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POSTEMILLAS – Los hinchas de la responsabilidad – Por Vicente Muleiro

Por Vicente Muleiro*

(para La Tecl@ Eñe)

                       

Postemilla. 1. Absceso que supura.2 Punta visible de un tumor.

 

Una oportunidad. El credo neoliberal tiene a la individualidad o al individualismo (más que al individuo) en el podio. Idealmente, el tautológico autoemprendedor no requiere vincularse, no necesita la dimensión del “entre nos”. Entonces todo desemboca en la responsabilidad, en su/tu responsabilidad. Por supuesto que también en el fracaso: si vos no te hiciste de recursos para tener una buena prepaga y el sistema de salud pública no te contiene, avanzarás culposo a la agonía: no te esmeraste en pos de conquistar la tarjeta plástica de Merdical, Atchís Merdical o Josde. Pero… oh sorpresa: la urgencia pandémica convoca a la responsabilidad individual en un plano muy preciso atravesado por el barbijo, la higiene personal, la cuidadosa relación con el aire libre y los espacios urbanos (eso ya molesta un poco porque entra a jugar la presencia del otro). Ahí los militantes de la autoconsciencia debieran ir a la carga, tienen como nunca la alternativa de poner en práctica esa ontología del Uno Responsable. Pero no lo hacen che, no reflotan por sus innúmeros medios de comunicación el tan cacareado concepto de la responsabilidad individual que la situación pide. Es que acaso no hayan tomado nota de que la mentada categoría tiene una ineludible bisagra con la alteridad. Y, en verdad, los ya viejos “neo” solo hablan de la famosa responsabilidad para perseguir la posesión y conquistar el consumo.

*

La incontenible necesidad de hinchar. La abstinencia futbolera complica a la intelectualidad, un sector que, como se sabe, pierde la respiración si se queda sin hinchar por la/las pelota/pelotas. El editor y escritor Marcos Mayer, apenas se enteró de que el primer campeonato que retornaba era la Bundesliga, posteó: “Habrá que ver fútbol alemán, nomás. Yo me hice del Eintrach Frankfurt, el club de Benjamin y Adorno”. 

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El anzuelo de la bondad. Debieran prohibirse las publicidades de  puré de tomate, cepillos de dientes, supermercados, aerosoles, tarjetas de crédito, cerveza, pañales descartables, choclo en grano, cremas hidratantes, gaseosas, lavandina, toallas higiénicas y medicina privada que cruzan el convite a comprar su producto con las buenas intenciones ante el pavoroso sufrimiento humano que genera el  coronavirus. Proponen gestos cristianos como “el 0,001 por ciento de tu compra será destinado a los hospitales de última generación que se construirán en Poncho del Diablo, en el límite entre Chaco y Formosa”. No jodan más, es muy infantil. Recuerdan a aquellos concursos televisivos de cantantes de tango donde se presentaban pibes de ocho años que antes de entonar decían, aproximadamente: “Le dedico este tango mi papá que seguro me debe estar mirando desde el cielo”. Y sí, claro, desde ya, por supuesto, cómo que no, o sea: conseguían calentar el aplausómetro.

 

Buenos Aires, 17 de mayo de 2020

*Escritor, dramaturgo, poeta y periodista.

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