
El Teorema de Baglini, 40 años después – Por Daniel Cecchini
5 noviembre, 2026Al focus group, la encuesta o la entrevista en profundidad y el trabajo de campo convertidos en oráculos de la investigación social, se han sumado otros: la comunicación vía el grupo de whatsapp, la publicación en redes sociales y el mando unificado de un experto. Qué hacer para hacer política es la pregunta que, por ahora, está desplazada por la lógica del fetiche.
Por María Pia López*
(para La Tecl@ Eñe)
El fetiche oculta y revela. Se constituye cuando se le atribuyen a un objeto cualidades que no le pertenecen. Algo así decía Karl Marx sobre el fetichismo de la mercancía: su poder está en ocultar las relaciones sociales en las que se crea valor. La categoría ha sido central para la teoría crítica, tan presente en los tramos más preciados de nuestras ciencias sociales. Sin embargo, los mismos agentes de esas ciencias sociales muchas veces dejan inadvertido el proceso de fetichización de sus conocimientos. O, fundamentalmente, de la técnica.
Así, la técnica de investigación se convirtió en oráculo – ¡lo dijo el focus group, la encuesta o la entrevista en profundidad! – y el trabajo de campo se mitificó al punto de sacar conclusiones sobre la base de un relevamiento escueto pero bañado por la luminosidad legitimante de la empiria. Nada de eso está mal – o sí, es una discusión sobre qué es conocer – pero sí es un problema cuando esa operación mitológica se convierte en la base de decisiones políticas. Y les dirigentes, aspirantes, candidates, empiezan a operar sobre la base de creencias producidas por la revelación empírica. En los últimos meses, por ejemplo, cunden las publicidades de dirigentes de distinto origen político e ideológico, sobre dos cuestiones: seguridad (todos desalojan algunos lugares modestos, o casas ocupadas, a los que se declara kioscos narcos) y basura. Si eso en el intendente de la ciudad de Buenos Aires tiene un engarce ideológico preciso, en otres sólo puede comprenderse como seguidismo de lo relevado por la industria de las consultoras.
Doble problema: la mitificación del relevamiento empírico como fuente de toda verdad y la subordinación de la política a esa revelación sociológica. Esto mediado por la expansión en la conversación pública de los discursos que provienen de las consultoras de opinión. Aparece como el discurso no parcial, «científico», orientador y predictivo. Los medios de comunicación reproducen, alimentan y replican esa legitimidad. Mientras la clase política se ordena ante sus sugerencias.
Pero ¿hacer política no es, precisamente, disputar el sentido común? ¿No supone poner en escena valores que no son los dominantes y hacer jugar dimensiones críticas al orden? Tanto por derecha como por izquierda, porque estamos ante un gobierno que hace énfasis en las transformaciones más brutales. Pero también lo sabemos porque conseguimos la legalización del aborto sobre la base de una extendida militancia para sacarlo, previamente, de la clandestinidad social. Los feminismos y transfeminismos venimos disputando el sentido común, con no pocos resultados en el haber. ¿Qué hubiera pasado si las decisiones militantes se tomaban en base a relevamientos, focus y encuestas?
No se trata de negar esas técnicas, sino de señalar el desplazamiento de su condición al de fetiche que suprime y niega la acción política, al subordinarla a esa lógica. Eduardo Rinesi ha dicho que hay sujeto político cuando hay una distancia y una ruptura con ese ser social, por eso no es la sociología la que puede decir su verdad última.
A ese fetiche de la técnica empírica ahora se le suma otro: el de la técnica de comunicación. ¡El grupo de whatsapp, la publicación en redes sociales, el mando unificado de un experto! De nuevo, hay una experticia que se presupone puede reemplazar a la multiplicación dispersa y heterogénea de las antenas políticas militantes, esas que surgen de una capilaridad territorial y una conversación activa. ¿O se supone que ya no están, que se desvanecieron, que son, en el mejor de los casos, unas células dormidas? Y entonces, que deben ser sustituidas por el saber experto.
Mientras el momento del fetichismo de la técnica sociológica venía a explicar que ya estamos fritos ante el avance irresistible de las derechas en el alma de los pueblos; el de la técnica comunicacional viene a alimentar la ilusión de un triunfo a la vuelta de la esquina, y en su promesa borra la efectiva territorialidad, con la singularidad, tensiones y procesos, donde eso se amasa. Así, la técnica vuelta fetiche puede importarse con premura. Circula en redes un podcast de Mariana Moyano, de 2022, sobre Janones, el responsable de la campaña digital que fue un elemento relevante en el reciente triunfo de Lula. Por supuesto que Mariana investigaba eso como experta en comunicación, pero lo hacía, especialmente, como militante política, alguien que confiaba, con intensidad, en la acción.
El problema de este tiempo, en Argentina, es el chapoteo fangoso en algunos modos de la política. Como no convencen, o andan de capa caída ante el brutal experimento anarcocapitalista, entonces se busca la política en las ciencias sociales, en la voz de les expertos y se la difunde mediante imágenes capturadas no por algún medio de prensa, sino por los equipos de comunicación que revolotean alrededor de cada funcionarie o aspirante.
¿Y la construcción de una política democrática y de masas? ¿Y la politización que hace posible que en ciertos momentos se abra el horizonte de las transformaciones? ¿Habrá que esperar que lleguen los expertos de la politología para que señalen su ausencia? Es un chiste, claro, seguramente malo: porque la política no es cuestión de expertas y expertos. Quizás hay unos cuantos miles de personas que están preguntándose qué hacer para hacer política. Porque eso no está dado y por ahora esa pregunta está desplazada por la lógica del fetiche. Volvamos a esa pregunta y a la insistencia sobre la idea de que sin politización de las masas no hay horizonte democrático. Dan ganas de que en un escenario en el que se respiran las posibilidades de detención del fascismo a nivel global, luego de los procesos electorales en Brasil y Estados Unidos, las luchas para detener el fascismo local no queden presas del seguidismo a unas ciencias sociales capturadas por la ilusión técnica.
5 de noviembre de 2026.

*Socióloga, ensayista, investigadora y docente.

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