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POSTEMILLAS – El hombre que espiaba a su sombra – Por Vicente Muleiro

Por Vicente Muleiro*

(para La Tecl@ Eñe)                                                          

 

Postemilla.1 Absceso que supura. 2. Punta visible de un tumor

 

Una de espías. Los empeños de los narradores que trabajan en torno de esa máquina de entramados y suspenso que es la novela de espionaje, deberán esforzarse para no quedar súbitamente fuera de juego. No es fácil estrujar la imaginación cuando el rubro, en el plano de los hechos concretos y noticiables, se descontrola. No es fácil si nada menos que un presidente hace metástasis con la persecución y el fisgoneo y llega casi a la casi imposible hazaña de patrullar su sombra. Pariente del policial e hija del realismo crítico, el género tiene cumbres como John Le Carré y Graham Greene y posee muy buenos cultores por estos pagos. Pero hoy todo es tan burdo que para ficcionalizar alrededor la AFI acaso la comedia negra calce como un guante.

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Palabra de ex. “Si la pandemia me hubiera tocado en ejercicio de la presidencia en vez de fabricar millones de barbijos yo hubiera fabricado 45 millones de lupas. Seguro que alguno hubiera identificado el virus. No se la iba a llevar de Arribas”.

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Thriller político. A y B integran el mismo proyecto político. A consigue triunfar en la ciudad principal y eso lo empina al gobierno de su país. Cuando esto sucede B ocupa el lugar de A con el que siempre compartió los servicios de espionaje de C, D, E, F, G… y el resto del abecedario. Al entronizarse A en la presidencia, B le cede los mejores fisgones profesionales que habían acompañado a ambos en la ciudad. B sabe que para A espiar es un recurso político, una pasión malsana, y hasta recuerda las ocasiones en que se habían revolcado de risa juntos con los videoinformes sobre la vida sexual de un juez díscolo. B, como todo delfín que se precie, sabe que A lo va a espiar por lo tanto usa a los mismos pesquisas para estar al corriente de lo que hace su jefe. Las cosas se complican cuando todo se descubre y A llama a B y a sus laderos, y les dice: “Ni se les ocurra posar de víctimas”. Todos firman un comunicado que se explaya sobre la conducta impoluta de A.

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Un diálogo posible.

-Diputada…

-Ex diputada.

-Bien, ex diputada y en todo caso, doctora.

-Está bien, sigo siendo doctora.

-Doctora, no le conviene moverse en el terreno. Por varias razones la van a identificar inmediatamente.      

-Pero a mí me gusta la acción. Y estoy adelgazando ¿no se nota?

-Mire,  doctora. Confórmese con ser autora intelectual. No es poco.

 

Buenos Aires, 1 de julio de 2020

*Escritor, dramaturgo, poeta y periodista.

1 Comment

  1. Soledad San emeterio dice:

    Me encanta!!!

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