SILBIDOS DE UN VAGO 2 – Por Noé Jitrik

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SILBIDOS DE UN VAGO 2 – Por Noé Jitrik

Ilustración: A cara tapada (detalle), Luis Felipe Noé.

Ilustración: A cara tapada (detalle), Luis Felipe Noé.

Por Noé Jitrik*

(para La [email protected] Eñe)

 

Uno de mis más queridos y viejos amigos, años y años de encuentros y respaldos, me llama cada tanto y me pregunta si estoy escribiendo, no sé si con curiosidad o si se burla ligeramente de lo que sería una manía de mi parte, no puedo creer que piense que es una virtud. Si lo hago le respondo afirmativamente, si no, vacilo, no sé muy bien qué decirle, mis preguntas, a mi vez, apuntan a sus lecturas y, sobre todo a su salud: a medida que pasa el tiempo ese tema ocupa bastante tiempo en toda conversación, sobre todo en las actuales condiciones, peste de por medio, nube negra en un cielo que quería ser luminoso. Seguimos conversando, por suerte, el interés recíproco subsiste pero con una modalidad muy particular: si bien me pregunta si escribo jamás alude a lo que publico, en lo cual no se diferencia mucho del conjunto multiforme de lectores que pueblan este interesante mundo. Pero en cuanto a él, en cambio, reacciona como una flecha cuando en el antaño prestigioso La Nación de pronto, e inesperadamente, aparece mi nombre por lo general al acaso de otra cosa; me llama, parece contento por la consideración que se desprendería de tales menciones. En suma, es sorprendente, sigue siendo lector de La Nación, no puedo creer que eso suceda. Tal vez no suscriba, pero no lo declara, y no intento hacerlo declarar, las sesudas consideraciones políticas, por llamarlas de alguna manera, de un Fernández Díaz o un Carlos Pagni pero, en cambio, debe creer en la potencia consagratoria que el diario poseía en un antaño lejanísimo en el campo literario y cultural; debe creer que quien es mencionado por el diario existe y quien no, yo por ejemplo, no existe. ¿Creerá que es el mío un error garrafal, vitalmente anulatorio, y eso le preocupa amistosamente, que no intente ni siquiera entrar en el guetto literario que el diario reconoce, exalta y celebra? Misterio. Quizá el título de una novela de Alberdi, premonitorio, Luz del día. Viaje y aventuras de la verdad en el Nuevo Mundo, lo explique, no a él, debe ser más complejo lo que lo hace ser fiel a ese diario, sino a los que condenan la “grieta” pero no hacen más que profundizarla. ¿No es eso lo que se juega en este país, el destino de la verdad?

La prominente viróloga Andrea Gamarnik fue designada directora o algo semejante de una sección del Instituto Leloir: quienes la conocemos estamos muy contentos, justísimo reconocimiento. Naturalmente, ella lo celebró pero, por modestia, no se refiere a sus aportes, cosa que va de suyo, sino que señala que otras científicas, junto a ella, han sido igualmente reconocidas. Lo curioso es que considera que ese acto de justicia científica se debe al hecho de que son mujeres y no de que se confía en sus talentos y en sus antecedentes, que deben ser todos encomiables. Confieso no comprender del todo; es como si se me concediera el Premio Nóbel no por mi obra literaria y lo que importa sino por mi edad. Y, a propósito, a Marie Curie se lo dieron dos veces, no por ser una polaca que, por casualidad, investigaba, creo, ni por ser la esposa de un tal Pierre, que lo hacía igualmente. Equívocos, cada vez más difíciles de aclarar.

El lunes 22 de marzo Mempo Giardinelli publicó en Página 12 un artículo en forma de carta dirigida al Presidente de la Nación, el “querido Alberto”. El tema era la cuestión de la mal llamada “Hidrovía”, esa especie de apropiación del río Paraná, el “padre río”, por parte de varias grandes empresas exportadoras. Para Giardinelli enajenar el control del río implica perder lastimosamente ”soberanía”, lo mismo que pasa con las Malvinas, que son nuestras pero están secuestradas desde hace años y años. No hacemos más que perder soberanía, por los puertos fluviales se escapan millones de dólares, conceder eso es apuñalarse sostiene. La carta es brillante, los conceptos precisos, los adjetivos justísimos, no se podría ni debería echar en saco roto lo que advierte: el Presidente no debe permitir ese evidente saqueo, no es posible que no conozca el alcance de lo que permitiría que continúe una humillante concesión de entrega. Está todo dicho, con claridad meridiana, y esplendor intelectual. Pero, ¿será tenido en cuenta? Ése es el problema: ¿leerá la carta el Presidente? O, mejor dicho, ¿le harán leer la carta al Presidente quienes están encargados de que esté enterado de lo que se dice, se piensa y se opina, cuando, sobre todo, tiene esa forma, digna, respetuosa y adulta? ¿O sólo le llegan las opiniones de los forjadores de alienación que alimentan las páginas de Clarín, La Nación, Infobae y los repetidores televisivos? Firme en relación con las vacunas frente a los abogados ad-honorem o no tanto de los laboratorios privados, Pfizer y otros, la carta le pide que lo sea igualmente frente a los centros de poder que son las cerealeras. Es claro que tal recuperación de soberanía lleva a otros enfrentamientos, más o menos como enfrentarse con el llamado “campo”, radicaliza, define un perfil de país y para eso se necesita fuerza. ¿La tendrá el destinatario de la carta? Espero que sí y confío, el país que tal cosa dibuja es el de mis propios deseos y sueños, me provocaría un dolor inmenso comprobar que debo renunciar a esa ilusión.

 

Dos mil veinte, una de las obras realizadas por Luis Felipe Noé durante la cuarentena

Dos mil veinte, Luis Felipe Noé

 

Estos deshilachados apuntes que estoy escribiendo en “Silbidos” no pueden ocultar que es una especie de “diario”. Lo reconozco y me hace volver sobre la palabra “diario”, y la tradición a la que pertenece. Doble tradición: pública, en cuanto designa un tipo de texto que lo caracteriza: se lee, nos informa o nos engaña, ha ido cambiando de forma pero nadie se equivoca sobre lo que es y de qué manera incide en nuestras vidas, qué más se puede decir. Y privada, lo que se escribe para un único lector, el mismo que lo ha escrito y que, en principio, nadie, salvo él, leerá. Registra sus emociones, experiencias, sentimientos, pensamientos, opiniones aunque, en muchos casos, como los de los escritores, previendo que tendrá una circulación pública, que habrá muchos interesados en saber de él lo que él no ha dicho de sí mismo. Pero, y ahí está el punto, éste, que estoy publicando, sin tener la envoltura gráfica, industrial, no tiene ese aspecto íntimo, predomina el registro de las repercusiones o efectos que produce la vida política del país. Se sitúa, por lo tanto, “entre” dos órdenes, uno objetivo, lo que va sucediendo y se puede observar, y otro subjetivo, cómo lo puedo entender. ¿Con qué propósito? No, ciertamente, porque crea que “mi” manera de entender lo que ocurre en la sociedad dará la pauta de lo que en realidad significa eso que está ocurriendo; sí, ciertamente, porque pretendo que detenga por un momento la atención y lleve a repensar lo que se pensaba que no había por qué hacer. En suma, pretendo intranquilizar, pretendo que lo que me perturba a mí y me hace pensar no sea indiferente, que lleve a perturbar e intranquilizar a otros que no sé quiénes pueden ser, ese vasto y desconocido mundo de los llamados “lectores”.

 

Buenos Aires, 3 de abril de 2021.

*Crítico literario, ensayista, poeta y narrador.

1 Comment

  1. Mirian dice:

    Como siempre Noé Jitrik, tocando un tema que no debe pasar desapercibido. Es importante defender la soberanía del Paraná

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