Autoestima – Por Sebastián Plut

Foto: Sofía Mazzaglia. revista Hamartia.
La “economía popular”: ¿Solución o consecuencia? – Por Enrique M. Martínez
18 octubre, 2021
Encuentro de dos mundos, Eduardo Alarcón.
Si los virus contaran su historia… – Por E. Raúl Zaffaroni
22 octubre, 2021

Autoestima – Por Sebastián Plut

El psicoanalista Sebastián Plut sostiene en esta nota que se ha escrito mucho sobre la subjetividad neoliberal y mucho menos sobre la subjetividad populista. En este sentido afirma que  si la detención de Milagro Sala, y el aval que la injusticia tiene en parte de la sociedad responden a la subjetividad neoliberal, la parálisis y el silencio que prevalece en el gobierno, y en muchos de quienes lo apoyan, interpelan la subjetividad popular.

Por Sebastián Plut*

(para La [email protected] Eñe)

La cuyaya es un ave que habita en casi toda América, desde Tierra del Fuego hasta Canadá. Si se quisiera, su extendida presencia continental podría ser un símbolo, una imagen del anhelo de integración de los pueblos americanos. Mientras tanto, desconozco si intervino el azar, una decisión voluntaria o algún empuje inconciente, pero lo cierto es que Milagro Sala vive en el Barrio Cuyaya de la ciudad de San Salvador de Jujuy. Allí está su vivienda, allí es donde está detenida de manera infame como consecuencia de una persecución judicial que lleva casi 6 años. Y allí es donde nos recibió hace unos pocos días. Las condiciones de detención son un poco menos hostiles de las que tenía hace unos 3 años, cuando la visité en la casa de El Carmen, en la que imperaba un sistema que con acierto Raúl Noro denominó “la Guantánamo jujeña”. Sin embargo, la hostilidad solo es menor en el perímetro de la casa, pero no en la persecución de la cual es víctima y, lo que no es ningún detalle, en el tiempo que se sumó desde aquel momento.

No voy a exponer aquí lo que Milagro expresó, pues no la consulté sobre la posibilidad de hacerlo público, aunque sí mis conjeturas a partir de lo que conversamos. Tampoco me voy a referir al sistema que funciona para el armado de causas, en el que intervienen el poder político, el judicial y el comunicacional, sistema al que ella, en varias ocasiones, describió como un “laboratorio del neoliberalismo”. A esta altura, quien se interesa por la verdad ya la debería conocer, y quien la desestima, intuyo que esta nota no conmoverá su ceguera.

Hay aun una razón adicional que decide la elección de lo que expresaré en lo que sigue. He planteado (1) que hemos escrito mucho sobre la subjetividad neoliberal al tiempo que hemos debatido mucho menos sobre la subjetividad populista. En este sentido, si la detención de Milagro Sala y el aval que la injusticia tiene en parte de la sociedad responden a la subjetividad neoliberal, la parálisis y el silencio que prevalece en el gobierno y en muchos de quienes lo apoyan interpelan la subjetividad popular.

Es indiscutible la potencia que ostenta la derecha neoliberal, que cuenta con dinero a gran escala, medios hegemónicos y jueces. Y si bien son innegables las limitaciones que produce, la salida podrá devenir si comprendemos mejor nuestra propia subjetividad, pues a la antagónica ya le conocemos su ADN con precisión. Solo así, insisto, tendremos opción de entender y sobreponernos a lo que, actualmente, ya configuran defecciones.

Esta línea de indagación incluye comprender también la mente de aquellos que votan de manera volátil, que no tienen una particular inclinación ideológica, y por qué en ocasiones resulta difícil convencerlos. Sin embargo, no se trata solo de indagar al otro, sino también de reflexionar sobre los propios recursos expresivos, sobre las propias argumentaciones.

Esbocemos algunas hipótesis:

1. En primer lugar, parece regir una suerte de estado de extorsión que consiste en ceder posiciones “preventivamente” para evitar que la derecha luego ataque con violencia. Este recelo es válido, no obstante conviene incluir un matiz y un riesgo. El primero es que la derecha ataca haya o no avances en los derechos y en las políticas públicas populares. El riesgo, a su vez, es la interiorización de la amenaza y que se torne en una operación de autoextorsión.

2. Asimismo, el complemento de ello es que a diario estamos tras la agenda que instala la derecha, desmintiendo sus falsedades, refutando sus acusaciones e, incluso, pidiendo excesivas disculpas por cualquier desacierto propio por mínimo que sea. ¿Tanto les creemos que salimos tan aceleradamente a justificar o a excusarnos? ¿No estaremos asumiendo “su letra” tras el latiguillo de “no le demos letra a la derecha”?

3. En paralelo, las medidas que intentan aliviar la vulnerabilidad, sobre todo de los sectores más desprotegidos, concluyen defectuosamente pues: a) no evitan el aumento de la pobreza; b) no limitan en nada al poder económico concentrado. Es decir, no reducen mínimamente la desigualda.

4. Finalmente, los puntos precedentes nos interrogan sobre el alcance de la intrusión neoliberal en nuestra propia subjetividad en términos de una identificación reprimida pero eficaz.

Veamos algo más sobre la posible identificación.

La lógica emocional neoliberal se sirve del desaliento (“les hicieron creer…”) y del odio (“son unos negros de mierda”). Y entonces, ¿cómo se van combinando, entre nosotros, el desánimo, la desesperanza y los diversos resentimientos? ¿Cómo nos captura la ominosidad de lo que hay enfrente? ¿No hay algo del goce identificatorio, precisamente, en que hayamos dedicado más páginas a escribir sobre la subjetividad neoliberal que sobre la subjetividad populista? Y lo que es más grave, ¿cuánto estamos incitando a la autoinmolación de los propios?

Pero volvamos a Milagro Sala que es la razón de este texto.

El daño que el macrismo le ha hecho a Milagro, a la Tupac y al universo de la solidaridad es inconmensurable. Ese daño, reitero, resulta de una asociación que reúne a la política, la justicia, los medios de comunicación y parte de la opinión pública. Pero al día de hoy también debemos preguntarnos por el daño que significa que, con un gobierno nacional de signo opuesto, la situación de Milagro no se haya revertido.

Y quizá Milagro no sea solo Milagro. ¿En qué medida la permanencia de esa situación inicua expresa las inhibiciones y defecciones del gobierno nacional en tantos otros terrenos? Pero también, ¿qué significa que, ya no el gobierno sino todos nosotros, no levantemos nuestra voz más frecuente e intensamente para terminar con esta atroz injusticia?

El macrismo dejó solo pobreza y deudas, económicas y políticas. Las primeras comprometen duramente el futuro de nuestro país, y las segundas, que incluyen sobre todo que siga habiendo presos políticos, también persisten impagas.

Raúl Noro nos cuenta que cuando a Milagro le dicen que ella ya es un símbolo nacional e internacional de la lucha, ella responde que no le importa en lo más mínimo ese lugar, que a ella solo le duelen las injusticias. Por las dos veces que estuve con ella puedo afirmar que es así, me consta que no tiene ningún anhelo personal ni egoísta por ocupar ese tipo de lugares. Sin embargo, les planteé a ambos un problema diverso. Les dije que constituirse en símbolo no es el problema ni depende de cuánto le interese a Milagro esa posición. Más bien, sostuve, el problema es la ruptura de los nexos entre los símbolos y los hechos. Esto es, podemos subir fotos de Milagro en las redes, hacer carteles con su figura, mencionarla en diferentes foros, etc., pero nada de eso parece, luego, tener un correlato en la acción. Entonces, si hace tiempo se habla de la crisis de la representatividad política, también debemos preguntarnos, de manera más amplia, por la crisis del discurso y, en particular, de los nexos entre el lenguaje y los hechos. Tal vez allí, también, nos intrusó la derecha.

Quizá, hasta aquí, aun no se comprenda el título de este artículo, Autoestima.

Milagro nos cuenta que ellos introdujeron, en la educación, un programa de formación sobre la autoestima. Pero no debe suponerse que con este nombre desplegaron alguna banal estrategia new age de superación personal. Nada de eso. Se trataba de reflexionar sobre el ancestral vínculo con el opresor y las consiguientes posiciones que puede adoptar el oprimido, no solo de sometimiento, sino de asunción de una servidumbre voluntaria.

¿Y acaso mucho de lo expuesto en los párrafos precedentes, no puede comprenderse muy bien a la luz del problema de la autoestima, en el sentido que le dio la Tupac?

Lo ancestral no es solo el pasado, sino también su pervivencia en el presente. Hoy la derecha habla sin pudor. Dicen ser portadores de una “superioridad estética”, que los kirchneristas carecen de bondad por una razón “genética”, que el peronismo es solo corrupción y prostitutas, que son todos planeros y “simios drogados” y, también, que es hora de eliminar la indemnización por despidos, entre otras políticas que persiguen. Sin embargo, la novedad no es la violencia nazi, sino que sean tan explícitos e incluso que esa sea su forma de hacer campaña. ¿Por qué tantos sujetos votarán a quienes les proponen reducir sus derechos, a quienes discriminan, excluyen y matan? Hay, entonces, un profundo daño en la autoestima singular y colectiva, y ese daño se verifica no solo entre quienes votan al neoliberalismo, sino también en nuestros propios abandonos, en cada concesión, mayor o menor, que hacemos a la derecha, en cada ocasión en que perdemos la íntima conexión entre nuestras palabras y nuestros hechos.

Para finalizar

Los estudios históricos sobre el sometimiento no se limitan nunca a detectar las razones recientes. El macrismo, de hecho, no es una creación ex nihilo, sino que recoge determinaciones centenarias, entre ellas, el período de la conquista y la colonización de América. Podemos acotar mucho el lapso cronológico y preguntarnos, por ejemplo, sobre los traumas y duelos aun no resueltos desde la última dictadura cívico militar. Cuáles han sido sus efectos y sus continuidades en todos nosotros, cuánto el macrismo es una reactualización de aquellos ingentes motores del daño individual y comunitario, son algunos de los interrogantes que podemos hacernos.

En nuestras propias investigaciones, de hecho, nos preguntamos sobre los efectos que los duelos y los traumas pueden tener en los líderes políticos. Consideramos, pues, dos alternativas, aunque es posible que el repertorio deba ampliarse. Por un lado, que un dirigente se torne monótono, en el sentido de una pérdida progresiva de recursos expresivos (supongamos una persona que solo expone denuncias); por otro lado, que se evidencie una restricción de su representación-grupo por lo cual se vuelve crecientemente menos abarcativo (por ejemplo, que se enfoque persistentemente en problemas menores, o bien que comience a rodearse de un grupo de colaboradores inexpertos, que tienen una estrechez de miras cada vez mayor, etc.).

En suma, y tal como ya fue descripto hace poco menos de un siglo por autores como Reich o Fromm, la resolución de las condiciones materiales objetivas no puede lograrse si no se revierten las condiciones subjetivas y, en ese sentido, Milagro tiene razón cuando luchó y lucha por la autoestima de los pueblos.

Referencias:

1.“Después de las PASO: la subjetividad olvidada”, Diario Página/12, https://www.pagina12.com.ar/370147-despues-de-las-paso-la-subjetividad-olvidada,  23 de septiembre de 2021

Buenos Aires, 21 de octubre de 2021.

*Doctor en Psicología. Psicoanalista. Coordinador del Grupo de Investigación en Psicoanálisis y Política (AEAPG).

3 Comments

  1. Sara Berlfein dice:

    👏👏👏 no se me ocurre nada más pero me produce mucha tristeza e impotencia Gracias

  2. Noé Jitrik dice:

    Muy buen trabajo, la autoestima es un tema principal pero cómo se hace para que crezca: quien no se quiere no quiere a los demás, eso hace rato que lo supe y vale tanto para lo individual como para lo social; el «no quererse» es algo semejante a un abismo del que salen serpientes y gusanos, para que se instale donde no está lo uqe ser debe hacer es dignificar, respetar, haciendo pensar. Me alegro de una reflexión como ésta.

  3. Sebastián Plut dice:

    Muchas gracias por el interesante comentario.