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Postemillas – La mesa chica de las fake news – Por Vicente Muleiro

Por Vicente Muleiro*

(para La Tecl@ Eñe)

                                                                 

Postemilla. Absceso que supura. Punta visible de un tumor.    

 

El mástil. Supongamos que aparece súbitamente en el horizonte el caso del malogrado Fabián Gutiérrez. Alguien del equipo,  supongamos, recuerda que quien está desaparecido misteriosamente en El Calafate fue secretario de la vicepresidenta en tiempos lejanos. Da el alerta. ¿Qué viene después en la mesa chica de las fake news? ¿Hacen una reunión de zoom? ¿Se reúnen con los correspondientes recaudos –supongamos-en una torre de Catalinas Norte o de Puerto Madero, o en una casona descascarada de Nueva Pompeya? Un suponer, o sea, digamos, por ahí, vaya a saber, quién sabe, en una de esas, quién te dice: ¿la mesa chica está integrada por un halcón de la Embajada, uno o dos representantes del círculo rojo, un estratega de los medios corporativos, un experto en comunicación del partido amarillo, un asesor de inteligencia de la Corte Suprema? Acaso sean muchos. Las mesas chicas suelen ser más chicas. Lo que está claro –ya sin suposiciones- es que la cúpula de las fake news excede la dirección de un solo diario aunque sea el líder. Que debajo de tal mesa chica hay un grupo operativo que sale en metafórica disparada hacia diarios, televisoras, redes, poderes fácticos que mastican economía concentrada. Repasamos, entonces: hay una cúpula y un grupo operativo. Empollan, crían y difunden las fake news. Y no son una pata del poder concentrado: son el mástil. Y –diría Ricardo Piglia- entienden la realidad como una circulación de ficciones.

 

El lugar del loco. Lugar sagrado de la tribu. Intocable. Personaje  que dice por todos las barbaridades que el resto de la grey salvaje calla y luego repite. Lilita Carrió, celebrada en la etnia amarilla por su poder histriónico y adecuadamente guionada por los soplones del cacique, supo cumplir ese papel. Les cuesta reemplazarla. El traidorzuelo Pichetto, la capitaneja Bullrich o Iglesias, el indio triste, se hacen cargo de la letra disparatada pero la caricatura de seriedad genera más bronca que risas disparatadas. Chiflades hay, pero cuando la blonda cautiva decide un retirada táctica se la extraña.

 

Es el amor, estúpido. Si ves a una mujer encinta cuya panza en comba es acariciada por un nene enternecido ante el inminente nacimiento de su hermanito, es la publicidad de un banco. Si ves a un abuelo enseñando chocho a su nieto a andar en su primera bici por la vereda del barrio vintage, es la publicidad de un banco. Si ves a la joven pareja extasiada ante su nuevo departamento, es la publicidad de un banco. Si ves a una empleada feliz, aguardando clientes para darse por entera, es la publicidad de un banco. Nada en el mundo promete más calidez, más cándido amor, más comprensión que los bancos. Pero eso sí: las facilidades para operar abundan si se trata de pagar y no existen si se trata de un reclamo o de una gestión ardua recargada por la angustia pandémica. Qué amorosos.

 

Buenos Aires, 14 de julio de 2020

*Escritor, dramaturgo, poeta y periodista.

1 Comment

  1. Soledad San emeterio dice:

    Gracias!! Me encanta leerte!!! Adoro el humor y la ironía!!!

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