Las políticas identitarias y las críticas al psicoanálisis – Por Jorge Alemán

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Las políticas identitarias y las críticas al psicoanálisis – Por Jorge Alemán

Jorge Alemán afirma en esta nota que el valor del lugar de nacimiento como principio vertebrador del orden social, se despliega desde los países del Este, Europa y EE.UU., y constituye un neofascismo que juega su partida en el interior de las democracias.

Por Jorge Alemán*

(para La Tecl@ Eñe)

 

Hay una novedad política que se extiende por el mundo. El valor del lugar de nacimiento como principio vertebrador del orden social, se despliega desde los países del Este, Europa y EE.UU. Nunca como ahora la pertenencia natal a un lugar había cumplido esta función en regímenes autodenominados democráticos. Solo el totalitarismo en el siglo XX había logrado esto en las situaciones excepcionales de sus dictaduras. Unificar la supuesta totalidad  de la sociedad frente a un exterior extranjero  «amenazante». Esto se encuentra en la raíz de muchas de las formaciones políticas actuales que incluso gobiernan. La diferencia clave es que el fenómeno atraviesa transversalmente a partidos políticos que se inscriben en el juego parlamentario. Es un neofascismo que juega su partida en el interior de la democracia. De esta manera se puede entender la expresión de Piketty: el socialnativismo. Término que señala, al menos descriptivamente, la ola expansiva que al parecer seduce a los sectores más dañados por la mundialización del Capitalismo. El socialnativismo  combina dos vectores que Piketty no hace ingresar en su análisis del asunto: la identificación narcisista al lugar de nacimiento y el «permiso» que eso otorga para considerar al otro, inmigrante, mujer o refugiado, como portador de un goce obsceno y subdesarrollado.

La novedad es que se hace sin dictadura y bajo apariencias democráticas. Por ello nos encontramos en el tiempo histórico donde la constitución narcisista del yo y su fantasma de conquistar una identidad superior, infiltra con una fuerza renovada el lugar de la ideología. El inmigrante es «gasto», invasión y saqueo.

Por ello, hoy más que nunca son tan importantes aquellas prácticas que demuestran que la identidad no es la base material donde se constituyen los seres hablantes, sexuados y mortales. El psicoanálisis de Freud y Lacan ha mostrado desde diversos procedimientos teóricos y clínicos que la identidad, la pertenencia a un suelo natal, en definitiva la raíz del sujeto, no sólo no pertenece al lugar fáctico del nacimiento sino a la relación simbólica y por lo tanto política con el lugar de pertenencia. Se puede amar a la patria donde se nació y no hacer de esto una coartada xenófoba y racista. Este es el verdadero desafío, una ética de amor a la tierra natal sin usar esa identidad como una insignia, un blasón, una coraza de odio hacia los denominados «subalternos». Es evidente que ese tratamiento de lo extranjero se presenta en muchos países como un rechazo primordial a los habitantes más originarios de la propia tierra. En esos casos, los extranjeros son los más oriundos. Habría que inaugurar un verdadero debate sobre el porvenir de los proyectos antioligárquicos y transformadores en la época donde muchos sujetos hacen prevalecer su identidad de origen por encima incluso de  sus propios intereses económicos. A la par que el Capitalismo se realiza en un desarraigo absoluto.

Por tanto, es un imperativo ético examinar porqué tienen tanto éxito, incluso en sectores que en Europa se reclamaban de la izquierda, la tentación criminal a la larga de establecer un proyecto normativo desde una lógica puramente identitaria.

En este aspecto, las herramienta que ofrece la enseñanza de Lacan es crucial a la hora de zafar del recurso identitario capturado siempre por un odio cuasi insondable.

Se pueden hacer muchas críticas a las instituciones analíticas, he sido de los primeros en hacerlo, mostrar sus jerarquías inertes, sus acentos heteronormativos y patriarcales, incluso su típica conformación «pequeñoburguesa». Pero esto no se puede trasladar automáticamente al movimiento interno e incesante de los textos freudianos y las escrituras lacanianas. Y si se quiere realizar esa gran aventura, esto requiere de un cuidadoso y extenso trabajo teórico. De lo contrario, volvería a ocurrir lo que en su día sucedió con Marx; se aprovechó el derrumbe y la tragedia de los socialismos históricos para autorizarse en desconocer la gigantesca obra de Marx y endilgarle al marxismo todos los males de la historia. Si se desea aún construir soberanías que hagan de barrera a la financiarización del mundo, se necesitan identidades no excluyentes que puedan conjugar el amor por el propio lugar con su apertura al otro. En otros términos, que no se confunda el  dónde está la verdadera rapiña de su lugar, los verdaderos piratas. El socialnativismo de las nuevas derechas puede ser la última forma donde los mandatos neoliberales clausuren el espacio social con la petrificación mortífera de las identidades transformadas en actores de odio que proponen una polarización que encubra a los verdaderos antagonismos y taponen las prácticas de la cada vez más difícil emancipación.

 

Madrid, 21 de diciembre de 2019

*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación».

2 Comments

  1. Claudio Pena dice:

    Excelente!

  2. Mònica Boreika dice:

    Se necesita ese verdadero debate, el neofascismo hace su jugada, instalando el odio a lo distinto, fabrica un enemigo como parte se su reflejo. Esclarecedor Jorge, vamos por la ètica del amor!. Gracias

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