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La guerra – Por Jorge Alemán

Distintos dirigentes del mundo democrático metaforizan la pandemia mundial en términos bélicos. Hay líderes políticos que no conciben otra vida que lo que hasta ahora ofreció el Capitalismo, y otros que no desean sacrificar a sus pueblos a las exigencias del Capital. Para estos últimos, y ya que se ha apelado a la metáfora bélica, la que reclama siempre un estado de movilización general, se impone la necesidad del surgimiento de Estados capaces de generar disciplinas no represivas y creadores de una nueva conexión sensible con los movimientos populares.

Por Jorge Alemán*

(para La Tecl@ Eñe)

 

Distintos dirigentes del mundo democrático metaforizan la pandemia mundial en términos bélicos. La guerra aparece como el elemento unificador frente al enemigo. Estos dirigentes no parecen haberse puesto de acuerdo para hablar en términos de «Guerra». La cuestión brota de la misma lógica de la situación. La guerra demanda siempre totalidad y unidad, un exterior constitutivo que es el enemigo y un «soberano» que decide sobre el estado de excepción. El primer problema que se presenta a esta ficción bélica es que se «lucha» contra los propios habitantes, potenciales portadores del virus enemigo. El segundo problema es que la cuarentena que el combate con el enemigo viral exige, es absolutamente desigual como no podría ser de otro modo, hay quienes tienen refugios muy precarios, otros que no protegen nada, y por último una intemperie habitada por miles de hombres y mujeres que carecen de inscripción simbólica como «ciudadanos» y sencillamente son vidas que transcurren en la supervivencia de las calles. En otro orden de cosas, hay países que forman parte del sistema de dominación mundial y que no desean mantener ningún compromiso de solidaridad con los países más castigados por la pandemia. Basta ver la brecha que ya comienza a manifestarse en toda su tensión entre la Europa latina y Alemania y Ámsterdam, y otro tanto en las distintas interpretaciones antagónicas de la pandemia entre los países de América Latina.

A partir de estos datos mínimos se puede dar un nuevo sentido más inquietante y oculto al concepto de guerra que está en juego

La guerra puede ser el nombre del derrumbe civilizatorio que virtualmente, por ahora, como un espectro recorre el mundo. Saqueos, enfrentamientos civiles, ocupaciones militares, destrucción del aparato productivo, pánico social y deterioro de la autoridad simbólica del Estado. Y como en todo derrumbe civilizatorio una interpretación de la condición humana, de cómo está hecha la existencia hablante, sexuada y mortal está en juego.

Hay líderes políticos que no conciben otra vida que lo que hasta ahora ofreció el Capitalismo, y hay otros que no desean sacrificar a sus pueblos a las exigencias del Capital.

Para estos últimos, y ya que se ha apelado a la metáfora bélica, la que reclama siempre un estado de movilización general, no basta con la inevitable cuarentena. Se impone una nueva relación entre los movimientos sociales, las organizaciones militantes y las fuerzas armadas y de seguridad coordinadas desde el Estado en un nuevo proyecto de soberanía popular. No existirá control de la pandemia en los lugares donde no se puede cumplir con la cuarentena sin unas fuerzas armadas integradas al gobierno popular. A su vez, es casi seguro que habrá un nuevo reordenamiento mundial entre los países que eligen a la comunidad frente a los imperativos del Mercado. Pero esto sólo será posible si los Estados recuperan su autoridad simbólica, que evidentemente no es lo mismo que la captura neofascista que los movimientos de ultraderecha se proponen obtener en el caos maldito de la pandemia mundial.

Un Estado democrático, soberano, con el suficiente poder decisorio que muestre definitivamente que las fuerzas del orden no pertenecen a las derechas oligárquicas, tal como ha sido históricamente en muchos lugares del mundo. Si en medio del caos que puede acontecer no surgen Estados populares capaces de generar disciplinas no represivas y creadores de una nueva conexión sensible con los movimientos populares, la situación se pondrá muy difícil.

 

Madrid, 29 de marzo de 2020

*Psicoanalista, escritor y poeta. Su último libro publicado es «Capitalismo. Crimen perfecto o Emancipación». 

4 Comments

  1. nora merlin dice:

    Nombrar guerra al coronavirus permite, pese a todo, alguna tranquilidad. El enemigo en la guerra delimita un afuera, es siempre exterior aunque se trate de guerra civil, permite unidad y hay vencedores y vencidos. Por el contrario, el desconocido virus se desparrama, no se controla, es ilimitado y para todos.
    Como afirma Jorge Aleman a partir del coronavirus quedó blanqueado que hay países que no desean sacrificar a sus pueblos a las exigencias del Capital, desde esa posición es factible concebir un «Horizonte no neoliberal» fundamentado en naciones soberanas fundamentadas en el trabajo cooperativo entre pueblo y Estado

  2. Sara Peña Guzmán dice:

    Interesantísimo!! Como siempre la visión de Jirge Alemán que nos enseña a pensar a analizar Gracias!!!!

  3. Marcelo dice:

    Cuando la contingencia termine, espero que podamos compara al CoVid-19 con el CoVid-18 y no con la segunda guerra mundial. Todos estamos deseosos de protagonizar un cambio pero yo no veo ninguna alteración en las relaciones de poder, solo manifestaciones de la situación ya imperante.
    Por comparar el corona virus con la gripe me han llamado «conspirador» «radical» y «pro-nazi», mis familiares y amigos parecen estar inmersos en una tertulia de TV interminable en la que hay dos bandos, mientras no nos enteramos ni de la décima parte de lo que pasa alla afuera.
    Es posible que si sea una guerra, es posible que todo cambie, y si lo hace lo hará para peor, la guerra nunca cambia para mejor las condiciones por las que se va a la guerra.

  4. ivo barakovic dice:

    Es difícil entender como los analistas no hacen una mínima mención en relación al medioambientalismo, ya que lo que CV 19 puso en evidencia tras la cuarentena es la posibilidad como advertencia de que la tierra puede revertir su curso hacia una renovación vital de todas sus fuerzas.

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