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Un documento histórico y una oportunidad para Argentina – Por Edgardo Mocca

Los mandatarios Xi Jinping y Vladimir Putin firmaron el 4 de febrero pasado un documento donde la República Popular China y la Federación Rusa analizan el proceso de transformación que experimenta el mundo en cuanto a la geopolítica y las relaciones internacionales. El politólogo Edgardo Mocca sostiene que los años en los que regirá en nuestro país la cuestión de la deuda macrista serán también años intensos de transición entre el mundo unipolar y una nueva institucionalidad internacional.

Por Edgardo Mocca*

(para La [email protected] Eñe)

El tratamiento del acuerdo con el FMI es un momento de máxima tensión para la política argentina. Gran parte del debate alrededor de esa discusión se centra en el examen de las condiciones políticas nacionales que hicieron posible el brutal endeudamiento decidido por la administración macrista, desplegado de modo ilegal y dirigido a reforzar y consolidar la dependencia económica del país respecto de Estados Unidos.

Sin embargo, hay otra mirada que merece colocarse en términos complementarios al enfoque que se basa en responsabilidades políticas locales y en la visible ilegalidad que recorren el proceso de endeudamiento. Hay una dimensión internacional, de alcance geopolítico que debe ponerse en primer plano para orientar los pasos futuros del país. El Fondo Monetario Internacional no puede considerarse de modo reduccionista como “organismo internacional de crédito”; hay que considerarlo como una parte central de un mecanismo de dominación mundial por parte de Estados Unidos. La cuestión más importante es pensar nuestra crisis de endeudamiento en el contexto de profundos cambios históricos en desarrollo.

Hay coincidencias que parecen no dejarse explicar completamente por el azar. El día 4 de febrero pasado, el presidente argentino se entrevistó con su par de la República Popular China, Xi Jinping. El mismo día, el presidente chino y el de la Federación Rusa, Vladimir Putin firmaron en conjunto un documento al que denominaron “Declaración conjunta de la Federación Rusa y de la República Popular China sobre la entrada de las relaciones internacionales en una nueva era y el desarrollo global sostenible”. En el comienzo mismo del documento se afirma “Actualmente, el mundo está experimentando cambios trascendentales y la humanidad está entrando en una nueva era de rápido desarrollo y profunda transformación”. Al explicitar las características de la nueva época que comienza, menciona en primer término la multipolaridad. Sin hacerlo explícito, los mandatarios dan por cerrada la época de la unipolaridad abierta en 1990 con la desaparición de la Unión Soviética. La intervención norteamericana, en la denominada “guerra del golfo”, desplegada en 1991, marcó el comienzo de esa época y se desplegó durante el período abierto entonces en una serie de intervenciones unilaterales y contradictorias con la legalidad internacional desplegadas a lo largo y a lo ancho del mundo. La balanza de poder de los tiempos de la guerra fría fue suplantada en esa época por el poder incompartido del imperio norteamericano sobrepuesto a cualquier norma jurídica internacional. En los asuntos militares, pero también en todos los aspectos de la vida social, política y económica. La declaración chino-rusa es contundente en este aspecto: ha surgido una tendencia a la redistribución del poder en el mundo: y la comunidad internacional manifiesta cada vez más la demanda de un liderazgo encaminado al desarrollo pacífico y gradual.” Sin designarlo explícitamente, aunque dejando claro el sentido de la afirmación, sostienen que “algunos actores que no representan más que a una minoría a escala internacional siguen defendiendo estrategias unilaterales para resolver los problemas internacionales y recurren a la fuerza”

Claramente, la grave tensión que tiene epicentro en Ucrania es una ilustración de ese desajuste entre las nuevas relaciones de fuerza internacionales y los designios de poder de Estados Unidos. Claramente, los acuerdos de Breton Woods que dieron origen a la ONU han sido suplantados por una “legalidad” de facto que distribuye apoyos y castigos entre los países y regiones según sea la posición de cada una ante esta manifiesta ilegalidad de alcance internacional.

Un capítulo central de la declaración alude a lo que en su texto se denomina “un modelo único para guiar a los países en el establecimiento de la democracia”. En Washington es donde se establece la pertenencia o no de cada país a la condición de país “democrático”. Como una muestra reciente y patética de este monopolio autoritario asistimos hace un tiempo a una conferencia internacional en la que la presidencia de Estados Unidos se autoasignó la potestad de permitir o no la participación en el encuentro a los diferentes países, según el juicio sobre la vigencia de la democracia en su territorio, exclusivamente reservado a la “casa blanca”. La declaración conjunta es contundente al respecto: “Corresponde exclusivamente al pueblo de cada país decidir si su Estado es democrático”.

La declaración conjunta se pronuncia a favor de una “auténtica multipolaridad en la que Naciones Unidas y su Consejo de Seguridad desempeñen un papel central y de coordinación”. La afirmación es importante en el contexto de la puesta en un plano secundario de la ONU. Sin embargo, desde países como el nuestro, merece el agregado de que esa organización debería, para cumplir ese papel, democratizar su propia estructura, para asegurar que se escuche la voz de la gran mayoría de sus miembros, hoy excluidos de cualquier poder decisorio.

Es evidente la necesidad de una reestructuración del poder global como la que promueve el documento -que incorpora importantes cuestiones referidas al medio ambiente (sin dejar de rechazar las barreras levantadas en el comercio internacional bajo el pretexto de la lucha contra el cambio climático) y al combate contra el terrorismo. Los países latinoamericanos hoy han alcanzado un grado de organización institucional cuya expresión más potente es la CELAC. Es necesario que su voz alcance la potencia necesaria para contribuir a esta agenda para un nuevo orden mundial. La potencialidad de nuestra región permanece obstaculizada por el peso de la dependencia económica, financiera y política respecto de Estados Unidos.

En estos días nuestro país está definiendo la aceptación o no del preacuerdo establecido con el FMI para el proceso de endeudamiento ilegal e irresponsable desde el punto de vista de los intereses nacionales contraída por el gobierno de Mauricio Macri. Es muy importante que el abordaje de esta crítica situación no se construya al margen de este nuevo ciclo mundial que se está abriendo. Para eso hay que combatir de modo intenso y permanente contra la interpretación del mundo que de modo sospechosamente unánime generan los principales medios de comunicación. Su prédica está atada con una intensidad y dedicación asombrosas a la interpretación del mundo de la principal potencia mundial. Son democráticos, en su interpretación, los países que Estados Unidos considera como tales. Y autoritarios aquellos que lo son para la mirada de Washington. Los crímenes imperiales se presentan como intervenciones democráticas. Sus enemigos deben serlo también para los argentinos. El nuevo orden mundial que está naciendo necesita romper esos estereotipos colonialistas. Y no tenemos ninguna necesidad de cambiar un estereotipo por otro. Como diría el recordado Aldo Ferrer, necesitamos construir nuestra densidad nacional, indisolublemente asociada con los países de nuestra región y solidaria con todos los países dispuestos a establecer con nosotros relaciones pacíficas y de mutuo beneficio.

Los años en los que regirá la cuestión de la deuda macrista serán también años intensos de la transición entre el mundo unipolar y una nueva institucionalidad internacional. Estas dos cuestiones no deberían mirarse de modo separado. Es necesario explotar todas las posibilidades que esta transformación en desarrollo ofrezca a una estrategia de defensa de nuestros derechos. Finalmente, el endeudamiento sistemático como modo de subordinación financiera, económica y política y el modus operandi del FMI son parte del “viejo régimen” que la declaración chino-rusa denuncian. Y hay que luchar para que esa estructura de poder y expoliación financiera sea barrida por los vientos del “nuevo orden mundial” que el texto comentado propone. 

Buenos Aires, 24 de febrero de 2022.

*Politólogo.

2 Comments

  1. apico dice:

    Los factores de poder que gobiernan nuestro País, son altamente dependientes de las decisiones de USA, puesto que allí tienen depositados todos los dólares robados a su propio Pueblo. En tal sentido, no hay grieta, y el actual gobierno obedece a los sectores de poder y no al Pueblo que los votó. El mundo multilateral, es ya un hecho, y la guerra en Ucrania, lo certifica. Eso solo no es suficiente ,para aprovechar la situación: hace falta un gobierno con decisión política de sostener la soberanía, cuestión impensable por los próximos años en nuestro País.

  2. JOSE LUIS PELLIZA dice:

    TOTALMENTE DE ACUERDO ,CON EL » ANALISIS GEOPOLITICO DE MOCCA» AL QUE APOYO EN TODOS SUS TÉRMINOS.