

“La noche dos veces”, de Mora Monteleone, una obra que transcurre durante dos noches, una en abril de 1982, en el comienzo de la Guerra de Malvinas, y la otra, diez años después, en 1992, cuando la Argentina está consolidando su frágil democracia. Malvinas en un excelente espectáculo.
Por Osvaldo Quiroga*
(para La Tecl@ Eñe)
La verdad de lo real se juega en un mecanismo de tensiones entre lo que se ve y lo que se oculta. Es siempre un campo de inestabilidad. “La noche dos veces”, de Mora Monteleone, responsable también de la puesta en escena, transcurre en abril de 1982, en el comienzo de la Guerra de Malvinas, y diez años después, en 1992, cuando la Argentina está consolidando su frágil democracia.
Tres jóvenes de veinte años –Eloísa, Gabriel y Sergio- regresan de una fiesta en la casa de Julia. Parecen absolutamente alejados del conflicto bélico. Como si no existiera, como si la época estuviera ausente para ellos y las Malvinas fueran apenas un nombre que cada tanto se hace oír. Lo que cuenta, en la primera noche del excelente texto de Monteleone, es la aventura sexual, quizá la traición a un amigo, o no, o simplemente el fluir del deseo y la búsqueda de momentos de plenitud.
La segunda noche, diez años después, aunque en la impecable escritura escénica de la directora las dos noches transcurren en el mismo espacio y casi en simultáneo, pone al descubierto todo lo que se ocultó durante una década y se hace visible en una jornada que ha marcado el devenir de los cuatro involucrados. El enfrentamiento entre Eloísa y Julia no es una mera discusión de amigas, o un pase de facturas por silencios y amores juveniles; no, es mucho más que eso, es la demostración de que el tiempo nos marca más allá de cualquier acto volitivo. Mundo significa la atmósfera espiritual de una época determinada: las corrientes culturales sociales y políticas por las que atraviesa un tiempo histórico concreto; el conjunto de ideas, creencias y costumbres; todo aquello de lo que se nutre una época precisa, la que vive el individuo en ella. De ahí que una guerra siempre impacta en la subjetividad. Cuando en “Acto sin palabras”, de Samuel Beckett, el personaje intenta salir del escenario, es rechazado desde bambalinas y arrojado otra vez a las tablas.
Vivir en una atmósfera de zozobra deja marcas en el cuerpo. Cuando Eloísa se encuentra con Julia, diez años después de aquella fiesta, parece otra persona. Tiene una hija con la que le cuesta convivir. Pero eso sería lo de menos: lo que se juega en Eloísa es lo oculto, lo ominoso de una mentira sostenida durante diez años. Y eso es lo que narra el excelente trabajo actoral de Yanina Gruden. Porque el teatro no es un género discursivo. Siempre es la poética del actor la que se impone. Yanina descubre con sus gestos, con sus lágrimas, con su torpeza para las tareas cotidianas, no solo un conflicto individual; su cuerpo da cuenta también de un temblor subterráneo y de cómo lo siniestro, aquello que es extraño y familiar al mismo tiempo, ha ido socavando la psiquis de su personaje hasta convertirla en un territorio de incertidumbre y desasosiego.
A los jóvenes recién salidos de la adolescencia a principios de los 80 les pasó una guerra por encima. A muchos la Argentina de la dictadura los mandó a una muerte muy probable, dado que no tenían la más mínima preparación y se enfrentaban con un enemigo poderoso. Pero los que tuvieron la suerte de no ir al frente vivieron ese clima de época a pesar de ellos.
Mora Monteleone ha construido un dispositivo escénico para su obra donde la escenografía, las luces, el vestuario y la música original se vinculan con los intérpretes en un relato coral de fuerte impacto emotivo. Un poeta español escribió “es amarga la verdad quiero echarla de la boca”. Los impecables trabajos actorales de Nahuel Monasterio, Martina Zalazar, Federico Pezet, Rosa Rivoira y la ya mencionada Yanina Gruden dan cuenta de que hay verdades que es muy difícil echarlas de la boca. Pero esas verdades insisten, una y otra vez, como si buscaran un poco de paz. O mejor: como si supieran que el cuerpo va a acusar recibo y hacer de lo que no sabe un daño que perdura a través del tiempo, como una gota de agua que no deja de caer.
«La noche dos veces». Dramaturgia y dirección: Mora Monteleone.
Intérpretes: Yanina Gruden, Nahuel Monasterio, Martina Zalazar,
Federico Pezet y Rosa Rivoira. Diseño de escenografía: Micaela Sleigh.
Diseño de luces: Matías Sendón. Música original: Gustavo García Mendy.
Diseño de vestuario: Gabriela Gerdelics. Fotografía: Guillermo
Monteleone. Diseño Gráfico: Magdalena Margo. Asistencia de dirección:
Lulú Trotta y Mina Margo. Prensa: Celia Gamboa.
Los miércoles, a las 20.30, en Espacio Callejón (Humahuaca 3759).

*Periodista especializado en Cultura, creador de El Refugio y Otra Trama. Actualmente al frente de El Refugio en la radio de Las Madres de Plaza de Mayo, AM 530 Somos Radio.

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