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El arco de los fuertes se ha quebrado – Por Rubén Dri

Como los niños que nacían en la Galilea de Jesús que cargaban con el peso de los tributos que cobraba el imperio, los niños de nuestra Argentina nacen con una deuda impagable. Hoy celebrar la Navidad significa rechazar esa deuda reconstruyendo el movimiento popular cuya guía sigue siendo una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana.

Por Rubén Dri*

(para La [email protected] Eñe)

 

En la segunda década del siglo primero de nuestra era, un oscuro campesino de la oscura Galilea, una minúscula región oprimida por el imperio romano, anunciaba que había llegado el momento de la liberación.

El kairós, o sea, las condiciones subjetivo-objetivas, maduraba rápidamente. Era urgente cambiar de estamento, pasarse a los pobres, a los campesinos expoliados, endeudados, esquilmados, esclavizados, para, desde abajo construir el movimiento liberador.

El resultado es conocido. El imperio, que, como todo imperio sabe lo que quiere y generalmente no se equivoca en la ubicación del enemigo, asesina al campesino llamado Jesús, que había nacido en la aldea de Nazaret, y persigue a su movimiento hasta desorganizarlo completamente.

Parecía que todo se había perdido. Pero Jesús les había explicado a sus amigos campesinos que el movimiento de liberación era como la semilla de mostaza que crecía desde abajo hacia arriba.

Se trata dc una especie vegetal que, por una parte, tiene cualidades parecidas a las de la “gramilla” que se expande inconteniblemente bajo tierra, transformándose en el terror de los mismos campesinos, pero que, por otra parte, se transforma en un árbol espléndido, capaz de albergar a cuanto pájaro anda por el aire, y dar sombra a los campesinos y caminantes fatigados.

Efectivamente, lo que parecía muerto, no lo estaba. El movimiento de Jesús resurgía desde sus cenizas y, como la gramilla, se esparcía por las más diversas regiones del imperio romano. Un escritor de los primeros siglos, Tertuliano, dirá “somos de ayer y lo llenamos todo”. Eran las ekklesíai. Término griego que se traduce por ·iglesias”, pero que hoy podemos traducir más correctamente por “asambleas”, que se sentían convocadas por ese campesino galileo que había resucitado.

Ellos sentían que Jesús, el que los había convocado a construir el movimiento de liberación, vivía, que estaba con ellos y los seguía convocando para esas tareas de liberación. Todo ello lo expresaban con la metáfora de la “resurrección”. El Dios de la vida no podía permitir el triunfo definitivo de la muerte sobre la vida. Es por ello que había resucitado al que tanto había luchado por el triunfo de la vida.

Se conservan diversas narraciones de la manera cómo en algunas de esas asambleas se recordaba y festejaba el nacimiento de Jesús, que ahora era el Cristo, el Señor, el Salvador, el Hijo de Dios, atributos todos que detentaba el emperador.

De esa manera se construía una nueva cultura contrahegemónica. En una de esas comunidades, a la que pertenecía María, la madre de Jesús, a la que tanto le había costado aceptar el compromiso en el que se había metido su hijo, se cantaba:

Desplegó Dios la fuerza de su brazo,

Dispersó a los soberbios en el sentir de su corazón.

Derribó a los potentados de sus tronos y exaltó a los humildes.

A los hambrientos colmó de bienes y a los ricos despidió vacíos.

Es el cántico revolucionario de las milicias campesinas del antiguo Israel, el de la Confederación de tribus que se había formado alrededor del 1200 aC, que decía:

“El arco de los fuertes se ha quebrado

y los débiles se han hechos fuertes,

Los que estaban satisfechos

Van a trabajar por un pedazo de pan

Mientras que los débiles descansan.”

Era la celebración de la victoria de las milicias campesinas confederadas en sus luchas en contra de las tropas de las monarquías cananeas. Jesús de Nazaret lo expresaba en forma lapidaria: “los últimos serán los primeros”

Este cántico, en la citada asamblea, estaba acompañado por la narración simbólica del nacimiento del verdadero Salvador. En la misma aparecían los ángeles anunciando a los pastores, los más pobres entre los pobres: “Hoy ha nacido para ustedes un Salvador”.

En toda la literatura mitológica la narración del nacimiento del héroe se incluía lo que dicho héroe había realizado. El nacimiento del salvador Jesús es narrado con todos los atributos de la lucha de liberación que deben dar los pobres, es decir, los dominados. Éste es el evangelio, la buena nueva o, las buenas noticias que vienen de abajo, del pobre, no del poderoso, como lo pretendía el “evangelio imperial”.

 

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Frente al Nuevo Orden del universo que el poeta Virgilio celebraba en el nacimiento de Octavio Augusto, los cristianos de esas primeras comunidades anunciaban el comienzo de la realización de un mundo nuevo con el nacimiento de Jesús, campesino entre los campesinos, pobre entre los pobres. Simbólicamente nace en un establo, todo lo contrario de las delicias de la riqueza y el poder.

El problema más grave del campesinado en la época de la Confederación de tribus y la de Jesús, era el de la deuda Por ello el mensaje central era que no había que pagarla, porque era fraudulenta.

Precisamente, una de las injusticias más tremendas que se comete contra nuestro pueblo, contra nosotros, es el de imponernos una deuda fraudulenta, “odiosa”, que nos mantiene esclavizados.

Para Jesús era claro que las deudas que tenía el campesinado eran fraudulentas y, en consecuencia, no se debían pagar. Es por ello que a los militantes de su movimiento les enseñó a rezar: “perdónanos nuestras  deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores” que, hasta no hace mucho, rezábamos los cristianos.

Los niños que nacían en la Galilea de Jesús y en las regiones del imperio romano donde se reunían las asambleas convocadas por Jesús, el Cristo, cargaban con el peso de los tributos que se cobraba el imperio y que Jesús les dijo que no había que pagar.

Los niños de nuestra Argentina nacen con una deuda impagable. Cuando se les despierta la razón comprenden que esa deuda los ata de por vida.

Hoy celebrar la Navidad significa rechazar esa deuda reconstruyendo el movimiento popular que como el grano de mostaza, o sea, la gramilla, va extendiendo sus redes y se va irguiendo como un árbol lozano, lleno de vida.

“Los pobres no tenemos nada que festejar” se oye decir a veces a honestos militantes del campo popular. Ello no es cierto. Mientras haya vida siempre hay algo que festejar. Vaya si no vamos a festejar el estar unidos en la lucha, el estar vivos.

Así como los primeros cristianos sentían que Jesús estaba vivo, presente, en sus asambleas, en sus reflexiones, en su lucha, hoy sentimos que está presente en las luchas, compromisos y celebraciones a pesar de la pandemia.

Una patria socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana sigue siendo el norte guía del andar de nuestro pueblo. La partida del avión de Aerolíneas Argentinas es  la demostración palpable de la voluntad popular de hacer frente a la pandemia, una de las mayores amenazas de muerte de la historia moderna.

 

Buenos Aires, 23 de diciembre de 2020

Teólogo, filósofo y docente.

1 Comment

  1. Gabriel Kesler dice:

    Algunos celebramos estar vivos, a pesar de nuestros muertos, para abrazar sus nombres y «llevarlos como bandera a la victoria».

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