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De la representación al significante y viceversa – Por Daniel Rubinsztejn

Sin rodeos y aplazamientos necesarios no habría experiencias ni avatares venturosos, ni vida psíquica. Así, el sujeto da nombre a lo sin nombre, produce una y otra vez rodeos y digresiones que constituyen la trama misma de la cultura, humanización de la vida y amparo frente a la barbarie.

Por Daniel Rubinsztejn*

(para La [email protected] Eñe)

 

“Excluido del sentido y de pensar el principio y el final, en que la tradición cristiana depositó sus desaforadas expectativas de sentido, al sujeto no le cabe sino lo que ya hace: dar nombre a lo sin nombre, producir una y otra vez rodeos y digresiones que constituyen la trama misma de la cultura, humanización de la vida y amparo frente a la barbarie. La relación del hombre con la realidad es indirecta, complicada, aplazada, selectiva y ante todo metafórica. Domina así una realidad genuinamente mortífera para él haciéndola reemplazar, representar; aparta la mirada de lo que le resulta inhóspito y la pone en lo que le es familiar[1]”.

«Cuando emprendas tu viaje a Ítaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias».

Nuestra idea es que sin rodeos y aplazamientos necesarios no habría experiencias ni avatares venturosos, ni vida psíquica.

 

  • Del principio del placer al principio de realidad
  • Del proceso primario al proceso secundario
  • De energía libre a energía ligada
  • De la identidad de percepción a la identidad de pensamiento
  • De la representación de cosa a la representación de palabra

 

El pasaje entre ellos no elimina al primero sino que crea un espacio y un tiempo de transición con caminos progresivos y regresivos, pero el regreso no será al mismo lugar. Habrá diferencias y entonces repeticiones.

Tiempos de detención y de espera son la materia misma que nos habita.

Ni el principio de realidad ni el proceso secundario, tampoco la representación de palabra, facilitan algún acceso a la realidad. De la realidad se huye, anoticia frustración y desencanto, es intolerable. Dormimos por el cansancio que agota día tras día nuestros recursos para soportar lo intolerable, en el límite de la angustia.

“¡Morir…, dormir!… ¡Tal vez soñar! ¡Sí, ahí está el obstáculo! ¡Porque es forzoso que nos detenga el considerar qué sueños pueden sobrevenir en aquel sueño de la muerte, cuando nos hayamos librado del torbellino de la vida! ¡He aquí la reflexión que da existencia tan larga al infortunio! Porque ¿quién aguantaría los ultrajes y desdenes del mundo, la injuria del opresor, la afrenta del soberbio, las congojas del amor desairado, las tardanzas de la justicia, las insolencias del poder y las vejaciones que el paciente mérito recibe del hombre indigno, cuando uno mismo podría procurar su reposo con un simple estilete?”[2] 

Retardos y detenciones para poder sostener(se) en alguna escena, que demore y aleje la inminencia de precipitarse en una pendiente, de desparecer en un torbellino afanísico que revele que el deseo, es del Otro.

“El deseo se distingue de todas las demandas en que es una demanda sometida a la ley, demandas que pueden ser aplazadas; el deseo puede ser aplazado en sus efectos, en su pasaje al acto. El deseo es una defensa contra la pendiente del deseo”[3].

Tiempo, demora, ritmo, voluntad de rodeo, recorrido, circuito: La mirada, introduce una suspensión temporal, desde un mito que enuncia que al adquirir la posición bípeda los humanos relegamos el olfato a favor de la mirada afectando la relación inmediata con algún objeto sexual. Con la mirada hay lejos, con el olfato no.

El campo (tel)escópico inaugura así un mundo recortado que al hacerse visible para el deseo demorado, introduce también lo velado: lo que no se ve en lo que se ve[4]. Miradas que seducen, desnudan, lastiman, matan. Miradas que gozan mirando.

Lo que Freud denomina sublimierung implica transformación, alejamiento. Satisfacciones pulsionales sin descarga directa, desviadas de su meta, derivas de la desexualización y de la identificación que fija, cristaliza y detiene algún movimiento. Pero sublimar implica un paso más, algo habrá que atravesar para tratar la cosa de otro modo. Rasgar la representación vaciándola- trabajo del significante mediante- y constituir una serie que la tenga presente como condición de figurabilidad, a condición de estar ausente.

Elevar, dignificar con los pies en la cosa (como en el barro).

La neurosis se detiene ante las barreras que el fantasma asegura. Dar un paso más requiere coraje, desde el barro -aunque vacile la pisada como al borde del abismo-  hacia la dignidad. Entonces habrá habido separación, distancia. Ante la posibilidad del acto, cruzar el límite anuda deseo, pulsión y sublimación[5].

Si el deseo es demanda sometida a la ley; pensar un circuito en un más allá de la demanda, invita a concebir la sublimación como un destino pulsional sin represión y a distancia del fantasma.

Tal vez tensamos demasiado la cuerda al afirmar que la sublimación define exactamente lo esencial de la pulsión: rodear, perder, repetir la pérdida, que algo se satisfaga en la insatisfacción. Quizás hay momentos puntuales en que la pulsión se aleja de su fórmula para repetir un circuito más allá de la demanda[6]. Nuestra hipótesis entonces es que el acto sublimatorio se despoja de los avatares de la demanda del Otro y al Otro, flexibiliza la rigidez (en un más allá) del fantasma que se ha revelado impotente para responder.

¡Instantes de plasticidad pulsional!

En la consagrada fórmula “el significante representa al sujeto para otro significante” retorna representa (como familiar en famillionario) justo ahí, en el punto en el que pensábamos que el significante vaciaba, cuestionaba y tal vez arrojaba a la representación de nuestra práctica.

No hay significante sin representa(ción) a un sujeto para otro significante.

Y un sujeto, un Adán desde el barro, tendrá cuerpo. Cuerpo al que una Eva le hará faltar una costilla, y una Lilith se apropiará de su semen.

 

Referencias:

[1] Blemenberg H., Paradigmas para una metaforología, E. Trotta, Madrid 2018.

Esta cita de Jorge Perez de TudelaVelasco –prólogo- merece una pausa: en lugar de dominar diríamos intenta dominar, y respecto a la mirada en lo familiar, como ya sabemos, a veces, muchas, lo familiar transmuta hacia lo inhóspito, ominoso.

[2] Shakespeare W., Hamlet, Losada, Buenos Aires 1982.

[3] Lacan J., Seminario 6, El deseo y su interpretación, Paidós, Buenos Aires 2014  pág. 477

[4] Mancha y mirada gobiernan secretamente el campo escópico.

[5] “Sublimación es la operación por la que el trazado de la castración se convierte en línea de pensamiento y por ello también a la operación por la que la superficie sexual y el resto se proyectan en la superficie del pensamiento”. Deleuze G., La lógica del sentido, Paidós, Barcelona 1989.

[6] Recordamos la pregunta que Lacan se formula al final del Seminario 11: ¿cómo puede vivir la pulsión un sujeto que ha atravesado la fantasía radical? En el mismo texto sostiene que si la transferencia es lo que de la pulsión aparta la demanda, el deseo del analista es lo que la restablece…para localizar al sujeto respecto al objeto a…. se trata de entender como la transferencia nos lleva al corazón de la repetición.

 Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis, Barral, Madrid 1977, pág. 276.

 

Buenos Aires, 30 de mayo de 2021.

*Psicoanalista. Autor de «Psicoanálisis, una práctica imperfecta» y «Modos de Abstinencia», entre otros textos.

5 Comments

  1. Alejandro dice:

    Muy buen artículo. Recomiendo su lectura

  2. Omar Gais dice:

    Este hombre, Rubinsztejn, tomado en serio por una revista seria (Tecla), ¿debe ser tomado en serio?
    Que alguien explique (Yasenza, González, …), traduzca?, aluda?, metaforice? no ya la cita de Deleuze, que por fortuna no tiene hoy figura de paradigma (modelo), sino lo que el tipo presenta como hipótesis o cualquier otra de sus afirmaciones. ¿El truco de la secta es «para criticarnos debes tomar nuestro lenguaje»? «Y ya estás adentro». «No nos puedes decir ‘metete el fantasma, la pulsión y el deseo que no es deseo sino lo contrario de deseo en’ sin apelar a nosotros». De mi parte: a éste no hay que darle con el principio de contradicción, la silogística occidental o alguna gramática compartida de la razón, sino con ortiga. En la espalda. Mucha.

    • La [email protected] Eñe dice:

      Estimado Omar: Gracias por su comentario. Entiendo (con humildad) que ante el conocimiento de un final inexorable, damos rodeos y generamos aplazos para hacer de la vida una experiencia soportable. Y la sublimación – que interviene en el destino posible de un deseo o una pulsión – participa a su modo de ese rodeo.
      Saludos cordiales!
      Conrado Yasenza

  3. Omar Gais dice:

    Conrado
    son Uds. (Usted y la revista) tan atentos que, creo, ya han ganado el cielo.
    Como efecto mucho más terreno, aunque un tanto desesperanzado ante la cerrazón críptica de la secta L, arremeteré con una relectura del artículo.
    Un gusto.

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