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Humanidad en riesgo – Por Osvaldo Fernández Santos

Osvaldo Fernández Santos afirma en esta nota que la producción masiva de sujetos odiadores, desarraigados hasta de la existencia de los hechos, enajenados de la clase, degradados amorosa e intersubjetivamente, alienados en la ilusoria identificación con la riqueza ajena, constituyen una degradación creciente de la humanidad con un potencial de daño de dimensiones imprevisibles.

Por Osvaldo Fernández Santos*

(para La Tecl@ Eñe)

 

La pandemia es una pesadilla transversal en estado de vigilia, pero no es el principal problema que acecha a la humanidad.

El acontecimiento de la peste, entre otros avatares, funciona como una lupa de poderoso aumento, que permite develar, no lo microscópico sino la desmentida brutal de los estragos de la inequidad capitalista en general y neoliberal en particular.         

La negación de la muerte como modo de transitar la insoportable finitud, ha chocado con lo real. Más allá que el covid-19 no mate a todos por igual, puede matar a cualquiera.

El virus no es invisible, como no lo son las muertes de las crecientes Ramona Medina por abandono de persona, de villa, de comunidad. Más acá, de nuestra posibilidad de verlos o de querer saberlo, los virus y las condiciones de supervivencia en las villas, son observables y cognoscibles. Tanto como lo son la inconmensurable acumulación de riquezas, los mecanismos de constitución de la deuda externa y de la fuga de capitales.

Las imágenes de personas comunes defendiendo enardecidamente a la corporación Vicentin, con insultos contra los periodistas que cubrían el cacerolazo pro-corrupción-fuga de capitales, fueron impactantes. Así como lo son las manifestaciones que circulan por las redes en defensa de la impunidad (a la cual denominan “libertad”) de empresa, contra el comunismo, contra el kirchnerismo, contra el estatismo, contra el populismo; contra-natura.

Ayer nomás, con un despliegue de odio similar, se han movilizado congéneres, cacerola en mano, contra el proyecto de un impuesto extraordinario a la riqueza (el cual esperemos que no se encuentre durmiendo el sueño de los justos) que comprende al 0,02 % de la población.

Claro está, que en nombre de “la libertad” también se expresan semanal y  desbocadamente contra la cuarentena.

Paréntesis necesario: La cuarentena como imprescindible y eficaz medida de cuidado genera efectos secundarios perniciosos para la salud mental, potencia las violencias de género y el abuso-maltrato contra niñxs (la consecuencia más devastadora), además, reciente la economía. No obstante, la aplicación responsable nos protege de daños atroces como la multiplicación de muertes, siniestras escenas de féretros en espera de un lugar de acogida, fosas comunes, el desborde del sistema sanitario, incremento de la debacle económica, caída de los diques psíquicos con consecuencias de aumento de violencias y abusos, mayor dolor y traumatismo psíquico, y el deterioro de todo sentido de solidaridad.

El nivel de odio de los manifestantes de “la libertad” alarma. La rusticidad discursiva y argumental, es una ofensa a la inteligencia. Apelar al humor de Capusotto para describir a los indignados, ayuda para procurar elaborar el impacto de lo brutal, pero conlleva el riesgo de subestimar la potencialidad de las pulsiones destructivas. Bolsonaro está al lado.

La grieta no es un desplazamiento de la lucha de clases, es la consecuencia del impacto en las sociedades del nuevo modo de captura-reproducción de la subjetividad por parte de las clases dominantes en general y de su elite en particular.

El odio clasista es histórico, y ejercitado a preponderancia por las oligarquías. En el país se ha manifestado principalmente, pero no en forma exclusiva, en el odio gorila. El odio planificado contempla, incluye, e intercepta al odio clasista; pero lo excede en el nivel de atrapamiento de la subjetividad plena del engrietado.

Las ideas fuerza legadas de los grandes pensadores de los siglos XIX y XX, acerca de que no existen los hechos sino las interpretaciones, que los trabajadores piensan lo que piensan los dueños de los medios de producción, que la cosmovisión religiosa tiene el privilegio de la revelación en la disputa por la verdad; mantienen vigencia pero han sido desbordadas por la utilización planificada de la tecnología y la caída de todo escrúpulo en la captura de las mentes como método eficaz para sostener a un sistema de acumulación y concentración de la riqueza que atenta contra la inmensa mayoría de la población mundial.  

Las fake news y su sofisticación, los trolls, los bots, las corporaciones de medios de comunicación, las operaciones de inteligencia, la lawfare,  la acumulación de datos personales con comunicaciones ad hoc al perfil del receptor, el impacto consignista profesionalmente diseñado, la repetición ad infinitum de los mitos liberales, el culto al narcisismo y al individualismo, el ocultamiento de la realidad material, … la exacerbación del odio al otro del poder; han empalidecido al método goebbeliano o lo han adecuado al siglo XXI, dejando a los sujetos globalizados inertes ante la demasía de las construcciones representacionales de la elite dominante.

La producción masiva de sujetos odiadores, desarraigados hasta de la existencia de los hechos, enajenados de la clase, emplazados en la desmentida, degradados amorosa e intersubjetivamente, alienados en la ilusoria identificación con la riqueza ajena, ligados a la inmediatez consumista, impermeabilizados ante el padecimiento del desamparado, constituyen una degradación creciente de la humanidad con un potencial de daño de dimensiones imprevisibles.

Los hombres comunes, ahora, vienen chipeados.

 

Buenos Aires, 24 de junio de 2020                                                                 

*Psicólogo-Psicoanalista.        

2 Comments

  1. Rafael López dice:

    Estimado Osvaldo, he leído con gran satisfacción el escrito, me resultó muy grato que me ayudó a ordenar ideas personales sobre el objeto de reflexión que propones. Me deja la amarga sensación de que los intelectuales del conservadurismo muchas veces son más eficaces que los intelectuales de la transformación y la manera en que apelan a las pasiones más tristes de lo humano. Me alegra mucho este escrito porque ilumina un poco lo que pensamos o sentimos de forma similar a la que propones en este análisis. Un abrazo fraterno.

    • Osvaldo Fernández Santos dice:

      Muchas gracias, Rafael. No sé si los «intelectuales conservadores» son más eficaces. Al ser sistema-sintónicos, tienen la cancha inclinada a su favor. Un abrazo.

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