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4 mayo, 2021¿Se pueden tomar decisiones políticas en este momento? ¿Están dadas las condiciones? Carlos Caramello se pregunta cuál es la relevancia de la «correlación de fuerzas» a la hora de gobernar y pasea por la historia de la Argentina revisando algunas de las veces en las que las fuerzas no parecían favorables y, sin embargo, hicieron Historia.
Por Carlos Caramello*
(para La Tecl@ Eñe)
“Mas vale tener un enemigo conocido
que un amigo a la fuerza”.
Napoleón Bonaparte
Por estos días, cualquier crítica, observación o comentario irónico sobre las medidas del gobierno provoca que los valientes soldados de la primera hora del albertismo céntrico -a menudo dispuestos a arrojarse sobre la granada o el petardo, no importa la intensidad de la explosión-, extraigan su manoseado ejemplar del Resumen para Debatir con Peronistas y te enrostren la frase “No es el momento porque no está dada la correlación de fuerzas”.
Como un mantra. Como la coda de un estribillo infinito, la oración se renueva en Facebook, Twitter y ni te digo en los grupos de papis y mamis de WhatsApp… Incluso se comenta que es muy utilizada en Tinder… pero con el objetivo de evitar una cita.
Claro, desde las redes sociales ha llegado a la fraseología de los animadores televisivos y radiales, y de allí se ha ganado un lugar interesante en el vocabulario de no más de 60 palabras que utilizan los panelistas.
“No es el momento porque no está dada la correlación de fuerzas”. Y te lo dicen en tonos diversos. Algunos con una emoción que parece que estuvieran haciendo patria (en Nueva York, claro) y otros con un dejo de sorna bajo el cual se escucha en sordina: “Vos no entendés un carajo de política”.
Dado que la afirmación no es otra cosa que una verdad contrafáctica que busca, como tantas otras, consolidarse en el rango de lo probado, quiero hacer un repaso histórico de los momentos en los que “la correlación de fuerzas” era óptima: Nunca.
En nuestras guerras de la independencia jamás estuvimos en correlación de fuerzas con nuestros enemigos. Siempre eran más, mejor armados, mejor comidos, mejor montados, más ricos, más elegantes… qué se yo.
Sin ir más lejos, la propia Mariquita Sánchez (el señor Thompson llegaría más tarde), durante las invasiones inglesas comparaba el ejército anglo sajón con el local y escribía: “Nuestra gente del campo no es linda, es fuerte y robusta, pero negra. Las cabezas como un redondel, sucios; unos con chaqueta, otros sin ella; unos sombreritos chiquitos encima de un pañuelo, atado en la cabeza. Cada uno de un color, unos amarillos, otros punzó; todos rotos, en caballos sucios, mal cuidados; todo lo más miserable y más feo”. En cambio, las fuerzas inglesas le parecían “las más lindas tropas que se podían ver, el uniforme más poético, botines de cintas punzó cruzadas, una parte de la pierna desnuda, una pollerita corta, gorras de una tercia de alto, toda formada de plumas negras y una cinta escocesa que formaba el cintillo; un chal escocés como banda, sobre una casaquita corta punzó. Este lindo uniforme, sobre la más bella juventud, sobre caras de nieve, la limpieza de estas tropas admirables, ¡qué contraste tan grande!”.
Ni con nuestras “patriotas” teníamos “correlación de fuerzas”. Eso sí: teníamos un pueblo dispuesto. Agua hirviendo. Coraje. Soldados apenas entrenados pero muy valientes, o sea…
Obligados a dar la Vuelta
No voy a detallar todos y cada uno de los momentos en los que estuvimos en desventaja y, sin embargo, peleamos. Y muchas veces ganamos aún perdiendo en el primer momento. La Batalla de Obligado es ese botón de muestra con el que alcanza y sobra. Francia e Inglaterra, enemigos íntimos que habían pasado más años guerreando que en paz a lo largo de su historia hasta ese momento, unieron sus poderíos militares (los más modernos y tecnificados) para remontar el Paraná y convertirlo en una vía de su comercio y sus negocios non sanctos.
Un grupo de patriotas se opuso. Los esperaron en un codo del río. Atravesaron gruesas cadenas para impedir el paso de los buques de guerra. Pelearon por horas como leones y leonas defendiendo el sitio. Cada artillero de los nacionales duraba no más de 30 minutos en su arma y luego era abatido. Pero de inmediato otro la tomaba. Teníamos balas de cañón de hierro fundido y ellos balas explosivas cargadas de metralla, clavos, vidrio, que hacían un desastre cuando estallaban. Al final del día, teníamos 300 muertos y más de 500 heridos y ellos apenas 100 bajas. Pasaron, pero muy averiados. Y los que quedaron en pie estuvieron atacándolos con artillería volante los seis meses que duró la travesía anglo francesa que, además, fracasó en lo comercial porque ni los correntinos ni los paraguayos quisieron comprarles nada.
De regreso, los invasores recibieron otro durísimo ataque en Angostura del Quebracho y huyeron. Sí, huyeron. Lo mas importante para ellos fue, en ese momento, poder llegar vivos al puerto de Montevideo.
Digo porque andamos discutiendo la Hidrovía, la soberanía en el Paraná, los puertos privados, el contrabando y, siempre te contestan: “No es el momento porque no está dada la correlación de fuerzas”. “¿Qué condiciones?” hubiese preguntado el coronel de la Marina Juan Bautista Thorne a los gritos… porque se había quedado sordo de tanto cañoneo.
Madres de la Plaza
Puedo parecer tribunero pero les juro que no. Es sólo respeto. Cariño. Devoción por esas viejas que -hizo 44 años por estos días-, convocadas por Azucena Villaflor de De Vincenti marcharon por primera vez alrededor de la Pirámide de Mayo repitiendo la pregunta «¿Dónde están?, ¿Dónde están?«. Tiempos en los que las reuniones estaban prohibidas. Si más de tres pibes nos parábamos a charlar en una esquina venía un policía, o dos, o diez, y te decían “Circule”… Corría 1977. No se jodía. Y, sin embargo, esas mujeres construyeron una narrativa y un hecho político que hoy, todavía, nos llena los ojos de nostalgia, lágrimas y orgullo.
¿Correlación de Fuerzas? Catorce eran ¿entendés?.
Contra todo el terrorismo de Estado.
Entonces, de qué me hablan los conspicuos defensores de “no es el momento”. ¿Cuándo carajo fue el Momento? ¿Alguien cree que la Patria se construyó especulando o bailando minué en los salones de Mariquita Sánchez? ¿O todavía piensan que las escarapelas que repartían French y Berutti era porque estábamos en “Correlación de Fuerzas”?
Cambien el discurso. Encuentren excusas más imaginativas. Acudan a algún gurú que les entrene los trolls o admitan que la única correlación que no existe es la que debería haber entre aquellas mujeres y aquellos hombres… y éstos que tenemos hoy.
Buenos Aires, 4 de mayo de 2021.
*Licenciado en Letras, escritor y autor junto a Aníbal Fernández de los libros “Zonceras argentinas al sol” y “Zonceras argentinas y otras yerbas”, y “Los profetas del odio”. Su último libro editado es “Zonceras del Cambio, o delicias del medio pelo argentino”.


