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La Tensión Democrática: Entre los Votos y los Negocios – Por Carlos Caramello

Carlos Caramello sostiene en esta nota que el ejercicio de la política se ha vuelto en Argentina y en el mundo, un atributo del Mercado; un discurso vacío de ideología y centrado en el posibilismo, cualidad esencial para nuestras posmodernas democracias.

Por Carlos Caramello*

(para La [email protected] Eñe) 

“Cuanto más siniestros son los deseos de un político,

más pomposa, en general, se vuelve la nobleza de su lenguaje”.

Aldous Huxley

Ahíta de sentencias cínicas -que sólo sirven para justificar inequidades- la política (en Argentina y en el mundo), fluye por un torrente de embustes y sofismas que la llevan a su peor destino: convertirse en un atributo del Mercado.

Al gobernar aprendí a pasar de la ética de los principios a la ética de las responsabilidades” sostuvo, alguna vez, don Felipe González parafraseando a Max Weber cuando hablaba de la ética de la convicción vs. la ética de la responsabilidad. De esos días a este destino de provisión y pertenencia que los poderes fácticos detentan sobre los mandamases partidarios podría decirse que ha corrido demasiada ideología bajo los puentes de la Historia.

Políticos con los modos y la moral del ex presidente español se vienen sirviendo de paráfrasis similares para acomodar, su discurso posibilista y su intrigar interesado, a estas posmodernas democracias líquidas en las que el poder de los votos parece estar permanentemente en tensión con el poder de los negocios. ¿Son una novedad? ¿Representan alguna innovación en la panoplia de liderazgos? Para nada. Arturo Juaretche se diferenciaba del común de la clase política explicando que, a diferencia de muchos otros, él se había “subido por la Derecha y se bajaba por la Izquierda”.

Esa asiduidad, esa monserga, esa especie de falta de sorpresa que acompaña hoy al biotipo dirigencial (tanto que algunos tienen que ser avalados por figuras sin mácula para que sus candidaturas sean viables) hace que los clones artificiosos se vuelvan cada vez menos útiles a las expectativas de sus patrones y, entonces, los señores del Poder, empiecen a trabajar con enjundia en su postergado pero nunca extinto objetivo de apropiarse definitivamente de la política.

Instrumentos hay: muchos y variados. Desde el escandalete de denuncias cruzadas hacia el interior de un partido (ver el sainete del PP español) hasta la aparición de un influencer nacional (pero nada popular) queen las redes recauda, en 24 horas, 100 millones de pesos (que aportan los propios patrones a cuentas de los propios patrones) para ayudar a una provincia que se incendia (por fuegos provocados por los propios patrones). Todo esto pasando por la más perversa e infinitamente impúdica de las jugadas: vaciar la política de ideología o, lo que es lo mismo, hacerle creer a la gente (y utilizo este sustantivo colectivo con premeditación y alevosía) que el equilibrio político está en el Centro… allí donde habitan los buenos.

Mentiras. Calumnias. Infamias. Nada más alejado del equilibrio que el Centro (al menos cuando de gestión política se trata). El verdadero equilibrio es la confrontación de ideas contrapuestas, el choque de objetivos dispares, la acción y reacción de fuerzas antagónicas. La toma de decisiones políticas siempre-siempre es (y así debería seguir siendo) un subóptimo en donde alguno de los actores va a resultar indefectiblemente perjudicado: el lado hacia el cuál se incline la balanza será determinado por la fuerza, la enjundia y la voluntad de los sectores en pugna.

Eso es hacer política. Eso es producir los equilibrios sociales sobre los que el Estado tiene responsabilidad definitiva. Lo demás es la fantasía pueril de una parte de esa sociedad que pretende un mundo feliz… al estilo Aldous Huxley. Y la tentativa de los que proyectan la política de la antipolítica con el fin de apropiarse de los bienes del Estado. Y también de los hombres y mujeres que lo habitan.

Tengo un multimedio, una fábrica de zoquetes, una cervecería artesanal a cielo abierto, acciones en la ensambladora de drones, un triplex en Barrio Parque, 2 jueces federales, 1 fiscal, 4 diputados nacionales, varios provinciales y algunos intendentes y concejales desparramados por el país”: el discurso húmedo con el que sueñan los patrones de los patrones. Una suerte de guión de conversación para cocteles en la Embajada y encuentros casuales en el campo de polo. La dirigencia política que defecciona (en Argentina y en el mundo) incumpliendo sus contratos electorales y abusando de su rara cualidad de conocer el precio de todo y el valor de nada, trabaja para que hagan realidad esas fantasías.

Por eso hay que abrazar a los que abrazan un ideal,  los que colman de sentido a la política, los que no se entregan al facilismo de lo posible, los que rehúyen del masomenismo, los que son capaces de jugarse la historia en un gesto. Hay que cuidarlos. Porque de los otros, hay montones.

Hay que seguirlos. Y escucharlos. Y mirarse en sus ojos. Y abrazarlos. Y repetirles al oído las palabras de ese héroe de entrecasa que tenemos los peronistas llamado Envar “Cacho” El Kadri: “Perdimos. No pudimos hacer la revolución. Pero tuvimos, tenemos y tendremos razón en seguir intentándolo. Y ganaremos cada vez que algún joven sepa que no todo se compra ni todo se vende, y tenga ganas de cambiar el mundo”.

Buenos Aires, 25 de febero de 2022.

*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros “Zonceras argentinas al sol” y “Zonceras argentinas y otras yerbas”, y “Los profetas del odio”. Su último libro editado es “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.

2 Comments

  1. apico dice:

    Excelente reseña de la política en la era de la pos-verdad , el pensamiento único, y las ideologías liquidas. Solo los negocios y los votos parecen ser motivos de interés de la enorme mayoría de los Políticos, quienes anteponen sus palabras y posiciones huecas, a las promesas ignoradas a la hora de ser gobierno

  2. María Inés Díaz dice:

    Un artículo plasmado de ideología, de razones y de compromiso. Una sociedad de los medios que se muestra como ejemplo, acuerdistas que hacen el fulbito sólo con mediocampo y nos quieren convencer que los partdos se ganan sin arco y sin arquero. Y por otro lado, el resto, perdido en la impotencia. A esos hombres y mujeres del barro y la hambruna, les dice el maestro: sigamos a los hombres y mujeres que nos hablan de pelear por nuestros derechos y abandonemos a los mediocampistas que ya tienen arreglado el partido de antemano en beneficio propio. Apoyemos a los que se la jugaron y se la juegan porque ellos no han vendido su alma y siguen poniendo el cuerpo por todos nosotros.