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Retóricas de la espacialidad – Por Sebastián Plut

Macri busca votos para una próxima presidencia, reafirmando el camino elegido y dice: “es por acá”. Frase ambigua que no impide saber que ese acá es la profundización de lo más oscuro.

Por Sebastián Plut*

(para La Tecl@ Eñe)

 

Introducción

La Introducción será breve y nos valemos de un fragmento del cuento “Caballo en el salitral” de Antonio Di Benedetto:

– ¿Será Zanni…, el volador?

– No puede. Si Zanni le está dando la vuelta al mundo.

– ¿Y qué, acaso no estamos en el mundo?

– Así es; pero eso no lo sabe nadie, aparte de nosotros.

La espacialidad

En 1938 Freud apuntó que “la espacialidad acaso sea la proyección del carácter extenso del aparato psíquico” (1). Se trata de una oración aislada, entre otras anotaciones igual de fragmentarias.

Sintetizó así un conjunto amplio de hipótesis, distribuidas y dispersas en textos de épocas diferentes, acerca de cómo creamos desde nuestra subjetividad aquello que llamamos espacialidad. Cómo configuramos lo exterior, lo otro, las distancias, centros y periferias, qué valoraciones construimos y aplicamos, qué tipo de nexos imaginamos (y deseamos) entre el adentro y el afuera, son algunos de los interrogantes que se derivan de la citada tesis freudiana.

La cotidianeidad nos ofrece numerosas evidencias de esa diversidad de configuraciones, en las que se exhiben las diferencias singulares. Por ejemplo, al pasar por un determinado barrio, un sujeto puede elogiar la belleza de las construcciones, mientras otro podrá hacer cálculos sobre el valor económico de tales propiedades. Mientras alguien estima el clima afectivo que prevaleció en un determinado grupo, otro enfatizará la lucidez de los expositores. Donde alguien ve un ambiente creativo, no faltará quien señale el desorden.

Ya en un terreno colectivo se desarrolla lo que podríamos llamar una moral de la espacialidad.

Por ejemplo, arriba o lo alto suelen designar un valor positivo, en contraposición a lo bajo. Así, supongamos, elogiamos a alguien cuya altura supera la media mientras que si es algo petiso no recibirá halago alguno. De igual modo, “me voy para arriba” expresa lo bien que me va, en tanto “me hundo”, “me voy para abajo” o “estoy caído” reflejan problemas crecientes. Quizá por una razón similar, la religión opone el altísimo al bajísimo.

De igual forma se distribuyen derecha e izquierda, toda vez que alguien diestro es alguien hábil mientras que la izquierda tiene como sinónimo la siniestra. En paralelo, “ir por derecha” describe la honestidad que no tendría quien “anda por izquierda”.

Qué decir, por otra parte, de adelante y atrás. Alguien que anda bien es una persona que va para adelante, mientras que cuando nos va mal decimos que “estamos para atrás”. Asimismo, ir de frente parece que no es lo mismo que ir por detrás.

Otra oposición es entre derecho y torcido. Huelga decir lo valorado que es andar derecho por la vida, y lo mal visto que es andar algo torcido. No por nada, supongo, de un gay se dice que tiene inclinación homosexual, pero nunca escucharemos que un heterosexual tenga inclinación.

Naturalizaciones

No nos llama la atención que en los mapas escolares o en los globos terráqueos los países estén siempre distribuidos de una única manera: están los países de arriba y los de abajo. Nada impediría que los mapas se dibujen de otra manera, por ejemplo, al revés de cómo los vemos habitualmente.

También damos por natural llamar “clase alta” a los ricos y “clase baja” a los pobres.

La asociación entre lo que está abajo y la pobreza nos parece evidente. Pero, ¿por qué no, por ejemplo, llamar a los pobres “clase alta”? Se me dirá que en la escala de ingresos están abajo, no obstante, podrán ser categorizados como clase de altas necesidades, o de elevada pobreza, o que están en la cima de la vulnerabilidad, mientras los ricos están en la base de la vulnerabilidad.

Tristemente recordamos cuando Mauricio Macri se refirió a quienes “caen en la escuela pública”, reproduciendo el estigma de lo que está abajo como lo denigrado y, para peor, ubicando la gratuidad de la educación en una presunta zona deshonrosa.

Ahora, Macri busca votos para una próxima presidencia, reafirmando el camino elegido y dice: “es por acá”. Frase ambigua que no impide saber que ese acá es la profundización de lo más oscuro. Pero a su vez, el acá es la distancia máxima que Macri registra, tal como cuando le habla al vecino

No hay para él un allá, una zona lejana a sí mismo, una zona en la que no hay vecinos ni idénticos. 

Vamos a volver

“Vamos a volver” cantan y se entusiasman los militantes del campo popular.

Sin embargo, tal ha sido la campaña de demonización de los años K y tan arraigada está la asociación del “atrás” con lo deplorable, que hasta los propios dirigentes se vieron en la necesidad de ¿aclarar? que no se trata de “volver atrás”.

Ya no solo las personas y las ideas, sino hasta las palabras mismas son devastadas. Los destructores de la vida han dañado hasta la belleza del verbo volver, han pretendido saquear su poesía.

“Vamos a volver” no afirma el propósito de repetir, no es la expresión psicológica de la regresión, ni es la aspiración melancólica de un afiebrado grupo de nostálgicos.

El pasado no está atrás, el pasado es a la vez presente y futuro. 

¿Acaso cuando asistimos al concierto de Paul McCartney y lo escuchamos cantar “Hey Jude” pensamos que el Beatle se quedó en el pasado? 

Nada de eso y nada de eso es “vamos a volver”. 

Más bien, “vamos a volver” es la marca de un linaje, es la continuidad de una secuencia de huellas, entre las que de inmediato encontramos “volveré y seré millones” o “luche y vuelve”.

“Volver” es el deseo de continuar, y no de retornar “hacia atrás” sino de recuperar lo que ha sido sofocado por las fuerzas de la banalidad, el cinismo y la violencia. “Volver” es integrar, incluir, para que no haya quien, como en el cuento de Di Benedetto, se perciba a sí mismo como fuera del mundo.

 

Referencias:

(1) Freud, S.; (1938) “Conclusiones, ideas, problemas”, O.C., Vol. XXIII, Amorrortu Editores.

 

Buenos Aires, 7 de agosto de 2019

(*) Doctor en Psicología. Psicoanalista. Autor de El malestar en la cultura neoliberal (Ed. Letra Viva) y Escenas del Neoliber-abismo (Ed. Vergara).

1 Comment

  1. Griselda dice:

    ¡Muy interesante!
    Siempre es bueno abrir nuestra mente.

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