiempo de oposición a los poderes inmisericordes, destructivos, codiciosos. Los déspotas de nuestro tiempo practican una impunidad para hacer lo que se les venga en gana, diseminando la religión del dinero y del consumo, la segregación de los humildes, la crueldad a los humillados. Sus narraciones, dispositivos y codicias, han diseminado una amoralidad que ni siquiera se preocupan en ocultar o disimular. El problema es que alcanza a parte de la población y, sin darse cuenta, ella abraza esas codicias, esas crueldades, esas canallerías triviales olvidando una moralidad de socorro al desposeído.
2.
Misericordia es una palabra de raíces latinas, compuesta por miser (desgraciado, miserable) o miserere (tener piedad) con cor-cordis (corazón). La capacidad de sentir desdicha por los demás y ser compasivo con ellos. No se trata de una emoción pasiva, sino de una virtud activa que debe traducirse en obras de ayuda. En el contexto bíblico la misericordia se asocia con el término hebreo bíblico rahamim. Tiene una dimensión materna ligada a la palabra rehem (útero), que describe su naturaleza visceral. Es más que la compasión o misericordia modernos, es un amor que se inclina frente a la fragilidad del humano, lo acoge y no lo abandona.
3.
En 1942 le habían pedido a Simone Weil, exiliada en Londres, que escribiera sobre lo que podría hacer Francia para ganarle la guerra a Hitler. Ya había intentado delinear ideas acerca de cómo inspirar a un pueblo diferenciándolo de la propaganda nazi, desde su desesperación de no sólo querer aportar ideas sino participar activamente para detener el infierno de la experiencia nazista. En ese contexto, presenta un proyecto que algunos juzgaron descabellado: Formar un equipo de enfermeras para luchar en el frente junto con los soldados, con la misión no sólo de cuidarlos, sino de darles fuerza moral y consuelo. Entre los fundamentos del proyecto dice:
“Un pequeño grupo de mujeres que ejercitara día tras día un coraje de este género sería un espectáculo tan nuevo, tan importante y cargado de un significado tan claro que impactaría la imaginación más que lo que hayan impactado los diversos procedimientos inventados por Hitler. Solo Hitler ha impactado la imaginación de las masas. Ahora sería necesario golpear con más fuerza que él. Este cuerpo femenino constituiría sin duda un medio capaz de lograrlo. […] Este cuerpo, por un lado, y las SS, por otro, crearían, por su contraposición, una imagen preferible a cualquier eslogan. Sería la representación más impactante posible de las dos direcciones entre las que la humanidad hoy debe elegir”[i].
Lo descabellado del proyecto no amengua la interesante construcción que realiza Simone Weil. Toma nota que se trata de dos direcciones hacia las que se dirige la humanidad y considera imprescindible representar de forma clara e impactante que la humanidad debe elegir una de ellas, y que una de esas direcciones no tiene el predicamento colosal que tiene el nazismo. Me ha interesado porque se trata de una situación similar a la que nos encontramos hoy día, en este mundo agobiado por un proyecto expansionista, imperial, supremacista, guiado por dos rectores principales con sus complicidades occidentales y más allá de occidente. Como Simone, podemos sentir similar aflicción cuando vemos que todo pareciera dirigirse sin freno hacia ese mundo regido por pederastas, supremacistas, fondos de inversión y tecnofeudalistas que sólo desean acrecentar sus cuentas con un plus: gozar de su poder e impunidad extremos para convertir a la humanidad en una plaza de esclavos para sus usufructos sin fin.
Es esta marcha de una crueldad sin freno, de la consciencia de una impunidad impiadosa que ni siquiera disimulan, lo que consuena con la urgencia del proyecto desesperado de Weil. Sabemos cómo terminó esa guerra. Fueron vencidos aquellos que detentaban el poder destructor y devastante. Sin embargo, a pesar de todos los Nunca Más pronunciados y sancionados, a pesar de las instituciones que se dieron para evitar el surgimiento de algo similar, aquí estamos, otra vez, frente a ideas y acciones muy cercanas a las del nazismo. Con una diferencia que algunos lúcidos han visto. A diferencia de la confrontación con la Alemania de Hitler, una gran cantidad de países e instituciones están del lado de los verdugos. Son varias naciones o poderes que se unen para construir más que un imperio, un orden de cosas que derribe lo poco de democracia y justicia social que aún perdura. Al vernos en una encrucijada similar, recuerdo esa idea de Simone, la de constituir una formación que pudiera anteponer de modo claro una imagen totalmente contrapuesta a la de los supremacistas y pederastas de turno. Estamos precisando también “… la representación más impactante posible de las dos direcciones entre las que la humanidad hoy debe elegir”.
Desgraciadamente, el genocidio del pueblo palestino se ha convertido en un símbolo que presta su imagen a aquello que amenaza a otros pueblos del mundo. La angustia de muchos por este orden de cosas ha producido acciones, como el evento de las flotillas a Gaza. El evento de las flotillas es algo así como esa “formación de enfermeras” que soñó Simone Weil. Con la beneplácita diferencia que las flotillas se pusieron en marcha y conmovieron al mundo (y van a retornar en marzo). Se trata de acciones que emergen desde una desesperación o forjadas en un rapto de desatino, pero que logran conmover la atención para asumir que estamos ante una encrucijada humana existencial.
Referencias:
[i] “Un piccolo gruppo di donne che esercitasse giorno dopo giorno un coraggio di questo genere sarebbe uno spettacolo talmente nuovo, talmente importante e carico di un significato talmente chiaro da colpire l’immaginazione più di quanto non abbiano fatto fin qui i diversi procedimenti inventati da Hitler. Soltanto Hitler ha finora colpito l’immaginazione delle masse. Ora bisognerebbe colpire più forte di lui. Questo corpo femminile costituirebbe senza dubbio un mezzo in grado di riuscirci. […] Questo corpo da una parte e le S.S. dall’altra creerebbero con la loro contrapposizione un’immagine da pre- ferire a qualsiasi slogan. Sarebbe la rappresentazione più clamorosa possibile delle due direzioni tra le quali l’umanità oggi deve scegliere”. WEIL, Simone. Progetto di una formazione di infermiere di prima linea, in S. WEIL – J. BOUSQUET, Corrispondenza. Milano, SE, 1994, p.52.
Sábado, 14 de febrero de 2026.
*Psicoanalista, escritora y ensayista.

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