Sobre Sabato – Por Claudio Zeiger

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Sobre Sabato – Por Claudio Zeiger

Claudio Zeiger sostiene en este artículo que hay tres fechas que intersectadas pueden ayudarnos a reconfigurar vida y obra de Sabato: los diez años de su muerte, que se cumplen este 30 de abril; los 110 diez años de su nacimiento (24 de junio) y finalmente los 60 años de la publicación de su obra más destacada y difundida, Sobre héroes y tumbas.

Por Claudio Zeiger*

(para La [email protected] Eñe)

 

Es difícil eludir los estereotipos –algunos autoinfligidos, otros proporcionados por los numerosos adversarios que supo cosechar- cuando se habla de Ernesto Sabato. Hay que tratar de apartarlos, aislarlos y deshacerlos para lograr una imagen más compleja, certera y generosa de un autor imprescindible de la literatura argentina, y un protagonista vehemente de gran parte de la historia y la política argentinas del siglo 20.

Hay tres fechas que intersectadas pueden ayudarnos a reconfigurar vida y obra de Sabato: los diez años de su muerte, que se cumplen este 30 de abril; los 110 diez años de su nacimiento (24 de junio) y finalmente los 60 años de la publicación de su obra más destacada y difundida, Sobre héroes y tumbas.

“Me llamo Ernesto, porque cuando nací, el 24 de junio de 1911, día del nacimiento de San Juan Bautista, acababa de morir el otro Ernesto, al que aun en su vejez, mi madre siguió llamando Ernestito, porque murió siendo una criatura. Aquel nombre, aquella tumba, siempre tuvieron para mí algo de nocturno, y tal vez haya sido la causa de mi existencia tan dificultosa, al haber sido marcado por esa tragedia, ya que por entonces estaba en el vientre de mi madre”.

Este relato acerca del destino y el doble quedó condensado en las páginas de las memorias Antes del fin, relato que, en verdad, impregna casi toda la obra sabatiana, en particular sus dos grandes novelas, Sobre héroes y tumbas y Abaddón, el exterminador.

Nacer para ocupar el lugar del otro, vivir desde el primer día la incómoda vida del usurpador. Quedar comprometido a la vida, aunque se desee la muerte porque se está ocupando el lugar de la existencia de quien no vivió nada, o casi nada. Sabato vivió casi cien años. Esa larga duración hizo que para muchas generaciones siempre representara a un hombre adulto, maduro y que paulatinamente fue ocupando el lugar de referente, de maestro, de sabio. Claro que nunca hay que olvidar que la juventud de Sabato –entre los 16 y los veinte y pocos años- fue una juventud sorprendente, sufrida y tumultuosa de precoz militante comunista, estudiante y activista que huía por los techos o escapaba por la ventana, perseguido por la policía o los militares siendo el presidente de la federación universitaria de La Plata. Alejado del comunismo, sin embargo, mantuvo esa impronta inquieta de militante más allá de los 30 años, que bien supo rescatar Jorge Abelardo Ramos cuando explicó a sus detractores por qué valía la pena seguir polemizando con Sabato.

 

Luz y sombra en capítulos cercanos sobre héroes y tumbas (Sabato y la pequeña felicidad inadvertida) | maranasati a las tres

 

A 60 años de su publicación, es difícil discutir la importancia de Sobre héroes y tumbas y su trascendencia más allá de algunos intentos reduccionistas de considerarlo, como también se lo intenta con Rayuela de Julio Cortázar, un texto de pasaje para lectores adolescentes. Bastaría como un ejemplo, la edición crítica que le dedicó la colección Archivos, volumen dirigido por María Rosa Lojo, para tener una idea de la multiplicidad de lecturas que esta novela inmensa pudo generar prácticamente desde su publicación en 1961. Pero la importancia del lector y el personaje adolescente también fue un “tópico” para Sabato, y el disparador de una postura ética que esbozaría en 1974 en su último gran texto, Abaddón, el exterminador. “Escribir sobre ciertos adolescentes, los seres que más sufren en este mundo implacable, los más merecedores de algo que a la vez describiera su drama y el sentido de sus sufrimientos”.

Para terminar con una nota personal, me inclino por resaltar a Abaddón como una de las grandes anti novelas argentinas, un texto experimental, pero que experimenta con el lenguaje y los materiales más abyectos sin la más mínima concesión a cuestiones estilísticas o formalistas de superficie. Además, es una novela fuertemente política, de denuncia concreta, del tema de la tortura como método policial y que luego retomarían los militares bajo la dictadura, la tortura para obtener la delación de los jóvenes militantes.

“Y ahora, una vez más, comenzaba a internarse en el fétido laberinto de incestos y crímenes, laberinto que iba hundiéndose paulatinamente en el pantano del que creía haber salido por obra de los inocentes exorcismos de costureras y plomeros”, escribió Sabato en Abaddón.    

“Y luego, ese desgarramiento entre su mundo conceptual y su mundo subterráneo. Había abandonado la ciencia para escribir ficciones, como una buena ama de casa que repentinamente resuelve entregarse a las drogas y la prostitución. ¿Qué lo había llevado a imaginar esas historias? ¿Y qué eran realmente?”.

Más allá de los estereotipos, asoman a diez años de su muerte, ese chico que en el fondo piensa que no debió haber nacido, ese joven militante huyendo por una ventana, ese intelectual desgarrado entre la ciencia y la ficción.

Todos ellos también fueron Ernesto Sabato.

 

Buenos Aires, 30 de abril de 2021.

*Escritor y periodista. Editor de los suplementos Radar y Radar Libros del diario Página/12.   

1 Comment

  1. Sabato solía decir que `para un argentino la posteridad estaba en el extranjero`. Sin embargo textos síntesis, justos y sensibles como este lo contradicen y , desde algún purgatorio celestial e infernal donde Sabato esté, podrá sentir que en su caso podría no ser cierto. Su posteridad también está en su patria. En todo lo escrito y luchado.
    Leí esta semblanza de Zeiger con la felicidad íntima de quien lee a alguien que lo describe en ese su incesante combate entre la ciencia y el arte. Y en esa otra, más feroz, entre su vida y obra extraordinarias y los inquisidores que lo niegan con prejuicios pigmeos. ( Me permito aclarar, tantos escritores/as e intelectuales pigmeos). Porque pocas veces se vió como por aquellos años del 2000, que al subir en Retiro al tren a Santos Lugares , los pasajeros de adentro y los del andén aplaudieran a Sabato agradecidos. ¿Por qué agradecer a un escritor con la exaltación que se le suele ofrecer a otra clase de ídolos? No eran la elite de un club de jueces literarios, eran el pueblo. Lectores o no lectores. Pero con la
    gratitud espontáea a que empuja el instinto. Sabato no visitaba la Embajada de EEUU. Tampoco iba ni como escritor ni turista. Las elites que se inventan escritores secretos de casta lo desplazan por popular . Los degustadores ideológicos
    por su ética política y su austeridad de vida. Fue incomprable e invendible. Pero qué buena la metáfora de Seiger cuando dice que fue como si un ama de casa de pronto se dedica a la prostitución y las drogas. Y si: de la certeza científica a la
    incerteza del arte.
    Mi aplauso al autor de la crónica y a La Tecla eñe.

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