TANTEOS EN LA SOMBRA 1 – La orfandad del radicalismo – Por Noé Jitrik

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TANTEOS EN LA SOMBRA 1 – La orfandad del radicalismo – Por Noé Jitrik

Es desde el derrocamiento de Yrigoyen que el radicalismo vive un tenaz sentimiento de orfandad que nunca logró superar y que lo hizo buscar padres en forma de coaliciones con otros partidos. La última: la Alianza con Macri.

Por Noé Jitrik*

(para La [email protected] Eñe)

En estos días me sentí preocupado por la triste suerte del radicalismo que carga sobre sus espaldas un sinfín de imposibilidades. Porque todo en la vida humana tiene un comienzo, hasta la vida misma, y una declinación que quizás le sea próximo, tiendo a pensar que eso empezó cuando Yrigoyen se convirtió en un obstáculo y muchos que habían hecho su vida en lo que prometía y hasta cierto punto hacía creyeron que su ciclo había terminado y que había que ir por otro lado. De ahí en adelante, lo único que el radicalismo obtuvo fue un tenaz sentimiento de orfandad que nunca logró superar y que lo hizo buscar padres en forma de coaliciones con otros partidos, agrupamientos a veces obscenos que a veces le permitieron creer que había regresado a esa privilegiada posición de ser una fuerza tradicional capaz de disputar y eventualmente recuperar un poder soñado y cada vez más lejano. No vale le pena enumerar esas asociaciones, salvo, tal vez, la última, con el macrismo al que le prestó todo su capital residual, caudillos y caudillejos, votos y voces estridentes en el Congreso. Era triste considerar que muchos de sus miembros, que reivindicaban su pasado radical, se habían convertido en los más ardientes defensores de las peores intenciones del macrismo, olvidando hasta la decencia. De los portavoces de las clases medias abandonadas a su suerte, condenadas por los restos redivivos del conservadorismo más rancio y obsoleto, a ser los abogados de ese conservadorismo, se traza el recorrido de una degradación de la que no creo que se vuelva. Con recordar solamente a Aguad, Morales, Sáenz, Lombardi y, no podía faltar, mi antiguo amigo Brandoni, lo estoy diciendo todo. Pero hay más y de otro carácter.

Volvamos a 1946. Ha surgido una figura, Perón, cuyo ímpetu amenaza con rescindir a varias formaciones políticas que hasta 1943 ocupaban el escenario. Para neutralizarlo, el radicalismo, consciente de que por sí sólo no conseguiría enfrentar ni derrotar a un Perón que encarnaba el mal, promueve la conformación de la Unión Democrática, coalición en la cual los radicales son el principal componente. Como si la Historia se negara a retirarse, el esquema parece reproducirse en la actualidad: los radicales se asocian con otros grupos, no se llaman Unión Democrática sino “Juntos por el Cambio” pero enfrentan a otra figura casi tan carismática como el Perón de1 45, Cristina Fernández de Kirchner. Es claro que en 1945 nacía un movimiento político y que CFK se apoya en lo ya existente pero la homología algo quiere decir; para los radicales, al menos, lo que ya no pueden lograr, para los peronistas la posibilidad de pensarse en las actuales circunstancias que, desde luego, no son las mismas de 1946.  

Pero el temor a la orfandad no deja de perseguir igualmente al peronismo. Un sector cree, como los anti personalistas de 1928, que CFK “ya no es más” si alguna vez creyeron que lo era, y otros siguen creyendo en ella. Aquellos, como los anti personalistas, no pueden solos y, por lo tanto, “coalicionan”, entran a JxC, caso notorio Pichetto, Santilli y otros y, por lo mismo, les va mal por la simple razón de que tales coaliciones siempre han fracasado: Frondizi, que primero busca el apoyo del peronismo y termina por ponerse en manos de Alzogaray, de la Rúa, que coaliciona con tímido centro izquierda y termina en las manos de Cavallo, con lo que eso significa y cómo terminó, el Pro con los radicales y las breves huestes carriofílicas y así les va; si en algún momento ganan algunas elecciones muy pronto la taba cae fuera del cuadro. Es incesante e infinito este entretejido así como suelen ser falaces las invocaciones a la “unidad”. En suma, se es o no se es y más vale la ardua tarea de ser que el recostarse sobre la fantasía del ser de otros.

Está tristemente claro que de reflexiones como éstas no se pasa a ninguna acción, pero al menos se fantasea y de esa actividad silenciosa y solitaria surgen figuras tal vez arbitrarias, lánguidamente tranquilizadoras o por lo menos lógicas e incluso posibles. Por ejemplo, se recuerda todavía que apenas Macri llegó a la presidencia firmó un decreto, eso que llaman DNU, por el cual eran designados dos miembros de la Corte Suprema de Justicia. Pasaba claramente por encima del procedimiento constitucional pero en principio no hubo grandes ni fuertes reparos, los otros miembros de la Corte no reaccionaron, quizás los paralizó el estupor, los nombrados, a su vez, juristas al fin, aceptaron sin ninguna vergüenza el procedimiento, los diarios adictos al Gobierno sostuvieron el insólito procedimiento pero la novedad duró poco, a regañadientes retiró la propuesta y la dirigió al Senado que, comprensivo, olvidando que había sido agraviado, terminó por aprobarlos. Es como si hubieran consagrado, implícitamente, que había nacido una “Doctrina Macri” que se aplicó más o menos de la misma manera en el caso de la Procuración General: primero echar a la titular, designada correctamente según todos los requisitos y normas, y luego nombrar a un reemplazante pero interinamente, para no dar lugar a cuestionamientos molestos. El hecho es que la “Doctrina Macri” funcionó y quizás tuvo manifestaciones y prolongaciones en otros aspectos. ¿Por qué, entonces, no se la utiliza ahora? Dicho de otro modo, ¿por qué, invocándolo como jurisprudencia, el Presidente Fernández no llena por un DNU las dos vacantes? ¿Qué puede pasar si lo hace? Seguro que los “Prosistas” van a saltar, son republicanos pero de corta memoria; quizás el Presidente vuelva atrás y haga lo mismo, presente los papeles al Senado, y la oposición macrista salte como tigre herido, pero su jugada pondrá en evidencia lo que fue la “doctrina Macri” y la incongruencia, en el mejor de los casos, de los seguidores, y casi siempre cómplices, de ese personaje de quien no pueden separarse, lo tienen metido en el corazón, la mente y los bolsillos.

¿Por qué no lo hace Fernández? No es difícil decirlo: porque es una propuesta moralmente indecente y, correlativamente, porque la indecencia fue propia del heteróclito conjunto denominado JxC y Fernández trata de diferenciarse así eso produzca demoras que deseamos que no terminen en frustraciones. Abogado, hombre de derecho, tiene, a nuestro juicio, demasiadas consideraciones formales o procesales que aplica a su carácter de Presidente. De este modo, aparece como maniatado, dan ganas de decirle “de una vez”, en temas que de no ser resueltos ahora seguirán atrapando al país y sobre todo a su gente. Queríamos que no todo fuera igual pero lo que perpetró el macrismo, funcionarios y empleados “a piacere” que siguen incólumes en sus puestos, no digamos el procurador interino Casal, jueces y fiscales cuestionados penalmente, prosigue, se siguen sufriendo sus consecuencias, el río Paraná fluyendo armoniosamente hacia las arcas ajenas, Clarín y La Nación, de fiesta, Vicentín vaciándose, el Correo conteniendo la respiración y la cuenta bancaría, la megaminería, hasta el hartazgo. ¿Siempre lo mismo? Puede ser que no se le exija al FDT la “revolución” siempre pendiente como la gran solución pero que ni siquiera se consolide una socialdemocracia al “uso nostro” quita las ganas cuando, en apariencia por lo menos, decidirse no sería problemático, y si tal cosa, decidirse en cada uno de los aspectos, irrita, perturba y molesta, tanto mejor, no hay peor batalla que la que no se inicia.

Por más que uno se resista a los balances a fin de año se precipitan situaciones de todo tipo y calidad y hay que tenerlas en cuenta; unas son fútiles, cuentas pendientes, otras conducen al callejón de la melancolía, los amigos muertos, otras pueblan el imaginario de la felicidad, otras, por fin, afectan a la sociedad entera o al futuro próximo. No hay manera de escapar a eso que no es un movimiento mental sino un sobresalto de la memoria, inducido por la fecha; salvo emplear escapatorias como un tristón “¿te acordás”, que abre y cierra una evocación y deja las cosas como estaban.  

La cumbre, Córdoba, 7 de enero de 2022.

*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.

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