
Un argentino de bien – Por Hugo Presman
14 julio, 2026
Libros. «Nena»: Sandra Russo
14 julio, 2026Cada paso de esta Selección alimenta una leyenda que trasciende el fútbol y se funde con la memoria de un pueblo, allí donde las grandes gestas encuentran su eternidad. La autoestima futbolera está bien alta por ser los últimos campeones del mundo, y se funde con aquel partido de México 86 donde el eterno Diego Maradona dejaría plasmado para siempre un relámpago de magia infinita como nunca había sucedido dentro de una cancha.
Por Gabriel Martínez Picco*
(para La Tecl@ Eñe)
Para innumerables culturas de la antigüedad precristiana, el período de tiempo ordinario en el que suceden los hechos libres de significación religiosa es considerado un tiempo profano. Por medio de rituales diversos se actualizan aquellos mitos de origen y el hombre religioso puede integrarse a un período sagrado. Vive así en dos tipos de tiempo. A lo largo de la historia moderna ha habido guerras o grandes operaciones militares que comenzaron deliberadamente durante festividades religiosas, del mismo modo en que el 25 de diciembre de 1991 Mijaíl Gorbachov anunció su renuncia como presidente y con ello la disolución de la Unión Soviética. Uno podría seguir enumerando hechos, no pasar por alto que también en la navidad del 2021 fue lanzado el telescopio espacial James Webb, el más potente construido hasta la fecha, que permite mirar a través del polvo cósmico y captar la luz de las primeras galaxias formadas tras el Big Bang.
La tentación de seguir hilvanando sucesos en tiempos y espacios no homogéneos es recurrente y verdaderamente atrapante. Esto nos deposita sin escalas en el aquí y ahora, el presente que vivimos, sentimos y en ocasiones sufrimos su deriva. Si bien en gran parte del mundo occidental se observa un descenso de la afiliación y de la práctica religiosa, especialmente del cristianismo, el panorama está plenamente abierto. Durante la última década en América Latina han crecido las iglesias evangélicas y pentecostales mientras el catolicismo pierde fieles y con ello disminuyen los bautismos, los matrimonios y también baja la asistencia a los lugares de culto convencionales.
En este sentido, y trasladándonos a lo deportivo, podemos revisar conductas sin pretensión de juzgar creencias ni formas de alimentar el espíritu, en tanto, si depositamos la lupa sobre los resultados futbolísticos durante los últimos veinte años en Brasil, nos encontramos hoy con una encendida polémica que se multiplicó a través de las redes sociales, por la cual el país vecino intenta explicar una nueva frustración mundialista. Pero más allá de chicanas, latiguillos y de ciertas provocaciones queda planteada una pregunta tan inesperada como difícil de abordar: la esencia del futbol de Brasil, ¿cambió al mismo tiempo que avanza el evangelismo como práctica religiosa?
En el año 2002 Brasil festejó por última vez la obtención de un campeonato mundial cuando derrotó a Alemania por 2-0 en Yokohama. Por aquellas épocas un 80% de la población manifestaba ser adherente al catolicismo frente al 56.7% del último censo de 2022. En tanto los ciudadanos que comulgan con el evangelismo protestante representan en la actualidad el 26.9% del total, habiendo cuadriplicado su presencia en las últimas tres décadas. En la selección de 2002 sólo cuatro jugadores eran evangélicos. En este 2026, los futbolistas que adhieren y se reconocen como evangélicos dentro de la selección son veinte, donde el más destacado es Neymar Jr., su máximo goleador histórico.
Entre varios, Andre Pagliarini, historiador, analista político y profesor universitario estadounidense-brasileño, en declaraciones al diario británico The Times, expresó: «Las generaciones futbolísticas doradas de Brasil surgieron de una cultura futbolística que valoraba el grupo, la idea de que el equipo era más grande que cualquier jugador. Este sentido comunitario se está perdiendo en todo Brasil, junto con el ascenso de la fe evangélica y su enfoque en el individualismo». Reavivó de esta manera un debate en tono político, ya que el evangelismo es uno de los principales bastiones sociales conservadores, y una de las bases de apoyo más importantes para las políticas que representaba el expresidente Jair Bolsonaro. En este caso se trata del neopentecostalismo, una rama del cristianismo evangélico proveniente de los Estados Unidos, caracterizada por un fuerte énfasis en la experiencia directa con el Espíritu Santo, el liderazgo carismático, el uso intensivo de los medios de comunicación y la enseñanza de la prosperidad material como parte de la bendición divina. Según esta idea, si alguien es rico o gana en el deporte es porque así lo ha decidido el creador tras las oraciones y la fidelidad del practicante.
El delantero verde amárelo Endrick, luego de ser eliminados por el seleccionado de Noruega contó que, tras la jugada que desperdició para abrir el marcador, habló con Dios, le agradeció la oportunidad y dijo que intentaría convertir esa experiencia en un aprendizaje para el futuro. Por su parte, el mediocampista central Bruno Guimarães en su mensaje, además de asumir la responsabilidad por el penal errado, escribió: «Estoy seguro de que Dios lo sabe todo». Finalmente, el más explícitamente religioso fue el centro delantero Igor Thiago, quien escribió en sus redes: «Dios, muchas gracias por permitirme vivir todo esto. Al final sucedió de la forma que el Señor permitió. Sé que todo ocurre conforme a su voluntad y que más adelante entenderemos por qué».
Una parte importante de la sociedad brasileña que se expresa por medios digitales cree que esta filiación quitó carácter competitivo a los futbolistas, que han perdido la alegría del juego colectivo del pasado, la picardía y la espontaneidad surgidas de la calle, donde todo dependía de ellos, no de otra fuerza superior. También el investigador y politólogo Elvin Calcaño escribió en sus redes: «El fútbol brasileño tenía una identidad en la que se mezclaba la exuberancia, la fiesta y el color propio de una cultura hija del sincretismo entre el catolicismo y los imaginarios religiosos de origen africano. Cuando los jugadores ganaban el Mundial solían llegar a los estadios cantando samba y tocando tambores afrobrasileños. El juego era una extensión de la fiesta».
Por suerte para nosotros, los argentinos aún no participamos abiertamente en estas categorías de análisis, no poque no exista, sino porque tenemos la autoestima futbolera bien alta por ser los últimos campeones del mundo. De cualquier modo, nos las arreglamos muy bien en crear un verdadero mito en torno de aquel partido de México 86, donde el eterno Diego Maradona dejaría plasmado para siempre un relámpago de magia infinita como nunca había sucedido dentro de una cancha. El gol del siglo sigue presente y hoy reactualizamos aquella gesta deportiva que nos devolvió una mísera pizca de dignidad después de todo lo perdido a partir del fatídico 2 de abril de 1982. Sentimos nuevamente la misma piel de aquellos días y los jóvenes actuales se contagian de un fervor que no vivieron, pero sienten a través del futbol; allí, en cada rincón de la patria, tejiendo los hilos de la historia, evocando a través del relato de Víctor Hugo aquel momento sublime en donde todos estábamos de un solo lado y con el mismo Dios.
Otra vez en una semifinal y el equipo de Scaloni y de Lionel en busca de la gloria, con la garra intacta y el corazón pleno. Los argentinos habitamos un tiempo que parece suspendido entre la memoria y el destino, un intervalo casi sagrado donde el partido frente a Inglaterra adquiere el peso de una página inolvidable. Cada paso de esta Selección alimenta una leyenda que trasciende el fútbol y se funde con la memoria de un pueblo, allí donde las grandes gestas encuentran su eternidad.
Martes, 14 de julio de 2026.

*Arquitecto. Fue docencte en la Facultad de Arquitectura de la UNLP.

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