TE AMO, TE ODIO… DAME MÁS (3), undécimo capítulo del folletín “LA CARRIÓ – Retrato de una Oportunista” – Por Carlos Caramello

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TE AMO, TE ODIO… DAME MÁS (3), undécimo capítulo del folletín “LA CARRIÓ – Retrato de una Oportunista” – Por Carlos Caramello

Undécimo capítulo de “LA CARRIÓ – Retrato de una Oportunista”, y parte tres de “Te Amo, Te Odio…Dame Más”, donde se aborda el acercamiento y la lejanía que tiñó la coreografía de una relación difícil… tan difícil como Mauricio Macri no imaginó.

Por Carlos Caramello*

(para La [email protected] Eñe)

“Tú no sabes
lo que a una mujer obliga
el mirarse despreciada
de aquel que se vio querida.”
Pedro Calderón de la Barca

Oh l’amour, l´amour… A partir de aquella declaración de enero de 2015, las relaciones entre Lilita y Mauricio comenzaron a ser… iguales. Acaso un poco más de paciencia de parte de la chaqueña apóstata. Más premios y mimos de parte del líder del PRO. Y muchas señales, muchos gestos, aunque pocas palabras. Porque iban hacia la competencia en las PASO y tampoco era cuestión de que parecieran amontonados.

Finalmente, el 9 de agosto de 2015, la dupla de Macri-Michetti superó a la de Carrió-Toti Flores por apenas cinco millones de votos: 5.523.413 (el 81%) contra 514.040 (7,57%). Incluso los terceros en discordia, la fórmula Ernesto Sanz – Lucas Llach sacaron más que la chaqueña y su Tío Tom.

Mauricio ganó en segunda vuelta esa elección y Lilita, que había sido corrida en el último tramo de la campaña por deseo y consejo del ecuatoriano Durán Barba, volvió triunfante al escenario de los festejos. A partir de ese momento, el “yo lo quiero a Mauricio” pareció ser su apotegma de cabecera. Eran los días del bello arco iris, sólo faltaba Moura cantando “Luna de Miel/oh oh oh oh ohhh/Luna de Miel”.

Tanto es así que algunos medios comenzaron a hablar de una relación “casi terapéutica” entre los dos. “Para ella, él creció como político y está convencido de hacer un cambio en serio. Para él, ella resultó ser una dirigente mucho más seria y profunda de lo que pensaba” explicaba una nota de Perfil hacia fines de 2015 y hacía notar que este nuevo vínculo tenía a “ambos entornos” absolutamente absortos.

Pero, usted vio como son las parejas de hoy en día. Nadie tiene paciencia. Y, aunque ella jure lo contrario, el estoicismo no es una de las cualidades que detenta Lilita. Empezaba 2016. El gobierno se acomodaba en sus despachos después de unas merecidas vacaciones (El Equipo Mejor Vacacionado de los Últimos 150 años, debería haber sido el slogan) y Carrió salía a pegarle en la línea de flotación a la estrategia macrista de “látigo y billetera” denunciando a Daniel Angelici ante la Justicia. 

«Tomé conocimiento de que este señor -que no sabía quién era dado que no miro ni juego al fútbol-, hablaba con Oyarbide pidiéndole que se jubilara; almorzaba con jueces y fiscales vinculados a Boca, y que ‘ayudaba’, como lo dijo el propio presidente en un reportaje en La Nación«, explicó la diputada según una nota de la Agencia Télam. «Empecé a escuchar que el que se iba a encargar del Consejo de la Magistratura era Angelici, entonces me dediqué a estudiar quién era (…) era uno más en la larga tragedia nacional de operadores y vínculos promiscuos entre operadores políticos, la justicia, los servicios de inteligencia y los clubes de fútbol«, concluía en su primer escaramuza con su nuevo “novio político” como para que él le tomase el peso.

Claro que esto duró unos días. Enseguida, cuando comenzaban lo cuchicheos sobre alguna ruptura, ella salió a enfriar el tema. “La estupidez humana es un mal de la frivolidad, yo lo quiero a Macri y él me quiere a mí” confesó cual actriz novel defendiendo su primera tapa en revistas del corazón. Había dado inicio la zarabanda del amor contrariado y eso duraría… para siempre. 

Como en esas lentas danzas de salón del Renacimiento, las marchas y contramarchas, las reverencias y los gestos de desprecio, el acercamiento y la lejanía tiñeron la coreografía de una relación difícil… tan difícil como Mauricio Macri no imaginó porque no es un chico que esté acostumbrado a los desplantes.

A mediados de 2017, mientas hacía campaña como candidata a Diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Elisa llegó hasta la populosa barriada de Villa Crespo a dar una charla y allí, ante un público casi atónito, dijo: “El presidente quiere justicia aunque caigan algunos de su círculo íntimo (…) está haciendo lo que le duele como hijo, primo y nieto» -refiriéndose a Franco Macri y a Ángelo Calcaterra- «no crean que el presidente está implicado, el presidente llegó millonario y se va a ir pobre«… A la luz de algunos hechos que hoy son de dominio público, el Pueblo argentino ya debería ir cobrándole a Carrió tannnntooo amor.

Pero después, en octubre de ese mismo año, fue electa diputada nacional por CABA con más del 50% de los votos y allá, ella, que venía de una derrota cuasi definitiva en 2011 (cuando apenas obtuvo el 1,8% en la carrera presidencial) recuperó veteranos bríos y se imaginó compitiendo con Macri en 2019. Y así se lo confió a Horacio Rodríguez Larreta.

A partir de allí, la suma de encuentros y desencuentros resultaron el alimento diario de la relación que, como cualquiera en esos casos, se iba deteriorando. Cualquier argumento le venía bien a Lilita para levantar la voz, hacer un desplante, amenazar solapadamente o protestar a los gritos. Y aunque siempre trataba de hacerlas pasar como  batallas a dar dentro de la coalición de Gobierno, desde las presiones a Alejandra Gils Carbó hasta la reforma previsional, todo servía para el show: Angelici (su puching-ball preferido), el papa Francisco, Garavano, las tarifas, los Panamá Papers o la interna radical arreglada con el Coti Nosiglia… cualquier cosa para tironear, conseguir un llamado, ir hasta Olivos, obtener alguna prebenda y salir lo más campante asegurando que ella lo quiere a Macri y que no se pelea… sólo que también es ella quien debe “garantizar la institucionalidad en el Gobierno”.

Entre tanto tira y afloja hubo un par de choques duros. “Si vas a tener oportunistas en el Gobierno me vas a perder a mi” le dijo allá por marzo de 2018 por teléfono cuando se enteró de que Macri estaba en Olivos reunido con la Mesa Chica. Cuentan que él, con media sonrisa, le respondió “Sos mi única socia en serio”, lo cual, al parecer la habilitó para lanzarse sobre Twitter e inmortalizarse con la frase: “Yo sostengo a la República, al Presidente, a su equipo, y no pido cargos”… eso sí, no se sabe si en ese momento sostenía a la “Republiquita” entre sus brazos.

Meses después, en octubre, volvió a las andadas durante el acto de inauguración del programa Argentina Exporta. «Acá hay cartelización y monopolios inadmisibles, y ese es mi próximo objetivo. Eso me va a llevar a pelear con otros sectores. Eso va a permitir amigarme con el Presidente ahora cuando me lo saque a Garavano«, dijo a sabiendas de que venía tiroteada con Mauricio a quien se había cruzado y sólo le había dado “un besito seco” según sus propias palabras, de las que podría surgir que, alguna vez, entre ellos, hubo besos húmedos.

Para enero de 2019 hubo otro intento de pipa de la paz. En un reportaje concedido al diario La Nación dijo “Las reuniones con él son muy divertidas. Él me reta, yo lo reto. Es lo más gracioso que hay. Lo trato como a mi hermano menor porque es ingeniero. Nos decimos todo y además no lo dejo hablar» pero, además, admitió que no iba a presentarse para ningún cargo electoral y que iba a trabajar para la reelección de Macri. Sin embargo, la pasión había dado paso a la hermandad y, aunque se imponía la política, se percibía con claridad el glaciar que se había instalado entre ambos.

Lilita cumplió. En defensa propia y a regañadientes, cumplió. Fue a la Rural a defenderlo delante de los “paisanos”. A explicarle al “Campo” que debía gobernar otro período. Hasta llegó a comparar el ya mítico discurso de Raúl Alfonsín en Parque Norte con el de Macri en el CCK. Dijo: “la diferencia con el Parque Norte de Alfonsín es que Mauricio Macri no sólo tiene voluntad sino que ama la acción política”…

Por su parte, Mauricio… bueno, Mauricio no es un pibe que ande respetando pactos ni acuerdos. Y mucho menos si son políticos. No la incorporó a la campaña. No la convocó a la mesa chica. No la invitó a “Los Abrojos” el día de las Paso. Ni siquiera la llevó en la caravana de la Marcha del Millón “por cuestiones de organización… Y ella lo trató de “egoísta”.

En fin: tanto va Anita Ekberg a la Fontana de Trevi que, al final, se baña. La contundente victoria de Fernández-Fernández trajo, entre otros males, la implosión de los retazos de romance que aún había entre Elisa y Mauri. Ella fue a despedirse a la Rosada. De él y de la política, ya que le avisó iba a “garantizar la transición” para luego acogerse a los beneficios del jubileo. No sin antes llevar a un par de ministros ante la Justicia.

Un buen momento para que la cámara haga un plano americano de Carrió saliendo por explanada, el pelo al viento, los anteojos negros para, con un barrido, tomar la imagen de espaldas vista desde la ventana de la oficina presidencial. Sube el volumen de uno de los temas centrales que musicalizan el filme: Gabriela Ferri, con todo su acento italiano, desgranado versos que dicen: “Así espero que comprendas/Que mi amor es algo grande/Y que el tuyo solamente/Vale poco… casi nada”. La cámara funde a horizonte.

Buenos Aires, 22 de octubre de 2022.

*Licenciado en Letras, escritor, periodista y analista político.

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