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El PRO de Mauricio Macri y Rodríguez Larreta necesitó para ganar una elección nacional, de una estructura política que le fue brindada por el peronismo cordobés de Schiaretti y el radicalismo de Ernesto Sanz, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo y Julio Cobos. Qué quedará de aquélla estructura es una pregunta que empezará a develarse en las elecciones de medio término el año próximo.

Por Julio Rudman*

(para La Tecl@ Eñe)

 

El PRO fue siempre un Partido municipal. Está bien, provincial, concedo. Como el MPN neuquino o su similar jujeño o el liberalismo conservador del noreste argentino. Para no ir tan lejos, el Partido Demócrata mendocino, nuestros «gansos».

Jaime Durán Barba, el asesor ecuatoriano estrella en su momento, desaconsejó a Mauricio Macri a que intente el salto hacia la política nacional en 2011 y que reincidiera en su hábitat natural, CABA. Allí gobernaba tranquilo bajo la gestión fáctica de Horacio Rodríguez Larreta, hoy su sucesor. Al menos allí, en Macetolandia. Por ahora.

Para asaltar el Poder necesitaba una estructura que le garantizara presencia en todo el país. Córdoba estaba garantizada. Schiaretti, el fiel empleado de las empresas del Grupo, jamás lo iba a traicionar. Sería su pata peronista. Y lo sigue siendo. Faltaba algo más. Algo que tuviese presencia territorial sólida a lo largo y ancho de la Argentina.

Pos claro, dirían los mexicanos, el radicalismo. Y empezó el trabajito. Los ingenieros al servicio tienen nombre y apellido. Ernesto Sanz, Gerardo Morales, Alfredo Cornejo, Julio Cobos y siguen las firmas. 

Voy a dar un ejemplo que se puede entender como eso, un ejemplo.

La clase media mendocina nació, creció y se deformó bajo el paraguas político del viejo Partido Demócrata. Fue amo y señor de buena parte de la realidad provincial en buena parte del siglo XX, independientemente de quién ejerciera el Ejecutivo. Su influencia era sociológica, más que política. Inclusive amplios sectores campesinos vinculados con la industria madre, el vino, eran gansos. Por herencia, por sometimiento patronal y, por qué no, también por espejismo aspiracional.

Hoy el Partido languidece. Esa derecha ha sido abducida por la UCR adherida al macrismo.

En el orden nacional el legendario Partido de Alem, Balbín, Yrigoyen, Alfonsín, Illia fue alquilado, de manera explícita, en marzo de 2015, en Gualeguaychú, en aquella convención que partió en dos su rica historia.

El costo de tamaño estropicio está por verse. La realidad, por definición, es dinámica, pero los beneficios parecen haber sido pobres. El establishment necesitaba un felpudo útil, no molesto, para ingresar al manejo explícito de los resortes estatales, y lo consiguió.

La Unión Cívica Radical ocupó algunos lugares en la administración central, ministerios no esenciales, pero, en general, fueron ninguneados a la hora de tomar medidas que produjeron la formidable involución que sufrió el país en su conjunto entre 2015 y 2019.

Es más, a medida que van saliendo a la luz los «trabajos» de espionaje ilegal de los amigos de Macri, no surgen nombres de líderes radicales entre las víctimas. Ni eso.

No es fácil imaginar cómo será el futuro de quienes acompañaron a pie juntillas la entrega y, para colmo, fueron partícipes del intento, felizmente truncado, de que Macri sea reelecto.

Resulta insólito que un movimiento nacional y popular que amaneció en las primeras luces del siglo pasado como la expresión de una clase media pujante y como corolario de la incorporación de lo hecho por la generación del ’80, no se haya acoplado al nuevo movimiento nacional y popular que le dio, y le da, praxis y pertenencia a la clase obrera, surgida de aquella industrialización en la mitad del siglo pasado. Esa clase que derribó puentes y le da aún hoy identidad a la Argentina.

Preguntarse entonces cuándo se jodió el país y cuántas veces habrá que apostar a reencausar el rumbo.

Qué quedará de aquélla estructura y su contrato de alquiler firmado en Entre Ríos es una pregunta que empezará a develarse en las elecciones de medio término el año próximo.

Quizás.

 

Mendoza, 14 de septiembre de 2020

*Periodista

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