Tanatocrática y Coqueta, cuarto capítulo del folletín «La Carrió – Retrato de una oportunista» – Por Carlos Caramello

Foto Carlos Brigo. Télam.
El acto en cuestión – Por Diego Sztulwark
3 septiembre, 2022
La historia como libretista – Por Hugo Presman
4 septiembre, 2022

Tanatocrática y Coqueta, cuarto capítulo del folletín «La Carrió – Retrato de una oportunista» – Por Carlos Caramello

Lilita y José Eduardo Abadi, el psicoanalista que, según ella, le salvó la vida.

Lilita y José Eduardo Abadi, el psicoanalista que, según ella, le salvó la vida.

El cuarto capítulo de “LA CARRIÓ – Retrato de una Oportunista”, se sumerge en la extravagante relación de la dirigente chaqueña con la muerte, desde la más tierna edad. TANATOCRÁTICA Y COQUETA o como la Parca siempre juega un rol en la vida de esta mujer que ha sabido hacer política con la idea de que siempre quieren matarla.

Por Carlos Caramello*

(para La [email protected] Eñe)

“La muerte es un castigo para algunos,

para otros un regalo,

y para muchos un favor.”

Séneca

Escuchen: yo soy la llevadora oficial de muertos al Chaco… hasta a mi padrastro lo llevé. Porque, en los momentos de crisis, la única que se hace cargo soy yo… porque acepto la muerte. Lo único, que lo condené a un íntimo amigo a pagar el cajón más caro de Lázaro Costa porque fue tacaño con mi amiga en vida”. La cita no es de un reportaje ni de un libro de confesiones: lo dice en su discurso “para levantar los ánimos” del Gabinete ampliado, luego de la derrota de las PASO en 2019.

Con levantadores de ánimo así, no hace falta nadie que trate de tirarte abajo, pensará quien lee en este momento pero hay que revisar la extravagante, la casi perturbadora relación que tiene esta mujer con la muerte y el grotesco rito que hace de esa asidua recurrencia a la Parca.

Como los viejos directores de cine, fundamos la escena a negro y que se abra en medio del bochornoso mes de marzo de 1965 en Resistencia. El hombre que camina por la calle Salta para llegar a su casa se llama Ramón Enzo Balbuena. Ingresa en el 574 y la imagen que se le aparece es la de una tragedia. Su hija, su niña, Laura Susana, de 9 años, está tirada sobre los mosaicos -el cable del teléfono enrollado en su cuello-, ahorcada. El grito rompe el cenit del sol en el cielo y desangra la siesta. Lela, como todas las madres de la capital chaqueña está muy asustada. Ella, acaso, con más motivo ya que a pocos metros de lugar de tan macabro hallazgo viven sus hermanos, los Rodríguez. Y Lilita solía juntarse con la niña asesinada en casa de sus primas. Es más: por edad y coincidencias, se habían hecho bastante amigas.

La investigación sobre crimen tan horrendo no avanza. Se cometen mil y una equivocaciones durante las indagatorias. El ministro de Gobierno del Chaco es sometido a una interpelación por el desastre. Todos los padres que tienen hijas de esa edad están consternados y temerosos. Y las acompañan a todas partes. Elisa se niega de plano. Va a ir sola a la escuela. Está decidido. De nada sirven los retos ni las súplicas de Coco. Sale caminando con su guardapolvos blanco y su porte desafiante. ¿Será que desde ese mismo momento aprendió a “aceptar la muerte” o, esa vez y, de allí, para siempre, Elisa María Avelina Carrió, alias Lilita, aprendió a enmascarar sus miedos y sus más profundas inseguridades a través de la máscara de la impostura? Que de desentrañar esas cuestiones y otras, va este libro.

Me van a matar”… «Me quieren liquidar»… “No voy al Congreso porque mi vida corre peligro”… “No quiero que me maten»… «Estoy loca porque sé que estoy demasiado cuerda y sé que me pueden matar»… “Ahora si estoy segura que a Nisman lo mató el gobierno”. “Los montoneros se formaron en Beirut. El stanilismo no valora la vida, si tienen que matar, matan. Este gobierno es stalinista.” “Al gobierno de Cristina, al secretario de la presidencia, Aníbal Fernández, y al jefe del Ejército, César Milani les digo: No me toquen y no toquen a nadie de mi familia«…

Los textuales forman parte del rosario de frases sobre el tema que Carrió ha derramado en los últimos 20 años. La muerte (no sólo la propia) constituye parte integral de su discurso provocador y ofensivo:  “Yo lo quiero a Daniel (habla de Scioli) pero si es ladrón, es ladrón, ¿qué le vamos a hacer? Hace tiempo que no me llama, él tiembla conmigo. La última vez que me llamó me dijo que Cristina lo quería matar, que lo iba a mandar a matar. Él era presidente del Senado y ella lo retó. Ahí recibía mails que lo iban a matar, y yo salí a defenderlo públicamente[1]«. decía a mediados de 2016 en una entrevista de TN Central y antes, en la mesa de Mirtha Legrand, había dicho que “Cristina decidió que hay que voltear ahora el Gobierno. Para eso, necesita muertos y culpar al Gobierno y a la represión[2]«.

Otro flashback y allí está Elisa Carrió casada, divorciada, madre de un hijo, estudiando Derecho, cursando Penal 1, consumiendo alguna pastilla porque no podía deshacerse de los kilos que le había dejado el embarazo y porque estudiaba noche y día en la necesidad de recibirse pronto. Y allí aparece Justo Bergadá, un joven buenmozo y entrador que de inmediato gana el corazón de Lilita. Se enamoran. Ella, que creía que nunca más iba a amar, sacudió todos los prejuicios y se entregó a esa sensación cálida y contenedora que es saberse querido. Salían juntos, estudiaban juntos y juntos, con un grupo de compañeros con los que eran muy amigos, fueron a rendir. Ella, una de las primeras en aprobar, se quedó esperando que rindiese el resto para ir a festejar todos juntos. Lo cierto es que esa noche, luego de brindar tupido por los éxitos, su novio y 4 amigos más regresaban de la farra y chocaron con una cosechadora que circulaba por la ruta sin luces. Murieron los 5.

Aquí las versiones se entrecruzan: ella a veces dice que, en un ataque de responsabilidad, prefirió quedarse a cursar otra materia que debía rendir en días y por eso no los acompañó, y otras veces, tiñendo con una cuota de fatalismo el relato, explica que iba en otro auto… cosa rara porque su novio manejaba el accidentado. Como fuere, la muerte vuelve a posar su gélido aliento en la vida de esta mujer.

En 2019, en un reportaje que le realizó el psicoanalista José Eduardo Abadi para la revista Viva, le pregunta si tuvo alguna experiencia psicoanalítica. Sí. -responde Elisa Carrió. Y agrega–  Y me salvó la vida. Yo me casé a los 16, a los 17 tuve a mi primer hijo y a los 18 me separé. A fines de ese año, me enamoré perdidamente de un chico de la facultad y al tiempo se muere él y todos mis amigos en un accidente… Yo iba adelante. Como había tenido muchas muertes de amigas y de familiares en mi infancia, comencé a desmayarme. Entonces me empezaron a tratar como epiléptica, porque tenía una tía que lo era, y un día me llevaron al Hospital Italiano en estado de coma”.

Carrió y José Eduardo Abadi.

Abadi no lo dice pero, hay en la construcción discursiva de Carrió lo que el psicoanálisis denomina una pulsión de muerte, un Tánatos que hace que su idea de la Democracia devenga en una Tanatocracia: “Cultura de la Muerte (…) modelo económico basado en el olvido del capital humano en beneficio del poder bancario y financiero[3]”. Pero hay, además, algo que permanentemente emerge de esta insistencia en nombrar a la muerte y es el deseo de la misma. Aquello que Vicente Mira, en un artículo publicado por el Colegio de Psicoanálisis de Madrid, explica como lo que “evoca inmediatamente los instintos de destrucción (…) para explicar la relación evidente entre la libido narcisista y la función alienante del yo, es decir la relación entre la libido narcisista y la agresividad”[4].

Estaría bueno poder preguntarle al psicoanalista de Lilita si esa libido enredada a la muerte no es, en el fondo, la creencia (o el deseo) de una suerte de “muerte heroica” que termine produciendo el que es, acaso, su gran objetivo: la “muerte” del Peronismo. Una especie de fantasía omnipotente que la proyecte entregando su vida en pro de que el Peronismo desaparezca. Por eso advierte que será un peronista quien la mate (o la mande a matar).

Lo cierto es que Carrió está ahí, aliada con la muerte. Faltándole el respeto, como cuando llegó a Córdoba pocos meses después del deceso de José Manuel De la Sota y dijo: “Gracias a Dios se Murió”. O celebrando la desaparición de Néstor Kirchner con sus frases “Yo desde que murió este hombre duermo más tranquila” y antes, allá por 2008, refiriéndose a Cristina como un mal presagio “También podría quedar viuda… sería divino. Pero para que no muera nadie, lo mejor es un divorcio”.

Demasiada muerte en su vida. Como la de su tía y amiga Nenucha quien, desde la mudanza de Quitilipi a Resistencia, se había ido a vivir con los Carrió y, naturalmente, compartía la habitación con Lilita. Dicen que un domingo a la mañana, cuando toda la familia estaba preparada para ir a almorzar a la casa de unos vecinos que los habían invitado, Lela entró demudada al comedor donde estaban reunidos y dijo: “Nenucha no se puede levantar”. La niña miró a su madre y avisó: “Seguro que está muerta”. Con esa naturalidad. Con esa especie de frialdad, manejó la desaparición física de quien era más que una tía: confidente, compañera y hasta madre alternativa ya que la verdadera tenía que trabajar para mantener a la familia.

Demasiada muerte como para no pensar si no es ella la que la convoca. ¿Por qué no? ¿Acaso no es Lilith el nombre de ese personaje mitológico al que la tradición hebrea considera la esposa de Satanás? ¿No hay culturas que creen que Lilith es el quinto jinete del apocalipsis?. ¿No se la ha personificado como la Ramera de Babilonia?

No es difícil imaginarla en el rol de una suerte de deidad maléfica si uno la ve en un video de 2009. Afectada, inquieta, sobreactuada, preguntándole al Dr. Mariano Grondona que la entrevista con candidez: “¿Qué dice la gente en la calle? La gente en la calle dice: que se vayan. La gente en la calle dice: los quiero matar. La gente en la calle dice: a ver si los derrumban. La sociedad reproduce al poder de alguna manera, porque es una cultura, y odia a Kirchner como Kirchner los odia a ellos. Kirchner va a terminar mal por el propio peso de su mal, por el peso de su propio odio, por el precio de su propia equivocación[5]”. ¿Hay premonición? ¿Hay un deseo maligno tan intenso que puede, finalmente, convocar los peores males?.

Lo que sin duda hay es una retórica del Tánatos. Eso que tannnnto le gusta a la Derecha… de todos los tiempos. 

Referencias:

[1] http://www.iprofesional.com/notas/239122-Elisa-Carri-explosiva-Scioli-me-dijo-que-Cristina-quera-matarlo

[2] http://www.elintransigente.com/politica/2016/4/23/necesita-muertos-denuncia-grave-carrio-contra-cristina-kirchner-mira-video-379912.html

[3] http://carlosmartinez-cava.com/2009/02/08/tanatocracia/

[4] http://www.colpsicoanalisis-madrid.com/placer-y-dolor-goce-y-pulsion-de-muerte/

[5] https://www.youtube.com/watch?v=CzfdjdIHTe4

Buenos Aires, 3 de septiembre de 2022.

*Licenciado en Letras, escritor y periodista.

Comments are closed.